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miércoles, septiembre 19

Red Wine § Capítulo 6 §

Título: Red Wine (Vino Rojo)
Capítulo: VI // Exploding star
Autor: Sabrina Knight
Fandom: Original (Vampiros & Hombres Lobos)
Reseña: Más allá de nuestra voluntad, está el deseo.

§Capítulo VI - Exploding star§

Apagó la alarma de su reloj de un manotazo y terminó de destruir el aparato. Juliette ni si quiera se dio cuenta cuando se dió la media vuelta y se ocultó entre sus cobijas.

Como la alarma había interrumpido su sueño anterior, Juliette comenzó a soñar otra cosa diferente. Veía a la peliroja, esa mujer exhuberante y hasta vulgar que siempre aparecía en sus pensamientos. Automáticamente sintió cómo se le retorcían las tripas. Odiaba a esa mujer.

La peliroja se acercaba a ella, Juliette se ponía a la defensiva evitando que se acercara, pero al final no iba a ella... la peliroja iba tras de Sean, lo tomaba de la nuca y lo besaba de forma grotesca. Juliette gritaba para que lo dejara en paz, pero Sean siempre la empujaba.

- Es mi vida ¿qué no entiendes?
- Pero ella te va a hacer daño. ¿No lo ves?
- ¿Entonces qué quieres? - le gritaba y se acercaba violentamente a ella - ¿quieres que te quiera a ti como la quiero a ella? - Juliette enmudeció - ¿Quieres que te bese, que te haga mía? - Sean la jalaba de la cintura hacia él y con la otra mano la besaba a la fuerza - ¿Eso quieres?
- No, yo quiero...

Pero Sean la interrumpía y la volvía a jalar a él, le rasgaba la ropa y la hería en el hombro, en el cuello y finalmente la pegó a su cuerpo besandola del cuello, mordiendola empezando a llenarla también de pasión, de deseo. Juliette en ese momento dejó de ser victima de Sean, ella también se volvía loca y lo arañaba de forma desesperada. Tanto tiempo esperando estar con él, que la hiciera sentir todas esas emociones, todo el instinto a flor de piel. Sean la acostó y la desvistió por completo, tocandola sin premura ni delicadeza, estaban siendo victimas de sus instintos, de sus deseos carnales más profundos... y eso le encantaba a ella.


De pronto abrió los ojos, tenía la respiración entrecortada, el corazón le palpitaba a mil por hora y aun podía sentir las manos de Sean y sus labios en su piel.

¡Demonios! De nuevo esos sueños... Miró el resto de su habitación, todo estaba destruido y roto, el día anterior había estado tan molesta con Sean que había roto y lanzado hasta destruir todo lo que encontró a su paso. Eso no importaba a fin de cuentas, lo que más deseaba ella y al final... nada.

Puso sus manos en su rostro tratando de despertar. Le estaba pasando lo mismo casi todas las noches y ella lo que estaba sintiendo era deseo por alguien de su misma familia... Se estaba volviendo loca definitivamente. Pateó una caja musical que estaba cerca de ella y esta fue a pegar a la pared.

Inmediatamente escuchó que tocaron la puerta dos veces, era con un bastón, por ende, su tío Dante.

- ¿Te encuentras bien?

¿Y todavía le preguntaban si estaba bien?. Fastidiada, aventó lo que quedaba de despertador a la puerta.

- ¡Ya voy! - gritó.
- Juliette, te pregunté otra cosa.
- ¡Dejame en paz! - volvió a gritar, pateó lo que se encontraba en su camino y se encerró en el baño azotando la puerta.
- ¡Juliette! -reclamó escuchando su voz más fuerte - ¡Estoy preocupado por ti!
- ¡Vete! - gritó desde el baño tratando de alejar a quien fuera de ella.

Se miró en el espejo suspirando bastante molesta y triste. Su tío no tenía la culpa de nada, nadie la tenía. El hecho de que sus propios sueños la frustraran no era culpa de nadie más que de ella misma.

Cuando dejó de escuchar a su tío decidió darse una ducha y así tranquilizarse. Abrió la llave de agua caliente y la dejó correr mientras se calentaba. Comenzó a desvertirse frente al espejo e inevitablemente vino a su mente su sueño. Cerró los ojos mientras pasaba su mano por su hombro desnudo y trató de sentir el toque de Sean en ella... pero nada, era su propio tacto.

Suspiró molesta y se continuó desvistiendo sin querer mirarse más.

Ya comenzaba a sentir el vapor en el baño, se hizo atrás el cabello y de nuevo su mirada se cruzó con el espejo reflejando su cuerpo desnudo.

Juliette era diferente a la mentada Bridget. Ella era más voluptuosa y probablemente más desarrollada que la peliroja. Sentía la mirada de los hombres en ella, sabía que provocaba deseos carnales. Los hombres no se cansaban de jurarle amor aunque ella sabía que lo único que deseaban de ella era su cuerpo, su inocencia... y ella estaba impaciente de darlo pero... estaba demasiado enamorada como para ver con el mismo deseo a otro hombre.

El espejo se llenó de vapor y ella despertó de sus pensamientos, jaló la cortina y entró a la regadera.

Dejó que el agua la tranquilizara la mente y el cuerpo. A veces sentía que era como un animal salvaje que sólo podía tranquilizarse con el agua, bueno, tenía muchas formas de tranquilizarse, pero el baño era una de sus favoritas.

Se rió de ella misma. Siempre dirigiéndose a ella como si fuera una loba salvaje, peor, una loba salvaje con las hormonas disparadas. Era típico de la edad, se decía para justificarse la mayor parte del tiempo; sin embargo había muchas cosas en ella que no sabía cómo aclarar, mucho menos explicar. Sus amigas le decían que todas las adolescentes sufren de cambios que las demás personas no entienden, o sino sólo decían: "Es que estás en tus días".

Salió del baño tranquila, ya sin la frustración que el sueño le había provocado. Miró a su alrededor y vio el desastre, lástima, tendría que comprarse otra computadora.

De nuevo escuchó que tocaron a la puerta, sabía que era su tío.

- Ya voy... - se enredó bien la toalla y con cuidado en pisar donde no había tiradero le abrió la puerta. Pero no era su tío.

Por un segundo los dos, Sean y Juliette se quedaron congelados sin pronunciar ninguna palabra. Ambos se sonrojaron y de pronto Juliette reaccionó:

- ¿Qué quieres? - gritó furiosa.
- Dante quiere saber si vas a bajar a desayunar... - dijo forzando la mirada al rostro de Juliette. Ella pudo sentir los nervios que le provocaba al muchacho, así que con toda la tranquilidad del mundo se recargó en la puerta dejando que la toalla se abriera ligeramente más en su muslo.
- Sí, voy a bajar. ¿Tienen prisa en que salga en toalla?
- ¡No, no! - gritó de tajo mientras ella se quitó la toalla de la cabeza y echó su cabello húmedo atrás - ¡Vístete! Nosotros dos te esperamos.
- Sí, porque la moda no es ir por la calle con toalla.
- A menos que quieras... - Juliette se sonrojó al escucharlo - digo, apúrate para que te lleve a tu escuela.
- ¿En serio? - preguntó contenta. Tiró la toalla del cabello al piso y se pasó los dedos por el cabello como peinándose pasando sus dedos a lo largo de su cuello, siguiendo el camino de una gota de agua que llegaba justamente al nudo que sostenía su toalla - ¿Me llevarás de nuevo en la moto? - Sean asintió sin decir nada, pero ya con los labios secos. - perfecto... - sonrió - ¡entonces no me interrumpas y vete! - lo empujó y le cerró la puerta en las narices.

No podía creerlo, Sean estaba mirándola como la miraban otros hombres... Aunque ¿Y si no era así y lo estaba imaginando?

No, por supuesto que no, ella jamás se equivocaba en esas intensiones de los hombres. Por su mente pasó el hecho de que Sean era su primo... pero primo segundo, primo tercero, daba igual. El gran meollo era que si Sean la miraba de esa forma significaba una cosa... tiró su toalla y miró de nuevo su cuerpo desnudo frente a lo que quedaba de espejo, sonrió con complicidad...

Ella tendría oportunidad de conquistarlo... y lo haría.

domingo, septiembre 16

Red Wine [ Capítulo 5 ]

Título: Red Wine (Vino Rojo)
Capítulo: V
Autor: Vejibra Momiji
Fandom: Original (Vampiros & Hombres Lobos)
Reseña: Algunas veces, la más pura de las rosas, poseen demasiadas espinas.


Capítulo V ~ Desert Rose



This desert rose
Each of her veils, a secret promise
This desert flower
No sweet perfume ever tortured me more than this
( Desert Rose - Sting )


Giraba sus manos, formando siluetas de aves, mientras el viento movía inquietamente su cabello castaño, y el sol brillaba con intensidad sobre su cabeza, calentando así, cada rincón de su pálida piel. No obstante, la imagen frente a sus ojos, pronto desapareció, perdiendo todo encanto para ser consumido por la oscuridad que la rodeaba.

En ese momento abrió los ojos con lentitud para escuchar en la distancia los sonidos incipientes de la nada. Suspirando, entrecerro la mirada tratando de conciliar el sueño, pero le fue imposible. Aunque, durante siglos se le habían negado muchos placeres en aquella vida y en la que tuvo alguna vez en el pasado, había uno en particular que nadie le podía arrebatar. 

Ella aún podía soñar, incluso cuando muchos de su misma especie y todos aquellos que habitan entre las cuatro paredes del penthouse, le reiteraron repetidas veces que ellos no estaban hechos para soñar en su triste y efímera existencia, porque toda oscuridad no puede, de ninguna manera, alcanzar los deseos que poseen criaturas tan simples como los humanos.

