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lunes, octubre 22

Beyond the past §Capítulo Dos§

Titulo: Beyond the past
Capítulo: Circunstancias
Autor: Vejibra Momiji
Fandom: Card Captor Sakura/Original
Reseña: La vida, tiene muchos circunstancias


§ Capítulo 2: Circunstancias §

Prodigio. 

Fue la primera palabra que definió el resto de su vida y que escuchó desde que era pequeña, no obstante, la realidad de dicho concepto se hizo claro cuando a la edad de 12 años, su madre llevo una colección completa de diseños a una de las exposiciones más prestigiosas de Japón. Tras aquella presentación, su vida dio un giro de 180 grados, donde todo cambió. 

Lo que inicialmente pensó sería solo un verano de cuarenta y cinco días en Milán, pronto se convirtió en meses y después en años, y por primera vez en su vida, la así renombrada "prodigio" Tomoyo Daidouji, se dio cuenta de que se había equivocado, porque había roto una promesa. Aquella que decía que volvería a casa y compartiría el resto de sus días junto a su mejor amiga; Sakura. 

Tras esos pequeños tropiezos, trato en lo posible de vivir una vida fuera de los límites de la sociedad japonesa en un país que apenas conocía, y pronto aprendió varios idiomas y tuvo la oportunidad de viajar a otros lugares, pero no de volver a su hogar. Algo que añoraba, incluso tras la verguenza que sentía de si misma tras lo que había sucedido cuando cumplió 16. 

Como la hija de una poderoso empresaria, y madre soltera, Tomoyo había aprendido desde pequeña a  anticiparse a los detalles y errores de la vida, enfrentando la realidad, con una sonrisa y una actitud desenfadada, propia de la única hija de una poderosa mujer. Pues aunque muchos lo conocían, y nadie nunca lo mencionó, Sonomi Daidouji nunca estuvo casada, y quedó embarazada en un tiempo en el cuál la sociedad japonesa solía ser discriminatoria, negando todo derecho de su existencia no solo al padre que la había engendrado, sino a una identidad propia como "niña de buena familia". 

Por eso, había aprendido a ser discreta y distante de todos aquellos que la rodeaban, siendo un orgullo para su madre y la familia que muchas veces la ignoraba, porque Sakura nunca lo había notado, pero Tomoyo solía protegerla, porque conocía perfectamente cuando descarados y fríos podían ser todos en las familias más poderosas de Japón.

También era cierto que de su padre, vagamente supo. Lo único que conservaba eran una serie de fotografías viejas de una aventura cualquiera que su madre había vivido, y que no obstante, le permitido dar cabida a su existencia. Entonces, cuando el viaje a Europa se presentó, hubo curiosidad en ella, y la oportunidad de huir de una vida que muchas veces le había recriminado su existencia, pese a lo perfecta y hermosa que ella podía ser a los ojos de todos los que la rodeaba.

Ese verano, poco antes de tomar la decisión de ir a la pasantía en Milán, se enfrentó a la realidad que le permitía la oportunidad de conocer  a su padre, y se dio cuenta de que tenía miedo. Cuando empacaba sus maletas, Sakura la animó, con la esperanza de que ella tuviera la oportunidad de hablar con el extraño padre que la había abandonado, pero que a la vez, no tenía derecho a reclamar nada, pues Sonomi, nunca estuvo casada con él. 

Aquella tarde mientras se despedía y prometía cartas a Sakura, se dio cuenta que tenía miedo; por conocer a su padre y por dejar a Sakura sola, porque no quería que la familia la tratarán como lo habían hecho con ella, y a la vez se había aliviado de alejarse, de todo, comenzar de nuevo cuando apenas empezaba su adolescencia.

Conforme el tiempo paso y demostro ser un genio del diseño de moda post moderno, se dio paso y cambio para volverse famosa. "La Prodigio Japonesa", solían llamarla, y pese a que intento en varias circunstancias encontrar tiempo para escribir cartas y e-mails a Sakura, el tiempo poco a poco desapareció, para cuando se dio cuenta de lo que había sucedido, la corta comunicación que mantenía con su mejor amiga, había quedado reducida a una carta o una llamada por mes.

Pero poco después de sus 16 años, y lo que sucedió con aquel hombre, cuyo nombre causaba que un escalofríos recorriera su piel. No quiso volver a comunicarse con nadie, ni su madre, ni Sakura. Incluso había salido de casa de su padre, donde su presencia perturbaba e incomodaba a la esposa del bien educado señor. 

Vivir sola había sido una experiencia nueva, y muy solitaria. Tras dos años de vivir en el silencio. Decidió descansar, porque la inspiración no llegaba y estaba siendo perturbada por una serie de pesadillas que no lograba comprender y que la despertaba a altas horas de la mañana o que incluso la desvelaban impidiendo que organizara la colección de verano que se acercaba. Así que aturdida como nunca antes, aquella noche en particular, observando la televisión, recordo Japón, y se decidió a escribir un e-mail.

Sus manos temblaban mientras teclaba el mensaje, no estaba segura por donde comenzar o que decir, tampoco estaba segura de querer contarle lo que había sucedido con "él", porque en el fondo de su ser estaba avergonzada de ello, y le dolía que fuera utilizada de aquella forma.

Suspirando recosto la cabeza sobre el teclado y descanso una mano sobre su espalda, dándose un masaje donde se encontraba la figura del tatuaje de libélula que se había hecho meses atrás después de su primera noche con... cerro sus ojos, solo quería aliviar el dolor de su cuerpo tras de días y días de trabajo y exposiciones donde solo debía utilizar tacos.

Y cuando envió el mensaje se sintió nerviosa. Tenía miedo de que ella no le respondiera, pero el "Bip" se escuchó, y en camará lenta abrió el mensaje de respuesta.

From: Sakura Kinomoto
To: Tomoyo Daidouji.

¿Tomoyo?.Me encuentro bien, me alegra mucho que me escribieras. No ha pasado mucho. Yamazaki es mi novio. Quisiera que estuvieras aquí.

Sakura.

Realmente, no pensaba que Sakura iba a responderle, pero cuando lo hizo, abrió sus ojos expectante, porque sabía en el fondo de su corazón, que pese a que su mensaje podía parecer duro y frío, Sakura... la necesitaba, y si ella la necesitaba. Era tiempo de regresar a Japón.

Tomando su telefono celular, realizó un par de llamadas. La colección de verano podía esperar.







Continúa.

domingo, septiembre 16

Red Wine [ Capítulo 5 ]

Título: Red Wine (Vino Rojo)
Capítulo: V
Autor: Vejibra Momiji
Fandom: Original (Vampiros & Hombres Lobos)
Reseña: Algunas veces, la más pura de las rosas, poseen demasiadas espinas.


Capítulo V ~ Desert Rose



This desert rose
Each of her veils, a secret promise
This desert flower
No sweet perfume ever tortured me more than this
( Desert Rose - Sting )


Giraba sus manos, formando siluetas de aves, mientras el viento movía inquietamente su cabello castaño, y el sol brillaba con intensidad sobre su cabeza, calentando así, cada rincón de su pálida piel. No obstante, la imagen frente a sus ojos, pronto desapareció, perdiendo todo encanto para ser consumido por la oscuridad que la rodeaba.

En ese momento abrió los ojos con lentitud para escuchar en la distancia los sonidos incipientes de la nada. Suspirando, entrecerro la mirada tratando de conciliar el sueño, pero le fue imposible. Aunque, durante siglos se le habían negado muchos placeres en aquella vida y en la que tuvo alguna vez en el pasado, había uno en particular que nadie le podía arrebatar. 

Ella aún podía soñar, incluso cuando muchos de su misma especie y todos aquellos que habitan entre las cuatro paredes del penthouse, le reiteraron repetidas veces que ellos no estaban hechos para soñar en su triste y efímera existencia, porque toda oscuridad no puede, de ninguna manera, alcanzar los deseos que poseen criaturas tan simples como los humanos.

Sin embargo, en contra de toda predicción y casualidad del destino, Aubrey aún puede soñar, y ella sueña con el día y el amanecer en un lejano desierto, un lugar donde casi ha olvidado todos los detalles del día como que clase de color tienen los primeros rayos del sol reflejados en su pálida piel, cuál es la sensación que siente en su sangre a través de su piel cuando el sol caliente su cuerpo, entregándole una sensación plena a vida.