Sin embargo, en contra de toda predicción y casualidad del destino, Aubrey aún puede soñar, y ella sueña con el día y el amanecer en un lejano desierto, un lugar donde casi ha olvidado todos los detalles del día como que clase de color tienen los primeros rayos del sol reflejados en su pálida piel, cuál es la sensación que siente en su sangre a través de su piel cuando el sol caliente su cuerpo, entregándole una sensación plena a vida.

Es en sus sueños que suele imaginar que puede ser libre, aunque la realidad se confunda con la locura, y pronto las tinieblas destruyan la imagen cognoscitiva que su mente ha formulado, porque en esos sueños ella conocía una vez más todo lo perdido, y que al despertar, como todas las noches, la muerte, recibe su cuerpo con una grata, y muy extraña sensación a soledad haciendo que entienda entonces que ya no le queda nada. 

Dando un largo suspiro, da vueltas en la cama antes de mover su cuerpo de ella y levantarse, estirando los brazos hacia arriba en un intento falso por relajar su cuerpo, mientras la inclemente sed pronto clama su interior, y el corazón que no palpita en su pecho llora a gritos por el alimento más preciado de un vampiro; la sangre de una tierna virgen, un niño, una mujer e inclusive un hombre. Pronto el color carmesí tiñe sus ojos siempre castaños demostrando su inquietante necesidad de vida. 

Caminando con paso lento como si fuera un zombie, se sienta en la peinadora que decora en un rincón de la fría habitación. Un escalofríos, extraordinario, recorre su cuerpo y la obliga a abrazarse, tratando de contener la risa ante aquella actitud casi humana. En el espejo que refleja su imagen pálida, puede ver que usa un largo camisón de dormir, color crema que le llega hasta las rodillas y no posee manga alguna. 

Sus expresiones están quietas, e incluso genera una extraña pero agradable sensación pacífica, tal vez, esa era la razón por la cuál nadie podía resistirse a ella y a sus temidos encantos cuando atacaba y se alimentaba de sus ingenuas víctimas, cada noche en la que deseaba alimentarse. Tranquilamente recorre con la vista toda la habitación color gris mientras una extraña pregunta crece como un frondoso árbol en sus pensamientos; "¿Por qué siempre deseo dormir?".

En sus largos letargos, más de los usuales en un vampiro, ella vive en el sol, tal y como lo recordaba siglos atrás, en el desierto... cálido, burdo, vivo. Una imagen que va desapareciendo con el tiempo, con los siglos, pronto ya no quedaría nada de sus recuerdos, más que la dura realidad de que nunca podría volver a reencontrarse a si misma con el sol. 



Tomando con tranquilidad un cepillo para cabello de la cómoda, peina su cabello oscuro mientras analiza rodo lo que la atormenta sobre  aquel muchacho de la noche anterior, que con su miedo había atraído a la bestia que dormía bajo su rostro angelical y su figura delicada. Sonriendo se levanta y camina descalza hacia la puerta Sus pies pálidos y lentos, como si no tuviera nada más a lo cuál entregarse. 



Está aburrida, y se siente deseosa de jugar.



Talvez no con otra vida humana, como siempre lo hacía, sino con él, el muchacho de la noche anterior, en sus memorias se impregnaba el aroma a deseo que se profería del cuerpo masculino, entremezclado del miedo, y otro aroma más singular, el de la luna.



Con desgano se sienta frente al espejo y peina su cabello mientras su mente divaga entre las imágenes del joven y de los días lejanos en las que solía contemplar las estepas del desierto, lejos de toda su... oscuridad, evitando que note como  las puertas de su habitación se abren con lentitud y aquel que durante siglos se había hecho llamar "su esposo" coloca un cuerpo inconsciente en el piso.



—Bebé, amor mío —susurra acomodando su camisa, mientras la joven se desangra en el piso. Con paso lento se levanta de su asiento y lo mira, curiosa de tan inesperado regalo.



—¿Qué deseas en esta ocasión? —pregunta con cautela mientras se acerca al cuerpo, la sangre que se derrama en su piso mancha sus delicados pies, se siente cálida aún, porque aún puede escuchar el sonido casi ausente de los latidos del corazón —esta muriendo.



—Por eso dije "bebé" —su amante camina hacia ella y le acaricia el rostro, levantando su cabello a su hombro mientras le señala con una mano el fruto aún fresco— no podemos beber sangre muerta... y aún está viva.



Lo mira largo rato y se arrodilla en el piso. Tomando la muñeca de la muchacha semi muerta, bebe de ella con lentitud, como si se tratará de un manjar ansiado y deseado. Bebe hasta saciarse mientras la vida de la joven se consume y pasa a ser parte de su cuerpo frío e inmortal. Siente la vida, por unos segundos, el sol que cae sobre su espalda, y entonces respira. 



Sus ojos cambian pronto de color, a un leve tono castaño, mientras se mira en el espejo, la sangre ahora mancha su boca, sus manos, y la ropa que usa, mientras a su lado, su esposo acaricia su cabello. Entonces una idea le cruza la mente con crueldad.Quiere ver al joven, quiere... beber de su sangre y se siente intrigada por ese mismo hecho. 



Se levanta del suelo se acerca al espejo, sin inmutarse en limpiar la sangre de ella. Se mira y vuelve a peinar su cabello, mientras Dominic se recuesta en la cama y mira sus uñas, su presencia la perturba e incluso la molesta, más allá de las viejas y casi olvidadas noches de placer que alguna vez compartieron, ahora se siente aturdida de él.



—¿Por qué? —pregunta mientras sin mirarlo directamente, tan solo observando por medio del reflejo en el espejo— ¿Por qué me eligieron? —Dominique la mira, intrigado y se levanta de su sitio, colocando una mano en su hombro y mirando su imagen a través del espejo.



—Eres especial.



—¿Eso que significa?



—Te gusta matar.



Ambos se miran porque entienden y entonces sujeta su mano con delicadeza, acercándolo hacia sus labios. Él gime de placer al sentir como ella perfora sus venas secas con los largos colmillos y bebe de su sangre, el placer es mutuo no obstante existe odio en el. Sin que lo espere Aubrey lo muerde con más fuerza y bebe de él hasta que el placer se convierte en dolor. Molesto retira su mano, y la abofetea alejándose a recoger el cuerpo inerte en el suelo.



—¡Algunas veces, eres una maldita! —le gritó, y ella ríe porque sabe que es así.



—Es tu culpa después de todo.



La abandona como todos siempre la han dejado sola, y se acerca a la ventana en un arranque de desesperación, las cortinas caen al suelo cuando las jala con fuerza, y una luz intensa la ilumina con intensidad, tan fuerte, tan gloriosa que la transporta nuevamente al pasado, aquel donde era feliz. 



Cierra los ojos y extiende los brazos, pero la luz no la desvanece, tan solo se encuentra aturdida por el continuo repiquete ruidoso. Abre los ojos y observa al helicóptero policial alejarse en medio de los grandes edificios de la ciudad. Estrechando su mano, frunce el ceño, y coloca una mano en el vidrio, la ciudad brilla... pero no como que desearía que lo hiciera.



Alejándose del lugar, se acerca hacia su armario, y toma, entre sus manos una sola chaqueta negra. Regresa a la ventana y la abre, el viento sopla con fuerza, moviendo su cabello alrededor de su rostro, sin esperarlo, salta al vacío. Desea cazar, y en el fondo de su mente, tiene la esperanza de que vuelva a encontrar a aquel muchacho.



Está segura de que lo va a encontrar. 








Continúa...

jueves, agosto 30

La reina, el caballo y el alfil §Capítulo 4§

Titulo: La reina, el caballo y el alfíl.
Capítulo: 4. La mano derecha.
Autor: Sabrina Knight
Fandom: Original
Reseña: El origen del mal, el origen del caos se haya en los mismos que jamás han querido abandonarlo.

Capítulo IV §La mano derecha§

Su posición siempre había sido atrás del líder justo en su hombro derecho. Callado, observando y siempre atento a las miradas, las palabras, las acciones de los demás a su alrededor.

Acompañaba los aplausos, y llevaba a los mandatarios al final de la sala donde recomendaba qué decir, qué hacer, los halagaba o bien los regañaba. Él tenía el poder de hablar así con ellos: los hombres más poderosos del mundo.

La conferencia terminó como siempre con ese mar de aplausos, la prensa no podía esperar, querían preguntar más.

- El presidente no responderá nada hasta la conferencia de prensa programada. - respondió el hombre haciendo a un lado a todos con su tono imponente de voz.

El presidente se dedicó a extender el brazo para saludar a los que tomaban fotos y de inmediato entró a su pequeña e improvisada oficina.

- ¡Hay tanta gente! - exclamó contento - No pensé que tantos seguidores vinieran a este pueblo perdido.
- Señor, por favor no menosprecie este lugar.
- Por supuesto que no lo menosprecio Coverfield, pero estoy impresionado. ¿Sabes qué me pone a pensar? Que hoy más que nunca el pueblo desea mi reelección.
- No hay otra cosa que quiera más el pueblo - sonrió de forma confortante para el presidente. - De hecho las encuestas del día de hoy lo colocan 10 puntos por encima de su contrincante más cercano.
- ¿10 puntos? ¡Es increíble! - dio un golpe en la mesa - Hace 4 años estábamos a sólo 3 puntos. Con una separación de ese margen ya no puede haber error.
- A eso nos hemos estado dedicando todos estos años de gobierno, señor presidente.

El presidente hizo un ademán de felicidad y se sentó en un sillón que se veía bastante cómodo. Se estiró y sin motivo aparente se empezó a reir.

- ¿Pasa algo señor?
- No, nada Daniel. Es que no quepo de tanta alegría.
- Y eso es justo lo que necesita irradiar en las preguntas. ¿Ya sabe qué contestar?
- Por supuesto, me has entrenado muy bien. Tengo la seguridad suficiente para que el pueblo me vea y sepa que tiene que reelegirme.
- Me parece perfecto señor presidente. - le puso una mano en el hombro - Ahora, hablando de otros temas, le dejé unos documentos que necesito lea y firme.
- Claro, dejame leerlo.

El hombre le dio las hojas y el presidente se puso a leer sin mucha atención. Daniel se quedó de pie recargando en la pared, mirando los actos y cómo los ojos del presidente seguían las lineas del texto que le había dado.

Suspiró.

Ese era él: Daniel Coverfield. En ese momento asesor de campaña del hombre más importante del mundo, en otro momento jefe o asesor de guerra en Afganistan, Irak, Corea del Norte, Sudán, Israel, Vietnam, Francia, España, Inglaterra, Argentina, Rusia, Alemania. No importaba para nada el bando en el que estuviera, siempre estaría en el más conveniente para él mismo. ¿Qué ganaba? Generar muerte y destrucción no era su objetivo principal, pero una vida eterna lo habían llevado a ese camino.

Daniel tenía una memoria precisa que lo hacía recordar su niñez en Roma, su primer nombre (que con los años lo ha ido modificando), sus peleas en el campo de batalla luchando en el nombre de Dios, hasta la cruel forma en que ayudó al último Führer a crear los campos de concentración.

Ese hombre había visto pasar por sus ojos la creación de nuevas y más crueles armas de destrucción, era testigo de la crueldad del ser humano y de la infamia de la traición entre los mismos aliados. Él era responsable de grandes tragedias que jamás perturbaron sus descansos. No conocía la palabra remordimiento, culpabilidad y mucho menos el perdón. Para Daniel la gente era útil o inútil, necesaria o innecesaria. En el dilema del sobre el ser humano él no identificaba colores, todo era blanco o negro.

Los viajes al rededor del mundo le habían dado diferentes lecciones, algunas más sorprendentes de las que él mismo esperaba, otras sólo le remarcaban la estupidez de las personas. Al principio se avergonzó de lo que la gente era capaz de hacer por ganar. Le daba pena pensar que una parte de él era como ellos, aunque a la hora de cazar a sus victimas eso pasaba desapercibido: la inteligencia o la estupidez no cambiaba el sabor de la sangre.

El aroma, el sabor de la sangre era siempre exquisito. Un placer que la vida le había dado para disfrutar. Por extraño que pareciera él era un ser diferente a los demás. Daniel no usa la sangre para sobrevivir, no tiene ninguna pelea con el sol, descansa por las noches y disfruta de las mujeres tanto como se le ofreciera la oportunidad. No había nada que lo detuviera, ni el tiempo, el sol ni la sangre. Durante mucho tiempo se creyó invencible.

Pero un siglo antes se dio cuenta que no lo era.

Aun venía a su mente el rostro de aquella mujer: hermosa, delicada, un ejemplar único entre su larga existencia. Orgullosa, valiente, creyente de sus convicciones, terca y muy inteligente. Probablemente la única persona que vio capaz de seguir su paso en la larga mortalidad.

Curioso que siempre al recordarla al mismo tiempo tocaba su cuello. Esa mujer le había formado esa cicatriz casi imperceptible, invisible para todos, pero profunda para ese hombre, honda para el orgullo y el ego del asesor del presidente. Esa mujer intentó matarlo, y lo hubiera hecho si hubiera sabido que el fuego era lo único que podía acabar con él. Neófita e incrédula que sólo creó un monstruo lleno rencor, de odio y con sed de venganza.

- Daniel, aquí hay algo que no entiendo - interrumpió el presidente los pensamientos y recuerdos de aquel hombre que se acercó a él.
- ¿Qué pasa señor?
- ¿Qué significa esta clausula?
- ¿Cuál? - le señaló con el indice - Eso ya lo habíamos discutido señor.
- No, tú y yo habíamos hablado de enviar tropas de paz para evitar la división.
- Y eso es justo lo que dice. La Organización de las Naciones Unidas será la encargada de negociar la paz.
- Pero, aquí dice que en caso de que la ONU no logre conciliar las partes...
- El país tiene el derecho sobre la organización para decidir lo que es mejor para ese gobierno errante. Para ello tendremos lista a nuestra armada. - El presidente miró con duda a Daniel - Señor, no hay nada de qué preocuparse, esa es sólo una medida extrema. Confiemos en que la ONU logre un acuerdo de paz. - el mandatario asintió mientras seguía viendo el papel - ¿Pasa algo señor?
- No. - Se quedó pensando - ¿Sabes lo que podríamos lograr con un acuerdo así? Sería la paz después de tantos años. ¿Te imaginas que alguien se quiera aprovechar e invadirlos? Nadie quiere tampoco que un país con tantas minas de diamantes se separe.
- Por supuesto que no señor. Nosotros nos encargaremos de eso. Después de todo, sólo somos emisarios de la paz. ¿No es así señor Presidente?

El presidente miró a Daniel y asintió. Tomó la pluma con firmeza y firmó el acuerdo. Miró el reloj, dejó la pluma y se puso de pie.

- Muy bien, creo que ya es hora de la conferencia de prensa.
- Así es - Daniel tomó los papeles y los guardó en un portafolios que selló de inmediato - ¿está listo para ser reelecto señor?
- Más que nunca.

Daniel abrió la puerta y el presidente salió rodeado de prensa que lo abrumaba de preguntas. Daniel se colocó a un lado, a su derecha. tomó posición callado, observando y siempre atento a las miradas, las palabras, las acciones de los demás.

A veces todavía se preguntaba Daniel porqué estaba ahí, ¿Qué ganaba? Ganaba posiciones, ganaba piezas, ganaba las diferentes partidas que se proponía. Porque para él la vida era como un tablero de ajedrez donde todos quieren ser el rey, pero él no. Prefería ser como el caballo, a la derecha del rey, mirando todo y listo para atacar sin más limitaciones que las que él mismo se ponía.

Y los límites era algo que él no conocía.

La reina, el caballo y el alfil §Capítulo 3§

Titulo: La reina, el caballo y el alfíl.
Capítulo: 3. Tentaciones.
Autor: Sabrina Knight/Vejibra Momiji
Fandom: Original
Reseña: La tentación de un beso, la tentación de una caricia. La verdadera tentación es la de volver a sentir.

Capítulo III §Tentaciones§

La invito a pasar. La miraba con atención, como si la estudiara y analizara cada detalle de su figura y de sus emociones

- No es luz verdadera - aclaró señalando las cortinas negras que se encontraban cubriendo cada ventana. La luz del día podía ser mortal si no se cuidaban y aun asi en días como aquellos donde no habia sol, prefería simplemente iluminarse en su apartamento. -¿Que es lo que deseas? -susurró con una sonrisa, aunque realmente no era sincero en su pregunta, pues el mismo la había atraido a su hogar.

Ireri volteó riendose de la ironia.

 - Yo no quiero nada, no tengo la necesidad, soy una muerta viviente - lo señaló - como tú. - La chica dejó su bolsa a un lado y se sentó en uno de los divanes. - Me intriga lo que tú quieres. ¿Por qué me envíaste esa tarjeta? Él no se sentó, sólo se le quedó mirando. - Por favor, dime. ¿Qué es lo que tú quieres de mi?

Hubo un largo silencio entre los dos, silencio apacible, típico de ellos, tan natural que él sólo se limitó a curvar sus labios en una media sonrisa, mostrando un poco sus colmillos

- Curiosidad - susurro. El azul de sus ojos azules se intensifico. - ¿Nunca has sentido curiosidad? - se acercó a ella y la miró intensamente. - Estamos muertos y siempre estamos solos ¿Nunca te has preguntado qué hay más allá de todo esto?

- Todo el tiempo... - dijo tratando de no dejarse llevar por la mirada del hombre frente a ella - Pero no he hayado una respuesta.

Ireri se hizo para atras y caminó a la cocina del hombre. Se acercó a la barra y miró el cenicero con varias colillas, copas de vino vacias y botellas arrumbadas en una esquina. Volteó y él ya estaba ahí, detras de ella.

- Yo dejé de buscar una respuesta.

Habia un silencio mas profundo en sus palabras tan nitidas como el agua tan claras como el invierno - Si es asi... ¿entonces por qué no buscas una nueva.?

Ethan la miró un largo momento mientras sus manos se dirigian a la curvatura de su cintura, y sonreía una vez más. Parecía que tenía en mente demasiadas cosas, pero  a la vez no se atrevió a declarar nada. No obstante se alejó, y fue a buscar una botella de vino, y la abrió.

-Siempre he pensado ¿Por qué buscar respuesta a una pregunta que no tiene sentido? - tomo una copa de vino y deposito el suave líquido rojo en ella, entregándosela lentamente -¿Que tal si... iniciamos una nueva?.

Por un momento ella se quiso dejar llevar, el toque, frío pero firme de esas manos, de esa mirada.

- ¿Un nuevo sentido? - dijo cuando reaccionó, Ethan se servía su copa de vino y apenas subió su mirada - ¿Tú qué has encontrado para querer perder?

Se sorprendió a su pregunta, pese a que no tenia la menor idea de porque estaba actuando de esa forma, que quería el realmente con esa situación, con esa seducción que ejercia y que durante siglos habia evitado. Su naturaleza de vampiro le llamaba y le atraia, era viejo, podía sentirlo, ella era joven y aun mantenia la melancolia de todo vampiro joven... y aun asi, solo miro sus ojos, y se sintio intrigado.

Tras pensarlo, sonrio, y bebio de su copa lentamente.

- En la vida...- murmuro intrigante- no tenemos nada que perder. ¿Por qué no ganar o perder una "vida"?

Ella sonrió al escuchar el comentario.

- Todo el tiempo - se acercó a él - cuando nos alimentamos, terminamos una vida, pero la de nosotros es un martirio sin fin. - Se inclinó hasta llegar a la barra donde él se encontraba - ¿Qué es lo que quieres de mi? - Él la miró y esbozó una sonrisa.
- ¿Quieres más vino? - preguntó
- Te lo agradecería. - Ireri siguió mirando la casa. Era grande, espaciosa y... a su olfato llegó el olor de carne, sangre. - creo que... - señaló la puerta - tienes visitas...