Es en sus sueños que suele imaginar que puede ser libre, aunque la realidad se confunda con la locura, y pronto las tinieblas destruyan la imagen cognoscitiva que su mente ha formulado, porque en esos sueños ella conocía una vez más todo lo perdido, y que al despertar, como todas las noches, la muerte, recibe su cuerpo con una grata, y muy extraña sensación a soledad haciendo que entienda entonces que ya no le queda nada. 

Dando un largo suspiro, da vueltas en la cama antes de mover su cuerpo de ella y levantarse, estirando los brazos hacia arriba en un intento falso por relajar su cuerpo, mientras la inclemente sed pronto clama su interior, y el corazón que no palpita en su pecho llora a gritos por el alimento más preciado de un vampiro; la sangre de una tierna virgen, un niño, una mujer e inclusive un hombre. Pronto el color carmesí tiñe sus ojos siempre castaños demostrando su inquietante necesidad de vida. 

Caminando con paso lento como si fuera un zombie, se sienta en la peinadora que decora en un rincón de la fría habitación. Un escalofríos, extraordinario, recorre su cuerpo y la obliga a abrazarse, tratando de contener la risa ante aquella actitud casi humana. En el espejo que refleja su imagen pálida, puede ver que usa un largo camisón de dormir, color crema que le llega hasta las rodillas y no posee manga alguna. 

Sus expresiones están quietas, e incluso genera una extraña pero agradable sensación pacífica, tal vez, esa era la razón por la cuál nadie podía resistirse a ella y a sus temidos encantos cuando atacaba y se alimentaba de sus ingenuas víctimas, cada noche en la que deseaba alimentarse. Tranquilamente recorre con la vista toda la habitación color gris mientras una extraña pregunta crece como un frondoso árbol en sus pensamientos; "¿Por qué siempre deseo dormir?".

En sus largos letargos, más de los usuales en un vampiro, ella vive en el sol, tal y como lo recordaba siglos atrás, en el desierto... cálido, burdo, vivo. Una imagen que va desapareciendo con el tiempo, con los siglos, pronto ya no quedaría nada de sus recuerdos, más que la dura realidad de que nunca podría volver a reencontrarse a si misma con el sol. 



Tomando con tranquilidad un cepillo para cabello de la cómoda, peina su cabello oscuro mientras analiza rodo lo que la atormenta sobre  aquel muchacho de la noche anterior, que con su miedo había atraído a la bestia que dormía bajo su rostro angelical y su figura delicada. Sonriendo se levanta y camina descalza hacia la puerta Sus pies pálidos y lentos, como si no tuviera nada más a lo cuál entregarse. 



Está aburrida, y se siente deseosa de jugar.



Talvez no con otra vida humana, como siempre lo hacía, sino con él, el muchacho de la noche anterior, en sus memorias se impregnaba el aroma a deseo que se profería del cuerpo masculino, entremezclado del miedo, y otro aroma más singular, el de la luna.



Con desgano se sienta frente al espejo y peina su cabello mientras su mente divaga entre las imágenes del joven y de los días lejanos en las que solía contemplar las estepas del desierto, lejos de toda su... oscuridad, evitando que note como  las puertas de su habitación se abren con lentitud y aquel que durante siglos se había hecho llamar "su esposo" coloca un cuerpo inconsciente en el piso.



—Bebé, amor mío —susurra acomodando su camisa, mientras la joven se desangra en el piso. Con paso lento se levanta de su asiento y lo mira, curiosa de tan inesperado regalo.



—¿Qué deseas en esta ocasión? —pregunta con cautela mientras se acerca al cuerpo, la sangre que se derrama en su piso mancha sus delicados pies, se siente cálida aún, porque aún puede escuchar el sonido casi ausente de los latidos del corazón —esta muriendo.



—Por eso dije "bebé" —su amante camina hacia ella y le acaricia el rostro, levantando su cabello a su hombro mientras le señala con una mano el fruto aún fresco— no podemos beber sangre muerta... y aún está viva.



Lo mira largo rato y se arrodilla en el piso. Tomando la muñeca de la muchacha semi muerta, bebe de ella con lentitud, como si se tratará de un manjar ansiado y deseado. Bebe hasta saciarse mientras la vida de la joven se consume y pasa a ser parte de su cuerpo frío e inmortal. Siente la vida, por unos segundos, el sol que cae sobre su espalda, y entonces respira. 



Sus ojos cambian pronto de color, a un leve tono castaño, mientras se mira en el espejo, la sangre ahora mancha su boca, sus manos, y la ropa que usa, mientras a su lado, su esposo acaricia su cabello. Entonces una idea le cruza la mente con crueldad.Quiere ver al joven, quiere... beber de su sangre y se siente intrigada por ese mismo hecho. 



Se levanta del suelo se acerca al espejo, sin inmutarse en limpiar la sangre de ella. Se mira y vuelve a peinar su cabello, mientras Dominic se recuesta en la cama y mira sus uñas, su presencia la perturba e incluso la molesta, más allá de las viejas y casi olvidadas noches de placer que alguna vez compartieron, ahora se siente aturdida de él.



—¿Por qué? —pregunta mientras sin mirarlo directamente, tan solo observando por medio del reflejo en el espejo— ¿Por qué me eligieron? —Dominique la mira, intrigado y se levanta de su sitio, colocando una mano en su hombro y mirando su imagen a través del espejo.



—Eres especial.



—¿Eso que significa?



—Te gusta matar.



Ambos se miran porque entienden y entonces sujeta su mano con delicadeza, acercándolo hacia sus labios. Él gime de placer al sentir como ella perfora sus venas secas con los largos colmillos y bebe de su sangre, el placer es mutuo no obstante existe odio en el. Sin que lo espere Aubrey lo muerde con más fuerza y bebe de él hasta que el placer se convierte en dolor. Molesto retira su mano, y la abofetea alejándose a recoger el cuerpo inerte en el suelo.



—¡Algunas veces, eres una maldita! —le gritó, y ella ríe porque sabe que es así.



—Es tu culpa después de todo.



La abandona como todos siempre la han dejado sola, y se acerca a la ventana en un arranque de desesperación, las cortinas caen al suelo cuando las jala con fuerza, y una luz intensa la ilumina con intensidad, tan fuerte, tan gloriosa que la transporta nuevamente al pasado, aquel donde era feliz. 



Cierra los ojos y extiende los brazos, pero la luz no la desvanece, tan solo se encuentra aturdida por el continuo repiquete ruidoso. Abre los ojos y observa al helicóptero policial alejarse en medio de los grandes edificios de la ciudad. Estrechando su mano, frunce el ceño, y coloca una mano en el vidrio, la ciudad brilla... pero no como que desearía que lo hiciera.



Alejándose del lugar, se acerca hacia su armario, y toma, entre sus manos una sola chaqueta negra. Regresa a la ventana y la abre, el viento sopla con fuerza, moviendo su cabello alrededor de su rostro, sin esperarlo, salta al vacío. Desea cazar, y en el fondo de su mente, tiene la esperanza de que vuelva a encontrar a aquel muchacho.



Está segura de que lo va a encontrar. 








Continúa...

jueves, agosto 30

La reina, el caballo y el alfil §Capítulo 3§

Titulo: La reina, el caballo y el alfíl.
Capítulo: 3. Tentaciones.
Autor: Sabrina Knight/Vejibra Momiji
Fandom: Original
Reseña: La tentación de un beso, la tentación de una caricia. La verdadera tentación es la de volver a sentir.

Capítulo III §Tentaciones§

La invito a pasar. La miraba con atención, como si la estudiara y analizara cada detalle de su figura y de sus emociones

- No es luz verdadera - aclaró señalando las cortinas negras que se encontraban cubriendo cada ventana. La luz del día podía ser mortal si no se cuidaban y aun asi en días como aquellos donde no habia sol, prefería simplemente iluminarse en su apartamento. -¿Que es lo que deseas? -susurró con una sonrisa, aunque realmente no era sincero en su pregunta, pues el mismo la había atraido a su hogar.

Ireri volteó riendose de la ironia.

 - Yo no quiero nada, no tengo la necesidad, soy una muerta viviente - lo señaló - como tú. - La chica dejó su bolsa a un lado y se sentó en uno de los divanes. - Me intriga lo que tú quieres. ¿Por qué me envíaste esa tarjeta? Él no se sentó, sólo se le quedó mirando. - Por favor, dime. ¿Qué es lo que tú quieres de mi?

Hubo un largo silencio entre los dos, silencio apacible, típico de ellos, tan natural que él sólo se limitó a curvar sus labios en una media sonrisa, mostrando un poco sus colmillos

- Curiosidad - susurro. El azul de sus ojos azules se intensifico. - ¿Nunca has sentido curiosidad? - se acercó a ella y la miró intensamente. - Estamos muertos y siempre estamos solos ¿Nunca te has preguntado qué hay más allá de todo esto?