La miro dudando, y fue hacia la puerta, no obstante no encontro a nadie. La miró largo rato y suspiro:

- Tal vez solo fue tu imaginación - aunque el aroma estaba en el aire. Se intrigo por varios minutos y se acerco a ella - La sangre sólo es un elemento esencial, pretender que estamos vivos es la respuesta. - sonrió y tomo el vino. No tenia sabor ni olor en sus labios muertos, pero era suficiente.

Se quedaron mirandose el uno al otro largos segundos que parecieron eternos, hasta que el se atrevio a hablar:

- ¿Qué buscas tú? - murmuro levemente - cuando te vi el otro día parecía que buscabas algo.. aunque en realidad podia ser que yo te buscara a ti.

El olor continuaba a pesar de que Etha no encontrara nada. Decidió ignorar el hecho.

- Salud entonces - chocó su copa con la de él - parece ser que la busqueda rinció frutos. - pasó el vino por sus labios humedeciendolos - ¿Sabes cuantos de nuestra clase conozco? - Ethan lo negó - contigo tres. El que me hizo, tú y yo...

Miró la copa de cristal, aspiró el olor a sangre que aun se sentía en el rumbo y tomó el vino pensando que era sangre.

- La soledad ha sido muy larga.

La miro un momento y con su permiso, acaricio su mejilla

- Tal vez, demasiado larga - miró sus labios y se alejo, pues tenía una confusión en la mente que no debía tener en cuenta. En ese momento. Entonces tomo su mano entre sus dedos y la llevo a sus labios, como el caballero que era, el que había vivido mucho tiempo - y en todo caso. ¿Te paresco interesante?

Era curioso cómo ese olor que aun persivía la estaba embriagando, como si el vino tuviera efecto sobre ella. Notó le gesto y ella se dejó llevar.

- Me pareces interesante, misterioso... - se mordió un labio al mismo tiempo que dejó la copa a un lado y se acercó a él. - un especimen tan extraño que por eso mismo estoy aquí.

Tocó su mejilla con las yemas de los dedos, su piel era porcelana pura, suave. Se acercó cada vez más a él. Ese olor que tenía, del que estaba impregnado.

- ¿Qué sorpresas tienes...?

Se inclino un poco hacia ella, sus ojos azules brillando con fuerza e intensidad, como si la naturaleza misma de su creación asi lo hubiera diseñado, un momento etereo para ambos que durante mucho tiempo habían buscando algo más en su soledad inmediata, entonces deslizo un dedo sobre sus labios y suspiro en su aroma. Estaba a punto de cometer una locura, cuando una voz habló del interior de su habitación.

-¡Ethan! - grito la vocita de una niña de entre sus 14 años. Ethan soltó a Ireri y el aroma, asi como el dulce encanto desaparecio. La muchacho la miró incredula, y un poco avergonzado, no obstante reaccionó inmediatamente -¿Quién es esta?

Ireri se hizo para atrás y miró con los ojos bien abiertos a la chica que estaba ahí.  Miró a Ethan y de pronto se tapó la nariz como si la chica apestara.

- Hice una pregunta - insitió - ¿Quién es esta?
- Es... una amiga.
- Sí, eso soy. Una amiga que llegó en el momento menos adecuado.

Chloe miró inquisitivamente a la mujer mientras la inspeccionaba. Ireri no pudo más y fue por su bolsa.

- Creo que mejor yo me voy...

Ethan sostuvo la muñeca de Ireri
- Quédate - y miró a la pequeña detras de ellos - Ve a tu casa - la niña tomó una manzana y entonces frunció el ceño.
- Es como tú. No necesito sentirme desprotegida. Es... como tu - molesta y algo ignorada la chica le lanzó un pan a Ethan, a lo que el vampiro bufo un poco molesto, pero sin soltar a su visita.
-¡Ve a casa Chloe! - la niña subió los hombros y miró a la vampiresa.
-Que tiene de buenas las vam... - con un rapido movimiento, Ethan sostuvo a la pequeña de la boca y la llevó con el hacia la habitación, encerrandola ahí. Cuando miro en dirección hacia su cocina, Ireri habia desaparecido, así que tomando su chaqueta la siguio rapidamente, tenia que alcanzarla.

Ireri cruzó la puerta y comenzó a respirar tan fuerte como pudo para quitarse el olor de esa niña.
¿Pero qué hacía esa niña ahi? ¿Acaso era una clase de diversión para ese vampiro? Ireri dio una fuerte patada a la pared. Se sentía tonta y debil. Siempre podía controlarse, pero ese olor la embriagó e hizo que el apetito apareciera y...

- Espera... - Ethan la tomó de la muñeca. Estaba tan distraida reclamandose que no se había dado cuenta de la presencia de él.
- ¿Qué quieres que espere? ¿Qué era lo que pretendías con una niña ahí? ¿Qué acaso es tu provisión de alimento?

La miro asustado.

-¿Qué? –se agitó un poco y miro a Ireri a los ojos -No. Chloe no es mi alimento...- pero la vampiresa no aceptó su respuesta y trato de alejarse de él. Así que le sostuvo de la muñeca y para que no los vieran la llevo a un callejon oscuro. - Cuido de ella, viene a visitarme. No me alimento de ella.

Ireri se trató de soltar pero la fuerza de Ethan era mayor que la de ella.
- Muy bien, perfecto ¿Pero sabes a lo que expones a una chica así? Peor, sabiendo bien qué eres tu y qué soy yo.

Ella se soltó.

- ¿Qué es lo que quieres de una niña así? ¿Cómo puedes cuidarla y no...? De verdad, Ethan, ¿Qué es lo que quieres de mi?

Ella hablaba rapido, agitada, asustada de lo que esa niña había despertado en ella. Le asustaba lo que ella misma podía hacer.

- No le pasará nada - murmuró y era una historia larga, muy larga - cuido de ella, y la protegeré de ti, si es necesario. - habia seriedad en sus facciones - porque se lo debo. - Sin que ninguno se diera cuenta, la noche comenzó a irse, la oscuridad, y las sombras y el pasado. Ethan acarició su rostro - no lo sé... no sé que quiero de ti.

Ireri se quedó un largo rato callada, analizandolo, el olor se había ido, se revolvía con el de la ciudad. Lo miró severa y se quedó pensativa. ¿Quién lo iba a decir? Ella ya no se había encontrado en una situación así desde hacía siglos.
- ¿Qué le puedes deber a una niña? Su vida no ha sido muy larga como la de alguien como nosotros.

Sonrió. Era una historia que ahora ella no podía saber

- Sólo se lo debo -murmuro, y no se referia a la niña sino a quiénes estaban detrás de ella, siglos y siglos de sangre, de familia, de pecados y horrores. - ¡ Quédate! -murmuro levemente en su oido - no prometo nada... solo.. un inicio.

La mujer había tardado siglos en encontrar alguien como ella, sabía que no podía darse el lujo de abandonar las cosas por que si.  En realidad no necesitaba explicaciones por más que quisiera exigirlas. Se encogió de hombros.

- Yo tampoco te puedo prometer nada. No estoy acostumbarada a algo así.

Ethan torció sus labios en forma de sonrisa e Ireri lo imitó.

- Pero los inicios... - se acercó a él - son un buen comienzo.

De nuevo él, esa provocación y ese aroma.

Sonrio un poco y se atrevio a besarla, no en la boca, sino en la palma de sus manos, deslizando sus labios por entre sus dedos. Se alejó de ella y murmuro, casi con una voz misteriosa, cautivadora y electrizante.

- Nos veremos pronto - Tenia ideas en su mente. Ideas extrañas de un mundo mejor, le gustaba aquella vampiresa, pero lo que intentaba hacer era borrar su pasado y por ahora su pasado no lo podia dejar.

Ireri lo miró un instante tratando de no dejarse llevar por esa corriente eléctrica que había prendido su piel. ¿Podría evitar simplemente no dejarse llevar? El ruido de algunas aves madrugadoras comenzó a hacerse presente.

- Es mejor que me vaya.
- Esa no es una respuesta.
- Nunca hubo pregunta. - ella sonrió y apretó su mano con la de él. - Necesito marcharme. - Él asintió y ella se encaminó a su automóvil. De pronto se giró - ¿Te puedo pedir un favor? La próxima vez que nos veamos no traigas a ninguna niña desamparada. No me gusta comer adolescentes.

Se rio un poco, levemente, curvando la comisura de sus labios en algo similar a una mueca. Movio la cabeza afirmando, no necesariamente tenía que decir "si". Ella entró a su automóvil y se fue alejando tan rápido como podía sin dejar de ver el espejo retrovisor hasta perderlo de vista. A pesar de todo estaba extrañamente contenta, como si con una varita mágica alguien le hubiera dibujado en el rostro una sonrisa.

Ireri suspiró fuertemente, sabía que apenas, para la gente normal empezaba el nuevo día y probablemente para ella el día seguiría siendo eterno. Aunque inexplicablemente en su cabeza le llegó de lleno la idea.

- Es un nuevo día.

lunes, mayo 28

Inmortal Wind {Intro}

Titulo: Fumetsu no Kaze
Capítulo: Prólogo
Autor: Vejibra Momiji
Fandom: Card Captor Sakura/Original
Reseña: Hay guerras que nunca terminan.

Prólogo


Estaba seguro de que iba a perder la cabeza, y a la vez estaba tan acostumbrado a la muerte que no sentía ninguna clase de remordimiento. Era su deber, enviado a la guerra cuando apenas cumplió los 14 años, no tenía más principios o necesidades que no fueran las de proteger a su país. Aún así después de que sus manos se cubrieran de sangre, solo respiro agitado y guardo su espada.

Sus ojos se dirigieron al resto de soldados que se encontraban en la escena, y mirando hacia el cielo dejo que el aroma de los árboles de cerezo que crecían a kilómetros de distancia, se entremezclaran con sus recuerdos. Aquellos que solo traían a su mente a la persona que más amaba en el mundo.