- Todo el tiempo... - dijo tratando de no dejarse llevar por la mirada del hombre frente a ella - Pero no he hayado una respuesta.

Ireri se hizo para atras y caminó a la cocina del hombre. Se acercó a la barra y miró el cenicero con varias colillas, copas de vino vacias y botellas arrumbadas en una esquina. Volteó y él ya estaba ahí, detras de ella.

- Yo dejé de buscar una respuesta.

Habia un silencio mas profundo en sus palabras tan nitidas como el agua tan claras como el invierno - Si es asi... ¿entonces por qué no buscas una nueva.?

Ethan la miró un largo momento mientras sus manos se dirigian a la curvatura de su cintura, y sonreía una vez más. Parecía que tenía en mente demasiadas cosas, pero  a la vez no se atrevió a declarar nada. No obstante se alejó, y fue a buscar una botella de vino, y la abrió.

-Siempre he pensado ¿Por qué buscar respuesta a una pregunta que no tiene sentido? - tomo una copa de vino y deposito el suave líquido rojo en ella, entregándosela lentamente -¿Que tal si... iniciamos una nueva?.

Por un momento ella se quiso dejar llevar, el toque, frío pero firme de esas manos, de esa mirada.

- ¿Un nuevo sentido? - dijo cuando reaccionó, Ethan se servía su copa de vino y apenas subió su mirada - ¿Tú qué has encontrado para querer perder?

Se sorprendió a su pregunta, pese a que no tenia la menor idea de porque estaba actuando de esa forma, que quería el realmente con esa situación, con esa seducción que ejercia y que durante siglos habia evitado. Su naturaleza de vampiro le llamaba y le atraia, era viejo, podía sentirlo, ella era joven y aun mantenia la melancolia de todo vampiro joven... y aun asi, solo miro sus ojos, y se sintio intrigado.

Tras pensarlo, sonrio, y bebio de su copa lentamente.

- En la vida...- murmuro intrigante- no tenemos nada que perder. ¿Por qué no ganar o perder una "vida"?

Ella sonrió al escuchar el comentario.

- Todo el tiempo - se acercó a él - cuando nos alimentamos, terminamos una vida, pero la de nosotros es un martirio sin fin. - Se inclinó hasta llegar a la barra donde él se encontraba - ¿Qué es lo que quieres de mi? - Él la miró y esbozó una sonrisa.
- ¿Quieres más vino? - preguntó
- Te lo agradecería. - Ireri siguió mirando la casa. Era grande, espaciosa y... a su olfato llegó el olor de carne, sangre. - creo que... - señaló la puerta - tienes visitas...

La miro dudando, y fue hacia la puerta, no obstante no encontro a nadie. La miró largo rato y suspiro:

- Tal vez solo fue tu imaginación - aunque el aroma estaba en el aire. Se intrigo por varios minutos y se acerco a ella - La sangre sólo es un elemento esencial, pretender que estamos vivos es la respuesta. - sonrió y tomo el vino. No tenia sabor ni olor en sus labios muertos, pero era suficiente.

Se quedaron mirandose el uno al otro largos segundos que parecieron eternos, hasta que el se atrevio a hablar:

- ¿Qué buscas tú? - murmuro levemente - cuando te vi el otro día parecía que buscabas algo.. aunque en realidad podia ser que yo te buscara a ti.

El olor continuaba a pesar de que Etha no encontrara nada. Decidió ignorar el hecho.

- Salud entonces - chocó su copa con la de él - parece ser que la busqueda rinció frutos. - pasó el vino por sus labios humedeciendolos - ¿Sabes cuantos de nuestra clase conozco? - Ethan lo negó - contigo tres. El que me hizo, tú y yo...

Miró la copa de cristal, aspiró el olor a sangre que aun se sentía en el rumbo y tomó el vino pensando que era sangre.

- La soledad ha sido muy larga.

La miro un momento y con su permiso, acaricio su mejilla

- Tal vez, demasiado larga - miró sus labios y se alejo, pues tenía una confusión en la mente que no debía tener en cuenta. En ese momento. Entonces tomo su mano entre sus dedos y la llevo a sus labios, como el caballero que era, el que había vivido mucho tiempo - y en todo caso. ¿Te paresco interesante?

Era curioso cómo ese olor que aun persivía la estaba embriagando, como si el vino tuviera efecto sobre ella. Notó le gesto y ella se dejó llevar.

- Me pareces interesante, misterioso... - se mordió un labio al mismo tiempo que dejó la copa a un lado y se acercó a él. - un especimen tan extraño que por eso mismo estoy aquí.

Tocó su mejilla con las yemas de los dedos, su piel era porcelana pura, suave. Se acercó cada vez más a él. Ese olor que tenía, del que estaba impregnado.

- ¿Qué sorpresas tienes...?

Se inclino un poco hacia ella, sus ojos azules brillando con fuerza e intensidad, como si la naturaleza misma de su creación asi lo hubiera diseñado, un momento etereo para ambos que durante mucho tiempo habían buscando algo más en su soledad inmediata, entonces deslizo un dedo sobre sus labios y suspiro en su aroma. Estaba a punto de cometer una locura, cuando una voz habló del interior de su habitación.

-¡Ethan! - grito la vocita de una niña de entre sus 14 años. Ethan soltó a Ireri y el aroma, asi como el dulce encanto desaparecio. La muchacho la miró incredula, y un poco avergonzado, no obstante reaccionó inmediatamente -¿Quién es esta?

Ireri se hizo para atrás y miró con los ojos bien abiertos a la chica que estaba ahí.  Miró a Ethan y de pronto se tapó la nariz como si la chica apestara.

- Hice una pregunta - insitió - ¿Quién es esta?
- Es... una amiga.
- Sí, eso soy. Una amiga que llegó en el momento menos adecuado.

Chloe miró inquisitivamente a la mujer mientras la inspeccionaba. Ireri no pudo más y fue por su bolsa.

- Creo que mejor yo me voy...

Ethan sostuvo la muñeca de Ireri
- Quédate - y miró a la pequeña detras de ellos - Ve a tu casa - la niña tomó una manzana y entonces frunció el ceño.
- Es como tú. No necesito sentirme desprotegida. Es... como tu - molesta y algo ignorada la chica le lanzó un pan a Ethan, a lo que el vampiro bufo un poco molesto, pero sin soltar a su visita.
-¡Ve a casa Chloe! - la niña subió los hombros y miró a la vampiresa.
-Que tiene de buenas las vam... - con un rapido movimiento, Ethan sostuvo a la pequeña de la boca y la llevó con el hacia la habitación, encerrandola ahí. Cuando miro en dirección hacia su cocina, Ireri habia desaparecido, así que tomando su chaqueta la siguio rapidamente, tenia que alcanzarla.

Ireri cruzó la puerta y comenzó a respirar tan fuerte como pudo para quitarse el olor de esa niña.
¿Pero qué hacía esa niña ahi? ¿Acaso era una clase de diversión para ese vampiro? Ireri dio una fuerte patada a la pared. Se sentía tonta y debil. Siempre podía controlarse, pero ese olor la embriagó e hizo que el apetito apareciera y...

- Espera... - Ethan la tomó de la muñeca. Estaba tan distraida reclamandose que no se había dado cuenta de la presencia de él.
- ¿Qué quieres que espere? ¿Qué era lo que pretendías con una niña ahí? ¿Qué acaso es tu provisión de alimento?

La miro asustado.

-¿Qué? –se agitó un poco y miro a Ireri a los ojos -No. Chloe no es mi alimento...- pero la vampiresa no aceptó su respuesta y trato de alejarse de él. Así que le sostuvo de la muñeca y para que no los vieran la llevo a un callejon oscuro. - Cuido de ella, viene a visitarme. No me alimento de ella.

Ireri se trató de soltar pero la fuerza de Ethan era mayor que la de ella.
- Muy bien, perfecto ¿Pero sabes a lo que expones a una chica así? Peor, sabiendo bien qué eres tu y qué soy yo.

Ella se soltó.

- ¿Qué es lo que quieres de una niña así? ¿Cómo puedes cuidarla y no...? De verdad, Ethan, ¿Qué es lo que quieres de mi?

Ella hablaba rapido, agitada, asustada de lo que esa niña había despertado en ella. Le asustaba lo que ella misma podía hacer.