En un suspiro pronunció su nombre "Feng" y anheló estar con ella mientras recorrían los campos y los jardines alrededor de su casa, pero pronto la realidad se empeño en sacarlo de sus únicos recuerdos y acosarlos para una nueva batalla. Los soldados de sus enemigos se acercaban, superándolos con creces.

Xian empuño su espada, mientras se dirigía a la lucha, como siempre lo había hecho. Entonces en un descuido una flecha se incrustó en su pecho. Dolorido cayó al suelo, mientras sostenía entre sus manos la tierra seca y manchada de sangre.

Cerró los ojos, mientras entre la bruma y la neblina de la muerte escuchaba la voz de Feng que lo llamaba, y terriblemente, otra, totalmente desconocida, que prometía algo mejor.



Continúa

Red Wine [Capítulo 4]

Titulo: Red Wine (Vino Rojo)
Capítulo: IV
Autor: Vejibra Momiji
Fandom: Original
Reseña: Los secretos que guardamos, como esqueletos en el closet, perseguirán a los hijos de nuestros hijos hasta el fin del universo.

Capítulo IV ~ Monster

Ser los últimos de su familia, sobre todo el lider de una raza casi extinta, era ante todo, un peso con el cuál no podía cargar. Tomando un asiento respiro profundamente, listo para aclarar las dudas de su sobrino o al menos tratar de calmarlo. Aunque en el fondo aún no comprendía del todo porque la vampira no había asesinado a Sean, como era... normal.

Después de explicarle básicamente lo primero, espero que la respiración de Sean se calmará y él pudiera, continuar. Hubo un largo silencio, sabía que el muchacho estaba procesando cada detalle de lo que él había dicho, y entonces, preguntó.

—¿Acaben con nosotros? —podía escuchar los pasos nerviosos del chico, de un lado para otro, y moviendo su bastón lo golpeo en el piso de madera, provocando un estruendoso eco para que el chico se calmará.

—Toma asiento —le ordenó Dante, mientras estiraba su mano en busca de los cigarillos cubanos que solía fumar en ocasiones donde la conversación se iba a tornar... confusa. Cuando escucho que se sentaba, encendió su cigarrillo y le dio una larga bocanada y rió—. Escucha con mucha atención...

—¡Pero..!

—¡Escucha! —Dante se quedo pensativo largo rato, en las sombras de su oscuridad trato de remontarse a su infancia cuando quedaron huérfanos, su hermano mayor, el padre de Sean y él. Los únicos de su línea familiar, y fue en ese entonces que  había quedado ciego... volviendo a la realidad suspiro—. Tu sabes que somos una familia adinerada, aunque tu padre se empeño en hacer una vida normal, incluso al conocer a tu madre... hay veces que simplemente no puedes ignorar tu linaje.

El silencio se hizo turbio en ese momento.

—Ya te lo dije, lo que somos es un don —fumo un poco —, lo que eres es un don, para proteger a la raza humana de los seres de la noche... usualmente podemos transformarnos a nuestra voluntad, pero es algo que debes controlar, con la primera luna llena que se acerca... con forma humana eres más débil que ellos —suspiró largamente —, nosotros somos únicos, o al menos... ahora, somos los últimos— nuevamente quedo en silencio, y tomo el silencio de Sean como un acierto a las circunstancias—. Tres noches atrás, antes de que llegarás de Francia... sucedió algo..

—¿Qué?

—Dije que no me interrumpieras —Dante recalcó —. Una familia igual a nosotros, del clan del lobo blanco, los últimos de su especie... fueron asesinados —recordó largo rato la noche en que la familia había sido descubierta—, desde que mis padres murieron, tu padre se aseguró que jamás nos encontrarán, cambió nuestros apellidos, se hizo de otro nombre... conoció a una bella jovencita humana, tu madre, y se caso con ella para después viajar... por el mundo y luego tuvo que morir, dejando a mi cargo un mocoso que no tenía la menor idea de lo que era, y dejo está familia cuando pudo para nuevamente volver...

Sonrió levemente, porque Sean estaba furioso, podía notarlo en su respiración, aunque no le dijo nada, lo que lo sorprendió bastante.

—Nosotros somos el clan del lobo rojo, nuestro deber es... proteger a los humanos, y volver a restaurarnos. Sin más clanes que existan al momento, es tu deber, como mi sobrino... continuar con nuestro linaje, junto con la única lobo puro de nuestra familia.

—¿¡Juliet!? —grito exasperado Sean —. ¡Es mi prima lejana!.. Es familia...

—Lo sé, y no lo veo poco adecuado —fumo largamente y paso una mano por su frente —. Le mentí a Juliet, diciéndole que ella provenía del clan de los lobos blancos... no es verdad, ella es... es mía— rió un poco y suspiro —, pero su madre si era parte del otro clan, lo que hace de Juliet... "única". Ha pasado generaciones desde el último lobo que nace de dos lobos... como ella, y quiero que tu Sean, comprendas, la terrible situación en la que nos encontramos.

—¡No lo entiendo! —respiro agitadamente —. ¡Juliet es mi prima!... !Es incesto!

—No lo és — hubo un largo silencio —, y ella te necesita. —con dificultad se levanto de su lugar y tomo el basto que lo ayudaba a ubicarse por la sala —. Aún no me explico porque aquella... criatura no acabó contigo, pero tengo dos cosas muy claras Sean... — se sentó en su escritorio y golpeo una silla, sacando a relucir una serie de armas de antaño y salidas de novelas de vampiros detrás de su cabeza —. Es una guerra, y somos los últimos que quedamos. Debemos pelear, luchar y sobrevivir. Es tiempo que afrontes la realidad de la que llevas huyendo casi toda tu vida.

Hubo un largo silencio, y Dante sonrió con ego.

—Es tiempo de luchar, y te guste o no, esa es la razón por la que regresaste a casa —golpeo nuevamente su bastón contra la mesa, provocando que el arma escondida en el apareciera —, y es la misma razón por la que ella se acercó a tí.




Continúa.

La reina, el caballo y el alfíl [Capítulo 2]


Titulo: La reina, el caballo y el alfíl.
Capítulo: 2. La Ilusión.
Autor: Vejibra Momiji
Fandom: Original
Reseña: Algunas veces tenía la ilusión de que despertaría en cualquier momento, y fue entonces que todo cambió.

Capítulo II ~ La Ilusión.

Cuando era niño, Ethan solía pensar que las historias sobre fantasmas eran ciertas. Durante horas se escondía debajo de su cama en el castillo de los duques, y pensaba que si permanecía en las sombras, nada iba a lastimarlo.

Lamentablemente, cuando se atrevió a ir a la guerra santa, nada volvió a ser lo mismo, y se dio cuenta de que los fantasmas, monstruos y asesinos podían perseguirlo por toda la eternidad en la carne misma de los seres humanos.

Ahora, siglos más tarde, volvía a recordar todos los eventos pasados que lo condenaban como sueños e imágenes que lo atormentarían eternamente. De aquellas cosas estaba cansado de pensar, buscar y proceder como le fuera posible, viviendo en la oscuridad como de niño solía hacerlo. Sin embargo, aquel encuentro fortuito que había sucedido minutos antes le daba una incógnita sobre lo que realmente estaba haciendo.

No sabia quien era aquella vampiresa, era hermosa, lo admitía, pero no estaba listo para entablar una "amistad" con alguien como él. Aunque se había dado el lujo de hablar con ella y darle su dirección, sin ni siquiera titubear.

En silencio, mientras continuaba caminando, pensó en todos aquellos pequeños detalles; finalmente decidió que no era importante y prefirió pasarlo desapercibido para sumergirse en su soledad hasta llegar a su departamento en Greenville. Aquel sitio era un lugar cómodo, "agradable" en lo que dicha palabra podía significar para una criatura como él.

Un monstruo que predaba en las noches y vivía como un escritor humano, huraño y déspota en el exterior. Sonrió levemente ocultando su rostro mientras tomaba un cigarrillo de su bolsillo y comenzaba a fumar.

No podía sentir nada, ni siquiera el sabor de la colilla en sus labios. Era una sensación ausente de inexistencia y aún así trataba de pretender de que eso era él, buscando un ser humano en su interior que no existía, sin retirar de sus pensamientos aquella cautivamente y misteriosa vampira.

Hizo una mueca con sus labios, estaba equivocado, no podía dejar que aquella hermosa vampiro se adentrará en su mundo... Entonces, ¿Por qué le había dado su dirección?. Era un misterio propio, un ademán de maldición que se propagaba como una enfermedad por sus venas y sus sentidos.

Abriendo la puerta de su lugar de descanso se dispuso a olvidar todo aquello que lo aquejaba. Entonces una sombra se escabulló entre los pasillos. Aturdido encendió inmediatamente la luz. Sus ojos azules habían tomado en un tono más peligroso, como de un felino acechando a sus presas.

En silencio observó a la figura delante de él.

—¿Qué haces aquí? —susurró mientras dejaba su abrigo en una esquina, la figura se cruzó de brazos y no respondió, ante dicha actitud el vampiro se tornó más autoritario—. No deberías estar aquí, es peligroso, especialmente en la noche...

—Estaba... preocupada —respondió la figura mientras se levantaba la capucha del hoodie color caramelo que llevaba, Ethan quedó en silencio mientras admiraba las facciones de la pequeña de catorce años delante de él. Sus ojos poco a poco se oscurecieron—. No fuiste a verme...

—No, pude hacerlo.

—Ethan —murmuró la pequeña mientras se acercaba a él. Su cabello era dorado y rizado como de una muñeca, no obstante sus facciones era infantiles y sonrosadas. El vampiro ahogó un leve gemido, podía sentir la sangre cálida de la muchacha bajo sus venas. Era una tortura tenerla cerca, aún así, la niña insistía en verlo y permanecer a su lado.