- No le pasará nada - murmuró y era una historia larga, muy larga - cuido de ella, y la protegeré de ti, si es necesario. - habia seriedad en sus facciones - porque se lo debo. - Sin que ninguno se diera cuenta, la noche comenzó a irse, la oscuridad, y las sombras y el pasado. Ethan acarició su rostro - no lo sé... no sé que quiero de ti.

Ireri se quedó un largo rato callada, analizandolo, el olor se había ido, se revolvía con el de la ciudad. Lo miró severa y se quedó pensativa. ¿Quién lo iba a decir? Ella ya no se había encontrado en una situación así desde hacía siglos.
- ¿Qué le puedes deber a una niña? Su vida no ha sido muy larga como la de alguien como nosotros.

Sonrió. Era una historia que ahora ella no podía saber

- Sólo se lo debo -murmuro, y no se referia a la niña sino a quiénes estaban detrás de ella, siglos y siglos de sangre, de familia, de pecados y horrores. - ¡ Quédate! -murmuro levemente en su oido - no prometo nada... solo.. un inicio.

La mujer había tardado siglos en encontrar alguien como ella, sabía que no podía darse el lujo de abandonar las cosas por que si.  En realidad no necesitaba explicaciones por más que quisiera exigirlas. Se encogió de hombros.

- Yo tampoco te puedo prometer nada. No estoy acostumbarada a algo así.

Ethan torció sus labios en forma de sonrisa e Ireri lo imitó.

- Pero los inicios... - se acercó a él - son un buen comienzo.

De nuevo él, esa provocación y ese aroma.

Sonrio un poco y se atrevio a besarla, no en la boca, sino en la palma de sus manos, deslizando sus labios por entre sus dedos. Se alejó de ella y murmuro, casi con una voz misteriosa, cautivadora y electrizante.

- Nos veremos pronto - Tenia ideas en su mente. Ideas extrañas de un mundo mejor, le gustaba aquella vampiresa, pero lo que intentaba hacer era borrar su pasado y por ahora su pasado no lo podia dejar.

Ireri lo miró un instante tratando de no dejarse llevar por esa corriente eléctrica que había prendido su piel. ¿Podría evitar simplemente no dejarse llevar? El ruido de algunas aves madrugadoras comenzó a hacerse presente.

- Es mejor que me vaya.
- Esa no es una respuesta.
- Nunca hubo pregunta. - ella sonrió y apretó su mano con la de él. - Necesito marcharme. - Él asintió y ella se encaminó a su automóvil. De pronto se giró - ¿Te puedo pedir un favor? La próxima vez que nos veamos no traigas a ninguna niña desamparada. No me gusta comer adolescentes.

Se rio un poco, levemente, curvando la comisura de sus labios en algo similar a una mueca. Movio la cabeza afirmando, no necesariamente tenía que decir "si". Ella entró a su automóvil y se fue alejando tan rápido como podía sin dejar de ver el espejo retrovisor hasta perderlo de vista. A pesar de todo estaba extrañamente contenta, como si con una varita mágica alguien le hubiera dibujado en el rostro una sonrisa.

Ireri suspiró fuertemente, sabía que apenas, para la gente normal empezaba el nuevo día y probablemente para ella el día seguiría siendo eterno. Aunque inexplicablemente en su cabeza le llegó de lleno la idea.

- Es un nuevo día.

domingo, julio 22

Beyond The Past {Preludio}

Titulo: Beyond The Past
Capítulo: Prólogo
Autor: Vejibra Momiji
Fandom: Card Captor Sakura/Original
Reseña: Existen pecados, que no pueden ser olvidados.

Prólogo

El silencio de la noche, me tiene inquieto. Sé que ha llegado el momento,  y aún así me niego a creerlo. Los guardianes se encuentran dormidos, y los hilos del destino se mueven, como aquellas manijas en el gran reloj de madera. 
Falta poco para que el silencio acabe. Sin embargo, no alzo la mirada, no puedo hacerlo, afuera está nevando, y entre el frío que corrompe en mis huesos, mi mente se transporta a otro sitio, otro tiempo... un lugar más cálido.

Pese a todo esto, no es fácil escribir sobre nuestros logros, mucho menos escribir y describir nuestros errores. Tenemos una vida corta y una condena larga. La larga búsqueda sobre lo correcto, me ha hecho encontrar más cosas incorrectas. 

Sin embargo, el problema jamás ha sido equivocarse, sino admitir que me he equivocado.

La calidez de un corazón es fácilmente destructible. La sonrisa de una mujer se puede borrar en un segundo. Las palabras se las lleva el viento, pero el odio es inmortal. Tardamos tiempo en encontrar ese punto en donde nuestro corazón se rompe, se corrompe. Pero cuando lo hayamos jamás lo podemos volver a armar.

¿Así es el amor? ¿Así es la vida, el odio, el rencor?

Pese a lo que muestre el reflejo del agua, estoy convencido de que todo tiene solución. La muerte nunca ha sido un impedimento, la muerte es una salvación, es la resurrección de nuestras almas que olvidarán la condena de nuestros errores, de nuestros males, de nuestros pesares.

Tampoco hay odio que desequilibre lo que con amor se forma. El odio tiene que ser olvidado, superado con el maravilloso poder que crea, que transforma. El amor construye, el amor fortalece y permite que finalmente las almas se encuentren de nuevo.

No hay maldición que pueda contra el amor, y es un sentimiento puro, del cuál todos hemos sido presa. 

En está distancia y anhelo me he permitido ser un poco orgulloso, tal vez, un día sepan comprenderme o no del todo, pero en una nueva vida, las cosas podrán encontrar un balance, y en mi estado de ánimo tal vez aseguro que un día, quién ha de seguir mi propio camino, pueda encontrar lo que realmente debe protegerse.

Si el amor es tan valioso como dicen, que incluso me ha hecho capaz de mover el tiempo y el espacio... todo solo... por un instante; para tocar aquellas delicadas ebras de cabello oscuro... entonces que sea asi. 

Es mi hora ya, la nieve congela el espacio en esta habitación y la llama de mi lámpara está desvaneciendose.

Finalmente, todos los hombres hemos sido condenados sea por el agua, el fuego, el aire o la tierra, no obstante podremos encontrar justicia o lo que deseamos. 

Ahora, mientras escribo estás últimas palabras, no estoy seguro de que se entenderán. Solo quiero decir, que todo lo que hice, lo hice porque así debía suceder, no lo niego, no lo negaré. 

Tal vez mi único capricho haya sido ser cegado por aquel delicado "esplendor" de verano.

Clow.





Continúa

lunes, mayo 28

Inmortal Wind {Intro}

Titulo: Fumetsu no Kaze
Capítulo: Prólogo
Autor: Vejibra Momiji
Fandom: Card Captor Sakura/Original
Reseña: Hay guerras que nunca terminan.

Prólogo


Estaba seguro de que iba a perder la cabeza, y a la vez estaba tan acostumbrado a la muerte que no sentía ninguna clase de remordimiento. Era su deber, enviado a la guerra cuando apenas cumplió los 14 años, no tenía más principios o necesidades que no fueran las de proteger a su país. Aún así después de que sus manos se cubrieran de sangre, solo respiro agitado y guardo su espada.

Sus ojos se dirigieron al resto de soldados que se encontraban en la escena, y mirando hacia el cielo dejo que el aroma de los árboles de cerezo que crecían a kilómetros de distancia, se entremezclaran con sus recuerdos. Aquellos que solo traían a su mente a la persona que más amaba en el mundo.

En un suspiro pronunció su nombre "Feng" y anheló estar con ella mientras recorrían los campos y los jardines alrededor de su casa, pero pronto la realidad se empeño en sacarlo de sus únicos recuerdos y acosarlos para una nueva batalla. Los soldados de sus enemigos se acercaban, superándolos con creces.

Xian empuño su espada, mientras se dirigía a la lucha, como siempre lo había hecho. Entonces en un descuido una flecha se incrustó en su pecho. Dolorido cayó al suelo, mientras sostenía entre sus manos la tierra seca y manchada de sangre.

Cerró los ojos, mientras entre la bruma y la neblina de la muerte escuchaba la voz de Feng que lo llamaba, y terriblemente, otra, totalmente desconocida, que prometía algo mejor.



Continúa

La reina, el caballo y el alfíl [Capítulo 2]


Titulo: La reina, el caballo y el alfíl.
Capítulo: 2. La Ilusión.
Autor: Vejibra Momiji
Fandom: Original
Reseña: Algunas veces tenía la ilusión de que despertaría en cualquier momento, y fue entonces que todo cambió.