—Chloe... sabes que es muy peligroso que te quedes conmigo —murmuró suavemente para después colocarse frente a la jovencita. La muchacha cerró los ojos molesta.

—Odio el centro de adopciones, odio las familias sustitutas... ¿Por qué no simplemente puedo venir aquí? —Ethan colocó una mano sobre la cabeza de la chica y la removió como si ella fuera un pequeño cachorrito, una leve sonrisa se formo en sus labios.

—Sabes lo que soy, es peligroso si permaneces a mi lado... en ciertos momentos –sus ojos se volvieron fieros nuevamente, Chloe retrocedió un instante, algunas veces podía sentir el miedo que la acosaba desde que sus padres habían muerto. No obstante su necesidad de una familia la obligaban a mantenerse en pie.

—Lo entiendo... pero...

—Nada de peros —susurró—. Iré a dejarte con la señora Newsport. Es más seguro que permanezcas ahí.

—Eres un ser extraño Ethan —la jovencita se cruzó de brazos.

—¿Por qué lo dices?.

—Actúas como si fueras un ermitaño, no obstante siempre... me cuidas —Ethan sonrió, pero no dijo nada, abriendo la puerta, y llevó a la muchacha fuera del departamento, en la oscuridad del pasillo sus sentidos se alarmaron, podía oler sangre.... y muerte.

Debía llevar a la pequeña a un lugar seguro, lo más pronto posible.

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No tardaron mucho hasta llegar a la casa hogar, dónde dejo a la joven sin que está fuera vista. La muchacha solía escaparse para visitarlo, era una costumbre que había adquirido desde pequeña, cuando se conocieron.

Al despedirse Ethan frunció el ceño. No era normal, su actitud hacía la pequeña a quién trataba de proteger a toda costa. En el fondo de su alma el vampiro comprendía que la razón por la que mantenía a la niña cerca de él era la culpa.

Después de todo, sino fuera por él, los padres de Chloe, aún estarían vivos.

---------

Regreso al departamento, la oscuridad cubrió el salón donde se encontraba, mientras miraba la computadora e intentaba tener al menos el primer borrador de su próxima novela. Estaba concentrado en su propio drama, cuando un aroma inundo sus sentidos.

Intrigado cerro sus ojos mientras recordaba dicho aroma y ante su sorpresa escucho el timbre de la puerta sonar, un poco más curioso, se levanto de la silla y se encamino hacia la sala principal. Mirando por el rabillo de la puerta, una sonrisa se formo en sus labios.

Ahí, parada frente a su departamento, se encontraba la bella vampira del día anterior. Sin demora abrió la puerta y la miro de la cabeza a los pies.

—Pensé que no vendrías... —susurró y le dio espacio para que ella entrará. Ethan era un vampiro solitario, lo había sido durante siglos, pero tenía la mala costumbre de proteger a una niña humana.... y anhelar la compañía de una bella vampira como ella.

Él sabía que ella era diferente, mirando sus ojos, le sonrió y le invito un "trago".



Continúa.

jueves, mayo 24

Covert § Capítulo 1 §

Titulo: Covert
Capítulo: Capítulo1
Autor: Sabrina Knight
Fandom: Los tres mosqueteros//Original
Reseña: A pesar de nuestras diferencias, nuestros sueños son los mismos.

§Capítulo 1 - Sueños de Libertad§

 Bianca despertó, como siempre, de un brinco justo al notar el sol en su rostro. Se estiró tanto hasta que sus huesos tronaron y, tan pronto como se sintió segura, tocó la campanita que tenía en su habitación y se fue a esconder detrás de su biombo.

Seth despertó luego de que su madre lo tirara de la cama. El sol aun no salía y no había reparado su cansancio del día anterior. Caminaba arrastras tratando de no tropezarse con su propio pie, ni de cerrar los ojos en el momento en que entrara a la cocina para que su madre no lo regañara.

- Toma - le dio una bandeja - ya sabes a dónde llevarla. - Seth asintió y dio la media vuelta - Y Seth... - el chico volteó y su madre le echó un vaso de agua fria en el rostro - Ya despierta.

Seth despertó de golpe, el agua le había mojado las ropas y le había dejado el rostro escurriendo. Su madre sonrió orgullosa de su maldad, y él, sin quejarse se dio la media vuelta y salió llevando la bandeja en la mano. Hasta ese momento Seth se dio cuenta de que el sol ya había salido.

- Date prisa - ordenó Bianca a su dama de compañía, que de inmediato le apretó los cordones de su corset para amarrarlos de inmediato. Bianca dio vuelta y la muchacha le puso encima un vestido violeta con blanco. Amarraron los cordones y Bianca se dio por lista para salir de su habitación con tanta prisa como si un regalo la estuviera esperando afuera.

Seth acomodó la última veladora mientras que su padre ordenaba las gardenias en su lugar. Su padre, hombre ya con varias canas encima, algo pasado de peso, y con afable rostro le había contado muchas veces de la persona que ahora visitaban y acomodaban la tumba.

- La Condesa era una mujer tan bella... - decía mientras terminaba de poner la última gardenia.
- ¿Más que Bianca?
- En realidad Bianca es identica a su madre. - Su padre se hizo atrás y miró con detalle hasta que le pareciera perfecto - ¿Ya no la recuerdas, verdad?
- Muy poco, casi no.
- Ella te quería mucho.
- Eso sí lo recuerdo. - Su padre dibujó una sonrisa y dio un suspiro largo. - ¿Qué pasa?
- Nada. Sólo recordaba a la Condesa. Era una muy buena mujer, una excelente patrona, pero...
- ¿Pero...? - el padre de Seth se encogió de hombros.
- Aun pienso que murio demasiado joven. Le faltaban tantas cosas por vivir.

John, el padre de Seth y encargado de las caballerizas por más de 20 años, sabía lo que decía, sabía que el suspiro que daba era por extrañar a una buena amiga, aunque claro, su hijo ignoraba todo, para Seth lo único que quedaba de la Condesa Leicester era la tumba, viejos recuerdos y su hija, Bianca.

- ¡No me digan que ya terminaron! - reclamó Bianca que había llegado corriendo. - ¡No es justo! - dio una patada al piso y cruzó los brazos en simbolo del berrinche que ya estaba haciendo.
- Claro que no hemos terminado - respondió John con una sonrisa, fue atrás de la tumba y de ahí sacó un ramo de lirios blancos. - Eran los favoritos de su madre.

Bianca los recibió con tanta alegría que hasta el rostro le había brillado. Los olió y pudo rescatar ese bello perfume.

- ¡Es delicioso! Mi madre debió de amarlos por el olor.
- En realidad su madre amaba el olor de las gardenias. Lo que amaba de los lirios era...
- Era que le recordaban viejos viajes que tuvo en su juventud. - interrumpió el dueño de todo, el viudo y padre de Bianca, el Conde de Devonshire. - Tonterías que jamás se pudo sacar de la cabeza.
- ¡Padre! - Bianca corrió a abrazar a su padre y él la recibió con el mismo cariño.
- Te dije Bianca que me esperaras para llegar juntos a la tumba de tu madre.
- No podía esperar, tenía que ayudar a arreglarla. Quiero que todo esté perfecto para mi madre. - Bianca miró la tumba y sonrió al leer el nombre de su madre:

"Cosette Gaunt, Condesa de Leicester
1609 - 1633
Recuerdo de su esposo y su amada hija"

Había muerto tan joven.Su padre había dicho que de una enfermedad grave que ella nunca pudo ver. Aunque a Bianca le había parecido que su madre había muerto de tristeza.

El Conde había decidido empezar a orar, así que Seth y John se colocaron detrás de ellos para comenzar las oraciones. Bianca le había dirigido al joven una sonrisa a lo que él no pudo ocultar sonrojarse y acto seguido tropezar con una piedra del camino. Bianca rió, el Conde ni siquiera se percató.

John miraba atrás bastante preocupado, Seth sabía perfectamente a qué se debía. Su madre, Noleen, había sido dama de compañía de la madre de Bianca y cada año acompañaba a recordarla. Era muy extraño que no estuviera ya ahí, a sabiendas de que no se iba a perdonar si se perdía las oraciones.

Entonces Seth pudo notar algo extraño que su padre también había visto. Noleen iba en camino, pero acompañada de alguien más.

El chico reconoció de quién se trataba. Un viejo amigo de la Condesa, que año con año los acompañaba en esas fechas. Noleen no podía ocultar la molestia que sentía al estar junto a esa persona, pero por educación tenía que tragarselo. El hombre al reconocer a John y Seth alzó el brazo en forma de saludo que ambos respondieron.

Seth sentía admiración por ese hombre, tan fuerte, varonil y tan noble. Era un mosquetero del rey, bueno, lo había sido, pero la habilidad y la destreza era algo que admiraba. Seth quería ser como él.

El Conde y Bianca estaban demasiado consentrados en las oraciones para darse cuenta de lo que pasaba, así que John los interrumpió y ambos voltearon. Bianca corrió hacia él con emoción. El Conde lo miró con desgano y fastidio. Hasta en eso tenía que entrometerse el viejo amigo de Cosette, el Conde de la Fère.

- ¡Athos! - el hombre abrazó a la chica emocionado.
- Mi hermosa Bianca.
- Que bueno que llegaste, estábamos rezando por mi madre y...
- Bianca. Cuantas veces te he dicho que al Conde de la Fère le llames así, con respeto.
- Conde, por favor, no se moleste. Mi ahijada tiene la libertad de llamarme como quiera.
- Pero no el permiso - Bianca torció la boca. Ella sabía que no debía hacerlo, al menos no frente a su padre, pero la emoción le había ganado y no lo pudo evitar.
- Lo siento padre. - dijo ella cabizbaja, aunque Seth fue el único en notar que lo hacía poniendo los ojos en blanco. Odiaba que la regañaran.
- ¿Qué hace aquí Conde? No esperábamos su visita y menos un día como hoy.