Capítulo II ~ La Ilusión.

Cuando era niño, Ethan solía pensar que las historias sobre fantasmas eran ciertas. Durante horas se escondía debajo de su cama en el castillo de los duques, y pensaba que si permanecía en las sombras, nada iba a lastimarlo.

Lamentablemente, cuando se atrevió a ir a la guerra santa, nada volvió a ser lo mismo, y se dio cuenta de que los fantasmas, monstruos y asesinos podían perseguirlo por toda la eternidad en la carne misma de los seres humanos.

Ahora, siglos más tarde, volvía a recordar todos los eventos pasados que lo condenaban como sueños e imágenes que lo atormentarían eternamente. De aquellas cosas estaba cansado de pensar, buscar y proceder como le fuera posible, viviendo en la oscuridad como de niño solía hacerlo. Sin embargo, aquel encuentro fortuito que había sucedido minutos antes le daba una incógnita sobre lo que realmente estaba haciendo.

No sabia quien era aquella vampiresa, era hermosa, lo admitía, pero no estaba listo para entablar una "amistad" con alguien como él. Aunque se había dado el lujo de hablar con ella y darle su dirección, sin ni siquiera titubear.

En silencio, mientras continuaba caminando, pensó en todos aquellos pequeños detalles; finalmente decidió que no era importante y prefirió pasarlo desapercibido para sumergirse en su soledad hasta llegar a su departamento en Greenville. Aquel sitio era un lugar cómodo, "agradable" en lo que dicha palabra podía significar para una criatura como él.

Un monstruo que predaba en las noches y vivía como un escritor humano, huraño y déspota en el exterior. Sonrió levemente ocultando su rostro mientras tomaba un cigarrillo de su bolsillo y comenzaba a fumar.

No podía sentir nada, ni siquiera el sabor de la colilla en sus labios. Era una sensación ausente de inexistencia y aún así trataba de pretender de que eso era él, buscando un ser humano en su interior que no existía, sin retirar de sus pensamientos aquella cautivamente y misteriosa vampira.

Hizo una mueca con sus labios, estaba equivocado, no podía dejar que aquella hermosa vampiro se adentrará en su mundo... Entonces, ¿Por qué le había dado su dirección?. Era un misterio propio, un ademán de maldición que se propagaba como una enfermedad por sus venas y sus sentidos.

Abriendo la puerta de su lugar de descanso se dispuso a olvidar todo aquello que lo aquejaba. Entonces una sombra se escabulló entre los pasillos. Aturdido encendió inmediatamente la luz. Sus ojos azules habían tomado en un tono más peligroso, como de un felino acechando a sus presas.

En silencio observó a la figura delante de él.

—¿Qué haces aquí? —susurró mientras dejaba su abrigo en una esquina, la figura se cruzó de brazos y no respondió, ante dicha actitud el vampiro se tornó más autoritario—. No deberías estar aquí, es peligroso, especialmente en la noche...

—Estaba... preocupada —respondió la figura mientras se levantaba la capucha del hoodie color caramelo que llevaba, Ethan quedó en silencio mientras admiraba las facciones de la pequeña de catorce años delante de él. Sus ojos poco a poco se oscurecieron—. No fuiste a verme...

—No, pude hacerlo.

—Ethan —murmuró la pequeña mientras se acercaba a él. Su cabello era dorado y rizado como de una muñeca, no obstante sus facciones era infantiles y sonrosadas. El vampiro ahogó un leve gemido, podía sentir la sangre cálida de la muchacha bajo sus venas. Era una tortura tenerla cerca, aún así, la niña insistía en verlo y permanecer a su lado.

—Chloe... sabes que es muy peligroso que te quedes conmigo —murmuró suavemente para después colocarse frente a la jovencita. La muchacha cerró los ojos molesta.

—Odio el centro de adopciones, odio las familias sustitutas... ¿Por qué no simplemente puedo venir aquí? —Ethan colocó una mano sobre la cabeza de la chica y la removió como si ella fuera un pequeño cachorrito, una leve sonrisa se formo en sus labios.

—Sabes lo que soy, es peligroso si permaneces a mi lado... en ciertos momentos –sus ojos se volvieron fieros nuevamente, Chloe retrocedió un instante, algunas veces podía sentir el miedo que la acosaba desde que sus padres habían muerto. No obstante su necesidad de una familia la obligaban a mantenerse en pie.

—Lo entiendo... pero...

—Nada de peros —susurró—. Iré a dejarte con la señora Newsport. Es más seguro que permanezcas ahí.

—Eres un ser extraño Ethan —la jovencita se cruzó de brazos.

—¿Por qué lo dices?.

—Actúas como si fueras un ermitaño, no obstante siempre... me cuidas —Ethan sonrió, pero no dijo nada, abriendo la puerta, y llevó a la muchacha fuera del departamento, en la oscuridad del pasillo sus sentidos se alarmaron, podía oler sangre.... y muerte.

Debía llevar a la pequeña a un lugar seguro, lo más pronto posible.

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No tardaron mucho hasta llegar a la casa hogar, dónde dejo a la joven sin que está fuera vista. La muchacha solía escaparse para visitarlo, era una costumbre que había adquirido desde pequeña, cuando se conocieron.

Al despedirse Ethan frunció el ceño. No era normal, su actitud hacía la pequeña a quién trataba de proteger a toda costa. En el fondo de su alma el vampiro comprendía que la razón por la que mantenía a la niña cerca de él era la culpa.

Después de todo, sino fuera por él, los padres de Chloe, aún estarían vivos.

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Regreso al departamento, la oscuridad cubrió el salón donde se encontraba, mientras miraba la computadora e intentaba tener al menos el primer borrador de su próxima novela. Estaba concentrado en su propio drama, cuando un aroma inundo sus sentidos.

Intrigado cerro sus ojos mientras recordaba dicho aroma y ante su sorpresa escucho el timbre de la puerta sonar, un poco más curioso, se levanto de la silla y se encamino hacia la sala principal. Mirando por el rabillo de la puerta, una sonrisa se formo en sus labios.

Ahí, parada frente a su departamento, se encontraba la bella vampira del día anterior. Sin demora abrió la puerta y la miro de la cabeza a los pies.

—Pensé que no vendrías... —susurró y le dio espacio para que ella entrará. Ethan era un vampiro solitario, lo había sido durante siglos, pero tenía la mala costumbre de proteger a una niña humana.... y anhelar la compañía de una bella vampira como ella.

Él sabía que ella era diferente, mirando sus ojos, le sonrió y le invito un "trago".



Continúa.

domingo, octubre 24

Red Wine [Capítulo 2]

Titulo: Red Wine (Vino Rojo)
Capítulo: II
Autor: Vejibra Momiji / Sabrina Knight
Fandom: Original
Reseña: Algunas veces tiene sueños a las cuáles llama pesadillas, porque las imágenes que ahí se recrean son las de un pasado que no sabe que existe.

Capítulo II ~ Whispers in the Dark

Abrió los ojos, eran las 7 PM en punto. El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte y estaba agradecida de sentir como la noche la alimentaba. Con cuidado dio una media vuelta en la cama hecha de sábanas de satín color negro. La habitación era oscura, decorada con uno que otro cuadro de arte moderno con colores rojo, blanco y negro. Las paredes blancas mantenían la tenue iluminación de las luces neón alrededor de la cama. Las cortinas negras, mantenían la luz del sol fuera, como era y suponía que debía ser.

Suspiro, era lo que debía ser, al menos en su mente. Cansada decidió que no quería despertar y volvió a cerrar los ojos, en ese momento la puerta de la habitación se abrió y una figura masculina empezó a caminar rumbo a su cama. Sin mucho ánimo levantó la cabeza y miró al muchacho de cabello y ojos cafés oscuros que la miraba con intensidad.


—¿Qué haces en mi habitación? —susurró, sus ojos verdes/dorados aumentaron el brillo. No tenía ganas de una discusión nocturna—. No tienes permiso de entrar aquí.

—¿Aún sigues molesta, petit? —se sentó a su lado, acariciando su rostro con el dorso de su mano. Ella se negó a tal caricia, moviendo el rostro en la dirección contraria. El joven frunció el ceño, sus ojos cafés tomaron lentamente un tono color vino—. No tienes que por actuar de esa forma.

—Me utilizaste.

—No lo hice, liberé tu naturaleza —intentó volver a acercarse a ella, tomando su mentón y volteando su rostro hacia él, acercando sus labios con suavidad hacia ella—. Todos estos siglos... teníamos que hacer una prueba —intentó besarla pero ella se rehusó.

—Ya hiciste la prueba, ahora quiero descansar.

—No puedes, mon amour —susurró frunciendo el ceño y suspirando cuando ella lo volvió a rechazar. Con cierta molestia se levantó de la cama y la miró—. Tenemos el baile de debutantes está noche.

—¿Cuál baile?

—Tu sabes, fiestas, sangre, algunas víctimas desprevenidas —sonrió—. Lo usual —ella enarcó una ceja. Él la observó unos segundos—. ¿No estás de humor?.

—No realmente

—Aubrey...

—¿Si? —Susurró levantándose de la cama para acercarse a su armario.

—No tienes que actuar de está forma.

—No estoy actuando de ninguna forma, Dominique —susurró, suspirando abrió el gran armario y vio la cantidad de vestidos que se encontraban ahí—. Charlotte irá también.

—Por supuesto, es lo que le gusta —sus labios se curvaron en una sonrisa irónica—. Era lo que usualmente te gustaba —a paso lento Dominique se acercó a ella y la tomó la cintura besando su cuello. Aubrey permaneció inmóvil, como si esperará que algo sucediera.

Las manos del muchacho eran frías, pero denotaban cierto cariño inminente y un deseo posesivo que solo ella sabía que existía. Sus besos lentamente comenzaron a ser más apasionados, recorriendo con sus labios su cuello y su piel.

Sus colmillos se expandieron detrás de su boca masculina. Quería morderla, sin embargo no lo hizo ante la no interacción de la joven la soltó. Aubrey perduró en silencio, mirándolo un segundo con sus ojos color miel. Estaba acostumbrada a la actitud dominante de Dominique, pero ahora estaba cansada.

—Hubieras reaccionado de otra forma, en otro momento.

—No estoy de humor, no ahora.

—Aubrey, petit... —los ojos oscuros del vampiro la miraron unos segundos mientras analizaba su belleza hipnótica. Los ojos casi dorados de nacimiento, el cabello castaño casi rojizo, la piel pálida y la mirada fría; eran características que la hacían deseable ante los ojos de cualquier ser sobre natural.

Solo que era casi libre a los deseos de otros.

—Dominique, Jean Paul te está... ¿Interrumpo algo? —una mujer de ojos azules intensos y cabello negro como la noche entró. Llevaba un vestido ajustado de color rojo y los labios, grandes y carnosos, lucían un tono carmesí. Aubrey se mantuvo en silencio mientras analizaba a la recién llegada. Charlotte era una mujer que a primera vista sería capaz de todo incluso de sus más bajos instintos, pero era una vampiriza deseable y sobre todo sexy.

—No, no estás interrumpiendo nada —susurró Aubrey, y comenzó a desnudarse frente a los dos presentes. Se colocó un vestido negro de seda que daba un brillo intenso a su piel pálida y resaltó sus labios con un labio rojo sangre. Después de acomodarse la ropa miró a los presentes.

Charlotte se encontraba cruzada de brazos en espera de que terminará de arreglarse, mientras Dominique la devoraba con los ojos.

—¿Listo? —preguntó impaciente la vampira de cabello negros. La pareja la miró uno segundos antes de mover la cabeza con prepotencia.

—Si.




No tardaron mucho tiempo en llegar a la cena de gala que se organizaba en el lugar. Uno de los principales exponentes de dicho evento, era una colecta de beneficencia a nombre de una de las familias más importantes de America: los Crawford. Claro estaba que ante los seres humanos, dicha familia era solo un grupo de ricachones al mando de una mujer pelirroja con cierta habilidad en negocios.

Eran ingenuos a la realidad.

—Estoy aburrida —se quejó Charlotte, acomodando su vestido rojo a la par que buscaba con la mirada a Dominique—. No entiendo... porqué siempre nos abandona cuando hay eventos de “caridad”.

—Tiene que aparentar —susurró con seriedad Aubrey mientras sus ojos analizaban a las figuras y escuchaba con atención el latido de los corazones humanos. Había una necesidad imperiosa por alimentarse, y en ese momento eso era peligroso—. Como el resto de nosotros, además... también los humanos están celebrando una “boda” al otro lado del edificio.

—¿En serio? —Charlotte bebió de su copa, analizando el vino rojizo. No era el sabor que ella realmente apreciaba. Sus ojos azules se dirigieron a una pareja que bailaba en medio del salón. Eran un hombre alto de mediana edad junto a una atractiva pelirroja—. Se está debilitando, le cuesta mantenerse en alto.

—¿En serio? —Preguntó con ironía Aubrey, bebiendo de su copa de vino—. Era de suponerse con la edad que tiene.

—¿Esa es una broma? —preguntó la morena sonriendo, sus labios carnosos analizaron a la vampira más joven—. No te gustan este tipo de eventos, ¿no es así?.

—Somos un círculo bastante cerrado... —sonrió con mesura—. Pero realmente cada vez que me encuentro rodeada de humanos, tiendo a... querer...

—¿Alimentarte de ellos? —Charlotte movió sus labios en una mueca—. Si, también me cuesta mantenerme en el oficio pero la noche es joven y... mira a esos dos apuestos caballeros que nos observan en la esquina —Aubrey siguió la dirección que apuntaba el dedo de Charlotte, frunciendo el ceño ante dos hombres –atractivo- que les sonreían y levantaban sus copas.

—Puede ser divertido —tenía una imperiosa necesidad de divertirse, sus ojos dorados se dirigieron a otra figura masculina a varios metros de distancia. Dominique levantó su copa mientras coqueteaba con una muchacha rubia, una jovencita ingenua que posiblemente nadie extrañaría a la mañana siguiente. No obstante ambos podían verse, sentirse mediante sus pensamientos.

Aubrey sonrió. Era momento de cobrarse el hecho de que la hubiera utilizado.



La acorraló en un pasillo, sus ojos cafés denotaban un brillo rojizo intenso. Estaba furioso de la actitud que Aubrey había tomado en la noche, sus miradas se encontraron. Aubrey frunció el ceño.

—¿Por qué? —preguntó en un susurró.

—Tengo todo el derecho de aparentar ser una humana cualquiera, ante los ojos de todos los humanos, soy... una adolescente de dieciséis años —sonrió de lado, provocándolo—. Los hombres estaban atraídos a Charlotte, no valía la pena.

—Hiciste que tuviera celos.

—Estabas con aquella rubia tonta, no tenías razón para sentirte celoso —con frialdad retiró el brazo del joven que bloqueaba su paso—. Estoy aburrida, así que saldré a caminar.

—No es verdad, irás a alimentarte —sus ojos rojizos la escudriñaron por tercera vez en la noche, había un deseo escondido en ellos. Aubrey respondió con su silencio—. Te necesitamos...

—No esta noche —respondió con una sonrisa en sus labios, algo poco usual y definitivamente irregular—. No tengo problema con alimentarme y ¿tú? —Dominique frunció el ceño, soltando su brazo.

—Recuerda volver en la mañana.

—Debería decir lo mismo —respondió ella, sabía de la muchachita rubia que había estado hablando con él. Tenía que darle el crédito Dominique podía ser muy... eficiente si le convenía. En silencio comenzó a caminar alejándose de la vista del vampiro, quién furioso golpeo la pared a su lado.




Era pasada la media noche, cuando la sed comenzó a tomar control. Solía ser bastante racional cuando se trataba de seres humanos, pero su necesidad imponente por alimentarse se estaba haciendo fuerte desde... el último evento que prefería borrar de su memoria.

Los vampiros que habitan el mundo moderno había aprendido a controlar su necesidad de alimentarse por una cordura fatal de aparentar que no necesitaban de ello e integrarse a una sociedad que los creía un mito. Claro que también entre mitos y leyendas podía hallarse la realidad y la frágil línea de una guerra entre razas que se debatía a diario por mantenerse en línea. Claro que con lo sucedido días antes... Aubrey sonrió con melancolía, no sentía remordimiento por las muertes, ni nada similar, incluso había olvidado lo que era temer. Sin embargo odiaba el deseo imperioso de sentirse prisionera en su propio cuerpo. No obstante no lo reflejaba, porque no lo necesitaba.

Pasará lo que pasará. No estaba arrepentida de las muertes que había ocasionado, después de todo para ello había sido creada. Caminado por el muelle, sus ojos dorados pronto se tiñeron de rojo intenso, la sangre oscura que recorría sus venas lentamente le daba vida a su sed. Escuchaba pasos y corazones, mentes que se borraban en su conciencia.