El Conde de la Fère sólo sonrió y miró la tumba de Cosette.

- Quise aprovechar un viaje que tenía pendiente, además, pronto será el cumpleaños 16 de Bianca y quise darle un regalo personalmente.
- ¿Un regalo? - preguntó la chica con los ojos brillándole - ¿Qué es Conde?
- Lo que sea - reclamó su padre poniendo severa y dura la voz - tendrá que ser después de rezarle a tu madre.
- Por supuesto Conde. Jamás me atrevería a estar antes que la Condesa.

Los condes se miraron, uno no podía evitar que el odio se le saliera por los ojos, el otro no podía evitar retarlo. Todos regresaron a las oraciones, cada uno recordando a la Condesa, a Cosette, de la forma en que la tenían en la mente.

Bianca sonreía. Era verdad que tenía pocos recuerdos de ella, había muerto cuando ella apenas tenía 6 años y pocas cosas se le pudieron quedar en la cabeza. Lo que tenía más presente eran las sensaciones, los olores, la felicidad que le causaba su compañía. Es más recordaba el gesto que siempre hacía cuando su padre le obligaba a aprender a coser, mientras que ella le quería enseñar a montar.

No podía evitar sentirse nostálgica, y a pesar de sonreír ante el recuerdo, soltó varias lágrimas. ¿Qué habría sido de Bianca si su madre siguiera viva?

Athos se persignó, mientras que los demás sólo dieron un paso atrás antes de marcharse. El Conde de la Fère miró un segundo más la tumba y sonrió lacónico. Suspiró y siguió a los que iban camino al castillo.

Llegaron al castillo y de inmediato Noleen y Seth retomaron sus puestos como sirvientes del castillo, los condes y Bianca se acomodaron en la sala donde Noleen llegó con una bandeja con Whisky y Vino, pidió permiso y salió de ahí. Bianca no podía dejar de brincar de la felicidad.

- ¿Qué es lo que ha traído para mi Conde?
- No seas impaciente Bianca - dijo su padre con el mismo tono severo que le conocía su hija en cada visita del Conde de la Fère. Bianca dejó de brincar y se hizo para atrás. - Conde, de verdad espero que su visita sea breve para poder retomar nuestras vidas y usted siga su camino, así que...
- No se preocupe Conde - interrumpió Athos - mi visita es breve, tengo que regresar a Francia.
- ¿Por qué? - preguntó Bianca a lo que su padre inmediatamente la miró y Bianca calló.
- Sólo estaba aprovechando un viaje de negocios, en la noche parto rumbo a París. - Bianca no pudo evitar poner la cara larga. - así que no perderé el tiempo. - abrió su saco y de ahí sacó una pequeña caja que entregó a la joven. - tu madre me pidió dártelo hace muchos años, me pidió hacerlo cuando tuvieras edad de lucirlo.
- ¿Lucirlo? - la joven, completamente intrigada, abrió la caja y de ahí vio maravillada una hermosa pulsera plateada con varias piedras preciosas de diversos colores. - ¡Es hermoso! ¡Mire padre!

El Conde miró la caja apenas de reojo.

- ¿Por qué tenías tú un objeto así de mi esposa?
- Porque ella me lo dio para Bianca.
- ¿Qué tenías que hacer tú con una joya de mi esposa? No la habrás robado y empeñado para obtener unos centavos y después queriendo tener la conciencia tranquila la sacaste para dársela a su dueña?
- ¡Padre! - exclamó la chica avergonzada, pero el Conde de la Fère sólo sonrió.
- Es una excelente historia en realidad. Y tendría sentido excepto por una cosa: yo no me robo, ni tomo a la fuerza cosas que no me pertenecen, porque yo sé que aunque estén conmigo, jamás serán mías.
- ¡Conde! - exclamó la chica, no era la primera vez que Bianca se quedaba en medio de una riña entre su padre y su padrino - Conde, muchas gracias por el regalo, me encanta y estoy segura que a mi madre le encantaría vérmelo puesto.
- Nada la haría más feliz. - Bianca abrazó a Athos y enseguida intentó ponérsela. - Tranquila mi niña, sino te la pones ahora será en un momento especial.- le sonrió a la chica y ella le respondió de la misma forma. - Bueno, - miró el reloj - es hora de que parta.
- ¿Tan pronto?
- Por supuesto, necesito estar en Paris mañana mismo, así que no debo perder tiempo. - El conde no dejaba de mirar a Athos inquisitivamente - además, no me gusta perder la tradición de jamás beber el vino que siempre trae Noleen.
- Es una costumbre que jamás dejaré pasar Conde de la Fère.

Athos dibujó una sonrisa.

- Siempre es un placer Conde. - dijo con sarcasmo - mi bella niña, tengo que marcharme.
- Lo acompaño al jardín.
- No Bianca, tú tienes que hacer tus labores del día y no puedes perder más tiempo.
- Pero coser no es algo que me agrade y...
- Es tu responsabilidad Bianca.
- Mi niña, no te molestes, conozco la salida. Además, no quiero interrumpir tus responsabilidades. - Bianca y Athos se abrazaron y entonces él le murmuró en el oído - Lee la parte baja de la caja.

Se separaron y Bianca sólo asintió.Athos le sonrió, era algo que hacían su padrino y ella cada vez que él la visitaba con su padre en casa, se mandaban mensajes en sus  obsequios, y claro, esta vez no fue excepción.

- Conde, siempre un placer - hizo una inclinación en señal de respeto.
- Me gustaría poder decir lo mismo. ¡Seth! - el chico apareció en un segundo - acompaña al caballero a la puerta del castillo, y revisa bien que no haya forma de abrir por fuera.
- Sí Conde.

Athos no dijo nada y salió dirigiéndole una sonrisa a su ahijada. Esperó unos minutos hasta saber que su padrino ya había tomado camino y pidió permiso para regresar a su habitación, él conde la concedió y Bianca salió. Hasta ese momento el Conde de Devonshire respiró, se acercó a la copa de whisky servido y lo bebió hasta el fondo. Para el Conde, las visitas del viejo mosquetero eran su maldición, era volver años atrás en donde se sentía amenazado por perder. Y él nunca perdía, nunca.

En tanto el Conde la Fère, consciente de lo que su propia presencia causaba, animó a Seth contándole una pequeña anécdota de sus años de mosquetero, una historia tan pequeña, tan alentadora que el conde sólo tuvo que decirle al muchacho:

- Yo decidí entrar porque quería luchar no sólo por mi país, por mi rey, sino por mi mismo. Sabía que en el momento en que me convirtiera en mosquetero mi vida tendría un sentido diferente, no sólo por el florete y las armas, sino porque en ese momento yo decidí por mi, por lo que quería. - Seth lo miraba fascinado - ¿Sabes qué fue lo mejor de ser mosquetero? - el chico movió la cabeza - que pude sentirme libre.

El mosquetero sonrió, le dio una palmada en el hombro y dijo:

- ¿Tu qué esperas para ser quien quieres ser y no lo que los demás quieren que seas? - el chico se quedó mudo - Nos veremos pronto Seth. Muy pronto.

Athos partió subiendo a su carruaje que lo esperaba. Seth se quedó inmóvil, esperando a perder de vista al carruaje y tratando de encontrar sentido a las palabras del viejo mosquetero. Cuando despertó de sus pensamientos regresó y cerró la puerta asegurándose que nadie la podría abrir por fuera.

Bianca había corrido una vez que puso un pie fuera de los ojos de su padre, se echó a su mesa de noche y abrió la caja completa, ahí encontró el siguiente mensaje.

Esta pulsera me la dio tu madre antes de morir, me pidió dártela cuando tuvieras edad de entender lo siguiente: "La libertad es un estado que se puede perder sólo si estás dispuesto a hacerlo".
Cada una de las piedras de la pulsera simboliza tierras lejanas que jamás pudo visitar, un viejo amigo las recogió en varios de sus viajes y tu madre se encargó de unirlas. Muchas no tienen un valor monetario, tu madre se encargó de pulirlas hasta darle el brillo que merecían. Jamás se la quitó hasta el día de su muerte.
Conserva esta pulsera y analiza las palabras. Todos merecemos ser libres.


Te quiere. 
El Conde de la Fère.

Bianca miró la pulsera con admiración, con ternura y con ciertas dudas. ¿La libertad? ¿Había sido alguna vez libre? ¿A qué se refería su madre?

Bianca le vueltas a esos pensamientos el resto de la tarde, en la cena que le servía Seth y hasta llegar a su cama donde Noleen le ayudó a quitarse el vestido.

Por otro lado, Seth había hecho exactamente lo mismo. Se preguntaba si había sido libre alguna vez y si alguna vez lo podría ser. Lo pensó toda la tarde, mientras servía la cena, cuando tiró la sopa en la cocina y hasta llegar a su cama donde los ronquidos de su padre lo arrullaban.

Esa noche, y a pesar de ser tan diferentes, Seth y Bianca soñaron con lo mismo: su concepto de libertad.


miércoles, enero 12

Red Wine §Capítulo 3§

Titulo: Red Wine (Vino Rojo)
Capítulo: III // Little Unrest

Autor: Sabrina Knight //Vejibra Momiji

Fandom: Original

Reseña: De nada nos sirve correr de nuestro destino y nuestra maldición.


Capítulo 3
"Little Unrest"

- ¡Dante! - gritó Sean justo al entrar por la puerta principal. Subió las escaleras gritando aun el nombre de su tío una y otra vez. Bajó y entró a la cocina, no había nadie. - ¡Dante!
- ¿Ahora qué te pasa? ¿Por qué gritas? - preguntó Juliette quien salió de su habitación con cara de pocos amigos - ¿Por qué llegas hasta ahora?
- ¿Dónde está Dante?
- ¡Yo qué sé! Trabajando tal vez. ¿Dónde estabas tú?

Sean ignoró la pregunta y fue directo al estudio, Juliette lo siguió más molesta aun.


- ¿Dónde estabas? ¿Por qué no fuiste por mí? - Sean giró los ojos, agarró una agenda y la hojeó.
- Lo olvidé - mintió.
- ¿Lo olvidaste? ¿Me olvidaste? - preguntó indignada - ¿cómo pudiste hacer eso? ¿Cómo me pudiste hacer eso?

Sean no dejó de hojear la agenda buscando el teléfono de Dante.

- Bueno, llegaste bien ¿no?

Juliette se quedó callada, con un coraje trabado en la garganta.

- ¡Eres un estúpido! - gritó y se salió del estudio.

Sean miró como se fue, pero no la detuvo. En ese momento no tenía tiempo de disculparse por lo que había dicho y lo que no había hecho. Aunque estaba seguro que se le quitaría el coraje y le volvería a hablar como siempre.

Rápidamente dejó de pensar en Juliette cuando encontró el teléfono de la oficina de Dante. Tomó el teléfono y marcó. Espero en la línea y nada. Volvió a marcar... nada.
Encontró otro teléfono de su automóvil, nada. Fue la primera vez en su vida que maldijo el hecho de no tener celular.

Sin embargo justo cuando colgó escuchó que abrían la puerta de la entrada. Corrió y encontró a su tío recién llegado.

- Dante te estuve buscando. - gritó y bajó casi de un brinco.
- Buenas noches también a ti Sean.
- Déjate de cinismos – reclamó - ¿Qué es lo que ocultas? ¿Qué eres? ¿Qué fue lo que me encontré? ¿Qué…?
- Sean, desgraciadamente, sólo tengo la capacidad de responder sólo una pregunta a la vez. Tranquilo hijo – le puso la mano en el hombro y Sean se quitó.
- Yo no soy tu hijo. Soy tu prisionero.

Dante suspiró resignado.

- No quiero tener la discusión de siempre Sean.
- Yo no quiero discutir, yo quiero respuestas.
- ¿De qué hablas Sean? ¿Qué respuestas?
- ¿Qué demonios fue lo que me encontré en la bahía? ¿Qué era ella?
- ¿Quién ella? - Sean tenía el nombre de Aubrey en la boca, pero se detuvo al decirlo. – Sean si no me dices nada ni de qué hablas no voy a saber qué responderte.
- Encontré a alguien, una persona con… sangre en la ropa y colmillos.

Dante frunció el entrecejo y, por un segundo, le pareció a Sean que lo estaba mirando. Lo tomó agresivamente del brazo y lo llevó al estudio a rastras, con una fuerza impresionante que lastimó a Sean.

Dante no lo soltó hasta llegar y cerrar la puerta. Lo obligó a sentarse en el sillón principal, su posición era muy parecida a la de un interrogatorio.

- ¿A quién encontraste?
- A… una persona.
- ¿Qué persona? ¿Era una mujer, un hombre?
- Mujer…
- ¿Cómo era?

Y Sean cambio de lado de interrogatorio. De pronto Dante estaba más preocupado e intrigado que él mismo.

- ¿Cómo era? – volvió a preguntar.
- Era… - “muy bella” pensó, pero no le podía decir eso a Dante. – joven.
- ¿Qué más?
- Rápida y fuerte.
- ¿Cómo la encontraste?
- En… en la playa, le robaron la gasolina a la moto y cuando venía para acá la encontré.
- ¿Te atacó?
- No, no lo hizo, pero… bueno, yo pensé que la estaban atacando.
- ¿Por qué?
- Yo sólo vi que alguien estaba en peligro y fui a ayudar y ahí estaba ella.
- ¿Y luego qué paso?
- Luego… - lo pensó – dijo que me fuera. Me… me mostró los dientes y… se fue.
- ¿Sólo eso?
- Sí – volvió a mentir, no sabía porqué lo hacía, su instinto le estaba pidiendo que dijera la verdad, pero su mente le decía que lo hiciera. - ¿qué es ella?
- ¿Tenía sangre en la boca?
- No, en sus ropas. – Dante se hizo para atrás y fue a su escritorio. Abrió un cajón y sacó varias hojas con escritos en braile.
- ¿Te dijo su nombre?
- No…
- ¿Le dijiste tu nombre? – Sean se quedó callado - ¿Sean?
- No – respondió – no nos dio tiempo de presentaciones.

Dante se quedó callado, sabía que Sean mentía, era un chico que se delataba fácilmente con la voz, cada vez que decía algo Dante sabía si mentía o no. Lo malo es que sabía que aunque lo torturara jamás diría la verdad. Y Sean estaba dispuesto a eso.

Hubo un silencio incomodo entre los dos. Sean ya no sabía si seguir o no, sabía que si seguía presionando Dante trataría de que le dijera la verdad y, por muy extraño que a él mismo le pareciera, no quería que su tío supiera nada sobre su encuentro con Aubrey.

- ¿Cuál es tu primera pregunta? – dijo Dante justo cuando Sean creía que ya no le diría nada. Era turno de que Sean pensara bien las cosas, qué preguntar y no ser delatado.
- Esa chica, esa sangre y los dientes ¿podría ser ella…?
- ¿Un vampiro? Sí, es lo más probable. ¿Qué fue lo que sentiste al estar con esa chica? ¿Quisiste atacarla, huir, ponerte en guardia?
- No. Bueno, una parte del instinto quiso correr y el olor a sangre me causaba nauseas.
- ¿Y por qué no te fuiste cuando te lo dijo tu instinto?
- Porque mi instinto siempre falla. – Dijo en tono de obviedad - ¿Qué tiene que ver eso?
- Tiene que ver. Si el instinto te pide huir Sean, te recomiendo que huyas.
- ¿Huir de qué?
- De aquello que te puede destruir. ¿Entiendes?
- Ella no me iba a destruir.
- Tal vez no tuvo tiempo, o se compadeció de que tu… de que tu eres joven.

Sean frunció el ceño y acercó su asiento a su tío.

- Ella dijo que no sabía lo que era.
- ¿Ella no sabía qué eras tu?
- No. – Aclaró – que yo no sabía quién era yo.

Dante se quedó callado aun leyendo el braile con sus dedos. Sean en su cabeza empezó a formular la siguiente pregunta. No debía delatarse más de lo que ya había hecho.

- ¿Cuando te dijo eso fue cuando te dijo que huyeras?
- Sí. Yo quería que ella me respondiera, pero se fue antes de que la pudiera obligar. Tío… ¿De qué se trata?

En ese momento sonó el teléfono de la oficina de Dante y él rápidamente contestó. Sean no lo interrumpió, esos momentos de tensión eran valiosos. Dante ya estaba bastante preocupado, lo notaba en el semblante que dejó de ser tan sereno como siempre. ¿Por qué tanto misterio? ¿Qué era lo que le ocultaban?
Dante cortó la llamada y se quedó en silencio, tratando de acomodar las palabras correctas para que el chico no huyera, como era su costumbre.

- Nosotros no somos normales, eso lo sabes.
- Te has encargado de repetírmelo…
- Cállate – Dante interrumpió de tajo a Sean y quedó en silencio – si te voy a explicar quiero que te calles y no hables. – Sean lo siguió con la mirada, era la primera vez que le hablaba así. – nuestra familia proviene de generaciones antiguas, milenarias. Nosotros vivimos con una misión, una función, un propósito. No somos una maldición, ni un accidente, somos el resultado de guardianes, protectores del pueblo.

Sean no pudo evitar sonreír al pensar que sus palabras parecían hacer referencia a un superhéroe.

- Desde el inicio ha existido una guerra entre razas, y no me refiero a razas de humanos, sino a razas que las han querido defender, o matar. Por un lado están los depredadores, seres inmortales que cazan y se alimentan de la sangre de los humanos. Seres que no tienen piedad y que sólo tienen un propósito, sobrevivir a como dé lugar. Para eso usan su fuerza, su instinto y su belleza, para atraer presas. – Hizo una pausa – Eso fue lo que te encontraste en el muelle. Una cazadora, una vampiresa.

El chico bajó la mirada, lo sabía, ella misma se lo había dicho, pero no quería aceptarlo hasta oírlo de viva voz. Se mordió el labio recordándola, tan bella.

- Nosotros somos la raza que protege a los humanos. También somos cazadores, pero nuestros instintos no nos permiten destruir a nuestra gente, nos sirven para eliminar a cualquier amenaza, a aquellos que ponen en riesgo nuestras vidas. Nosotros somos lobos, hombres lobo.
- No, eso no es cierto. A los hombres lobo los muerden para convertirlos y… - abrió los ojos - ¿A nosotros nos van a morder? – preguntó espantado.
- No, a nosotros no nos muerden. Ya te dije que nosotros no somos una maldición como lo hacen ver los cuentos de terror. Nosotros nacemos con el don…
- ¿Don? Eso no puede ser un don. ¿Qué tipo de don puede ser convertirse en una bestia?
- Entiende Sean que esto no es cuestión de ser bestia no. Es una condición que viene de familia, con la misión de proteger.
- ¿Proteger? ¿Qué locura es esa…? ¿A quién…? Yo no… yo no soy eso. – tartamudeaba negándose rotundamente a cualquier cosa, en la cabeza de Sean no podía caber esa idea. – Eso es una condena… - murmuró para si mismo.
- No es una condena, es una bendición. – Sean se tapó el rostro, tantas ideas le vinieron a la cabeza, nada de eso tenía sentido, el más mínimo. Pero entonces ella volvió a su mente y sus palabras resonaron como campana dominical:

“¿Qué sabes de los tuyos?”
“Todos somos capaces de asesinar. La diferencia es el motivo por el cual hacerlo”

- Sean, quiero que entiendas algo – dijo si tío regresándolo a la realidad – Esta ciudad, está llena de seres como ellos y como nosotros. Y nuestra misión es terminar con ellos… antes de que lo hagan con nosotros.


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