No tenía mucho tiempo. Quería encontrar algo de diversión.


El joven rubio anduvo en la motocicleta toda la tarde y noche. Dejó a Juliet justo a tiempo, sin ningún tipo de percance y ahora se podía dedicar a su actividad favorita: vagar. Juliet le había hecho prometer que iría por ella, pero ella misma sabía que no lo haría, así que ¿para qué cambiar la imagen que tenía de él?.

Se metió por entre las calles y se estacionó frente a la bahía. Dejó la motocicleta y se sentó frente a la fría playa. Su primer pensamiento fue Bridget y el único hasta que se dio cuenta de que era de noche. Aun así no se levantó hasta que llegó un brigadista que lo corrió.

Acostumbrado a dejarse llevar se fue y volvió con la motocicleta con la intensión de perderse. Pero apenas intentó arrancarla se dio cuenta de que le habían robado la gasolina que tenía.

—Que idiotas, mejor se hubieran llevado la moto —se quejó para si mismo. Quitó el seguro y se fue caminando arrastrando la moto consigo... por lo menos hasta la gasolinera más cercana.

Al otro lado de la bahía una figura femenina misteriosa caminaba con lentitud, como si fuera un fantasma entre la no existente niebla. Por alguna razón había recorrido el sitio más de lo que consideraba agradable. Talvez era una forma agradable de ser ella misma además solo quería salir de la vista y del radar de su querida “familia”.

Pronto, una sed ansiosa comenzó a perforar a través de sus venas, llenando su cuerpo con una necesidad hambrienta que no podría controlar. Toda su vida le habían enseñado a ser una asesina y desde los últimos acontecimientos su autocontrol poco a poco se estaba desvaneciendo. Aunque, en el fondo, no consideraba que alguna vez tuvo alguno. Con precaución escuchó los latidos distantes de un par de humanos en el muelle, la figura de aquellos pescadores comenzó a ser más visible bajo sus ojos depredadores.

Su conciencia comenzó a batallar con su instinto. Entre el hambre y la necesidad de estar cuerda inesperadamente volvió a ganar el hambre. Lentamente y con sigiloso movimiento se acercó a los dos hombres hasta encontrarse a pocos pasos de ellos. Cuando vio que uno prendía un cigarrillo curvó sus labios en una mueca indescifrable.

—¿Tienen fuego? —susurró sensualmente mientras sus ojos felinos color dorado se iluminaban. Los hombres la miraron, creían que estaban ganando el premio de sus vidas. Uno de ellos se acercó y Aubrey sonrió, mostrando sus colmillos.





El muchacho rubio trataba de encontrar la gasolinera más cercana mientras llevaba a cuestas su motocicleta. ¿Por qué no la abandonó?. No podía, tenía que mostrar un poco más de responsabilidad en sus acciones. Aunque no fuera cierto.

Ahora tenía que arrastrarla hasta...

De pronto, escuchó un grito. Levantó la mirada y se dio cuenta de muchas cosas: era de noche, estaba caminando entre una calle bastante oscura y a lo lejos parecía que un ladrón estaba haciendo se las suyas. Tenía una de dos: o iba a ayudar a quien se encontraba en problemas o seguía su camino hasta encontrar la dichosa gasolinera.

—¡Demonios! —susurró para si mismo cuando se vio acercándose lentamentea la escena  de donde minutos antes había provenido el grito.

Estaba concentrada en sus acciones, mientras con sus colmillos perforaba el cuello de su víctima ante los ojos atónitos de su compañero, que paralizado por el miedo había comenzando a orinarse.

La sangre cálida circulaba de sus labios hasta su interior, dándole vida a su cuerpo inerte. Era libre cuando se alimentaba... Entonces, escuchó los pasos de alguien que se acercaba sigilosamente. Aturdida, Aubrey tomó del cuello a su segunda víctima e intentó alimentarse de ella, pero la asustada víctima intentó huir, sujetando uno de sus brazos lo quebró en 3 partes mientras movía su cuello a un lado para acabar con él.

Solo le tardó unos segundos en el proceso que le llevo matar a la segunda víctima y mover el cuerpo hacia la dirección contraria aparentando que estaba “huyendo”, hasta que la figura desconocida llegó a si sitio. Con sigilo Aubrey limpió la sangre de sus manos y su boca, dejando el rastro de ropa manchada como una “prueba”, si se trataba de un policía haría sus propios cálculos y sacaría conclusiones de lo que una pobre e inocente criatura como ella podía sufrir a la media noche por un lugar como aquel.

Era una mascara.

Cuando Sean llegó al lugar, no comprendió bien la escena. Las sombras se movían de forma desesperada y cuando al fin se acercó una figura femenina se levantó y otra parecía que estaba huyendo. Se mantuvo un paso atrás, tenía un mal presentimiento.

—¿Se encuentra bien? —logró percatarse que la chica se limpió el rostro, parecía llanto o algo parecido. Ella asintió, pero parecía nerviosa—. ¿Te asaltaron? —volvió a asentir—. ¿Estás bien?

Entonces ella salió de las sombras, su ropa estaba manchada y su cabello revuelto. Pero aun así Sean quedó más embelesado por su bello y fino rostro. Por su parte Aubrey estrecho la mirada, talvez aquel muchacho rubio podía ser más ingenuo de lo que parecía pero su olor no la distraía, era... uno de ellos.

Con suavidad empezó a responder con voz queda como si estuviera tratando de sobreponerse a un shock.

—Si… fue un pequeño... Infortunio —se dio cuenta de que estaba hablando no necesariamente como debería hacerlo—, no paso nada grave.

—¿Estas... estas segura? porqué podemos ir al hospital, está... bueno, no sé que tan lejos esté, pero igual podemos... podemos ir —respondió preocupado pero algo no lo dejaba acercarse a ella. No distinguía ninguno de sus instintos, y al primero que le hizo caso le hizo notar la ropa llena de sangre. La sangre nunca era buena para ellos, era como una invitación a cenar, claro, no humanos. Pero a Sean en especial, la sangre le daba asco—. Tengo mi moto allá, aunque no tiene gasolina, pero igual te puedo ayudar.

Al decir eso fue como una regresión en el tiempo. Se hizo atrás de nuevo alejándose de ella. El mal presentimiento no se iba, pero la necesidad de quedarse tampoco lo dejaba moverse. Aubrey volvió a estrechar las cejas, tenía una extenuarte necesidad por terminar lo que había empezando, pero por ahora, era mejor estar tranquila.

—No es necesario —susurro mientras miraba las facciones tenues del muchacho, era aun joven, bastante, especialmente para alguien de su especie...—, solo necesito descansar, pero todo estará bien, de todos modos, ellos me encontraran.

—¿Ellos? —Preguntó mirando para todas partes, como con la sensación de que alguien lo seguía—, ¿estás en problemas? Lo mejor será que te vayas entonces. —Ella no dejó de fruncir el ceño y negó con la cabeza—. ¿Qué pasa? A lo mejor hay cómplices y te harán más daño, ¡mírate! estas sangrando. Hay que alejarnos. Vente —le extendió la mano, olvidaría la motocicleta y huiría con ella ¿a dónde? A un meollo de problemas, de eso estaba seguro.

Estaba sorprendida, no era del todo común que alguien de su especie le extendiera la mano, ¿acaso se daba cuenta del peligro al que se enfrentaba? talvez no, además en su mente y en sus oídos podía escuchar las voces de los que eran su familia, aún así, miro los ojos del muchacho, que no sabia lo que era para sonrió.

—¿Quieres que vaya contigo? —se mantuvo en silencio mientras movía su cuerpo sigilosamente—. No es nada, ya lo dije antes y lo reitero.

De nuevo su instinto lo aconsejó alejarse de ella, correr. Había hecho lo posible para que estuviera bien, y ella lo había rechazado, ya no podía hacer más. Era hora de correr.

—Insisto... yo no te quiero hacer daño, sólo... me preocupo —Pero nunca le había hecho caso a su instinto.

Ante la insistencia decidió probar hasta que punto podía atreverse el muchacho, y enfrentarse a ella; así que solo lo miro y extendió su mano, suavemente bajando la suya, en la luz alejada que brillaba de algunos edificios aledaños a la bahía, el podía observar la sangre que manchaba sus manos.

—Solo necesito un lugar para limpiarme las manos, el agua... camino al puente hay un lugar —y camino delante de él, aun con la mano sosteniéndolo. Aubrey era peligrosa pero mas peligrosos eran sus familiares que tardeo temprano la encontrarían.

Sean apenas pudo sentir cómo su mano rozaba la suya, porque fue muy rápido el instante en que ella la quitó y se puso delante de él.

—Claro —volteó a ver a una sombra inmóvil y de nuevo se activaron sus malos presagios. "ya basta" se dijo y la siguió. Caminó detrás de ella aun volteando si alguien venía siguiéndolos. Pero también intentaba ocultar la aberración que sentía por ese olor de sangre que ella impregnaba. Ella volteó y él sólo pudo disimular que nada pasaba y sonreír. Caminó hasta alcanzarla y de nuevo sonrió. Ella lo miró de forma extraña, lo puso nervioso—. Por cierto... Me llamo Sean Osman —quiso extender la mano, pero tenía miedo de que ella no la estrechara de nuevo—. ¿Cómo te llamas?

Aubrey se sorprendió un poco, ahora sabia el nombre del extraño muchacho. Le había revelado el nombre de su familia y de su clan. Estrecho la mirada, talvez era demasiado inocente o demasiado estúpido, pero comenzaba a agradarle; miro su mano y observo las manchas de sangre humana, en la oscuridad apego la mano hacia su rostro, lamiendo las manchas de sangre al pasar sus dedos sobre sus labios para limpiarla delicadamente, sin que él se diera cuenta, para después, extenderla...

Tomó su mano unos segundos y después la volvió a soltar, el olor a cobre y muerte aun estaba presente en el ambiente que la rodeaba, dudando unos segundos lo miró con intensidad y finalmente habló.

—Me llamo... —Un auto se detuvo, un deportivo Pigeon de color rojo sangre y sus ojos dorados se desviaron hacia ahí, fue entonces que prestó atención a la figura peligrosa que se aproximaba con un galante caminar sensual. Charlotte no aceptaría su experimento... no aceptaría al chico ni siquiera por curiosidad—. Ven conmigo — susurro tomando su mano y comenzando a correr en dirección hacia el puente Golden Gate.

Fue un jalón que no le dio tiempo a reaccionar.

Ella lo empezó a llevar con una fuerza poco ordinaria para ser sólo una chica. De nuevo volteó y vio una sombra a lo lejos. Pensó inmediatamente en "ellos" y corrió al paso de ella. Si no hubiera estado ocupado pensando a dónde escapar le hubiera extrañado que ambos corrían a una gran velocidad y sin ningún esfuerzo, pero eso no le interesaba, sólo necesitaban huir. Estaban dejando el puente y entraban directamente a los embarcaderos, una parte aun más oscura que la anterior.
Esconderse ahí era un buen plan, ocultarse entre las sombras. Al parecer ella había pensado lo mismo pues rápidamente entraron a una bodega llena sólo de cajas y con un fuerte olor a pescado. Al menos eso ocultaba ya el olor a sangre.

Segundos después Aubrey frunció el ceño, talvez porque no era como solía actuar, pero desde hace muchos siglos que no sabía exactamente lo que era, así que se mantuvo quieta en el silencio. Fueron varios segundos de un mutismo incomodo.

—Aubrey —susurró lánguidamente como si analizara sus palabras con lentitud.

—¿Perdón? —Sean preguntó confundido cuando logró escucharla, pero no entendió bien a qué se refería—. ¡Ah! ¿Ese es tu nombre? Pensé que habías olvidado que te lo pregunté —Aubrey alzó una ceja. Parecía que se estuviera divirtiendo—. Mucho gusto —le quiso extender la mano, pero en ese momento ella lo jaló hacia un pequeño hueco entre las cajas.

Tratando de ocultarlos, Aubrey aún podía sentir la presencia de Charlotte, demasiado cerca. Odiaba esa parte de ella no podía tener ni un minuto de privacidad porque sus dos “guardianes” parecían revolotear como murciélagos en la cabeza del otro, trato de ocultar sus pensamientos, ponerlos en blanco como si no existieran. Ni si quiera se dio cuenta de que tenia al muchacho entre sus brazos o que lo tenia muy cerca de su pecho junto a su ropa manchada de sangre.

El olor a pescado y sangre era penetrante. Sean hubiera disfrutado mucho estar en el pecho de una mujer, de verdad que sí, adoraba cuando su esposa lo acurrucaba en su pecho, pero en ese momento no podía ni aprovecharlo ni disfrutarlo. ¿Qué tipo de rufianes estaban tras de ella? Debía ser algo muy malo porque su rostro no reflejaba nada, era como si se hubiera quedado de piedra.
—Aubrey... ¿pasa algo? —ninguna respuesta. Trato de hacerse a un lado, pero ella era literalmente piedra, no podía separarse de ella.

Aubrey continuó en su estado catatónico hasta que sintió como la presencia asesina de Charlotte comenzaba a desaparecer; entonces con frialdad alejó al muchacho de ella. Lo miro unos segundos y forzó una sonrisa, algo aparente y luego se quedo en silencio.

—No lo sabes, no es así, no siquiera lo sospechas —sonrió, incluso porque era interesante hablar con alguien mas allá de lo que ella era, además quería estar sola y descubrir en que punto podía experimentar ciertas cosas...

—¿Saber qué? —susurró Sean confundido y al fin de pudo hacer caminar hacia atrás. Pero parecía ser que ella lo seguía mirando con burla—. ¿De qué hablas o qué? —abrió los ojos como plato—, ¿tú también eres una ladrona? ¿En realidad tú atacaste a esas personas?.

Se sintió burlado y tonto.

Aubrey abrió los ojos unos segundos, no sabia si reír o continuar aparentando que no era lo que parecía ser, se acercó lentamente y colocó la mano sobre la mejilla del chico para curvar sus labios en una mueca perturbarte pero atractiva a algunos su sonrisa podía parecerles hermosa aunque distante y a otros conforme aplicara emociones o nada al respecto podía ser la risa más cruel que hubiera visto.

—Supongo, que dentro de mí… talvez si soy un ladrón —susurró mientras se alejaba, para salir de aquella bodega, el olor a pescado le desagradaba. El peligro había pasado, por el momento y deseaba algo de aire. El joven la siguió y observaron las luces del puente—. Deberías regresar a casa, no es seguro —mencionó como si se tratara de una madre hacia un niño, considerando que ella tenia unos cuantos siglos de edad más que el muchacho.

Sean enarcó una ceja, pasó de no entender nada a sentirse tonto. Pero en realidad no entendía la actitud de ella.

—Quizás tienes razón —dijo. Ya había olvidado el miedo, pensar que ella era una ladrona lo había decepcionado. Trataba de no mirarla—, pero no me importa que no sea seguro. Si me puedo morir ahora mismo, mucho mejor.

Aubrey lo miró con curiosidad, era extraño escuchar una respuesta como aquella, era el primero de su especie que tenía tan... poco ánimo hacia la vida.

—¿Por qué? —pregunto curiosa como si quisiera comprenderlo, pero era demasiado complicada, demasiado… fría para él—. ¿Por qué quisieras estar muerto? —y talvez demasiado imprudente.

—Porque ya estoy muerto por dentro. Sólo me falta morir físicamente y listo —dijo con ligero sarcasmo—, perdón, tienes razón, lo mejor es que me vaya —se hizo para atrás y ella no se inmutó, miró sus ropas elegantes manchadas—. ¿Qué fue lo que pasó de verdad? ¿Te atacaron o atacaste tú? Por que si fuiste tu quisiera saber cómo pudiste hacerlo...

En un principio Aubrey sintió curiosidad por aquella respuesta, pero pronto la desechó de su cabeza porque poco o nada recordaba lo que estar con vida. En silencio mientras el continuaba hablando miro sus manos un instante.

—¿Qué sabes de los tuyos? —preguntó mientras miraba sus uñas pintadas de negro y manchadas de sangre. Sean la miró confundido, como atontado. Aubrey continuó—. Los tuyos están vivos, aunque quieren estar muertos, es una ironía muy… extravagante, incluso en mi lugar, te aseguro que hace mucho tiempo, se lo que estar muerto — sonrió de forma seductora como si quisiera jugar un juego o como si estuviera poseída por algo que no era ella misma—. ¿Quién es el atacante y quién es la victima, si una niña es violada y en su defensa asesina al violador, entonces… ¿quién es la victima? todos tenemos un poco de ambos, ¿no crees? —por su monólogo iba a asustarlo sin intención alguna, talvez era lo mejor pero el experimento iba a terminar y talvez con el su cordura.

—¿Los míos? —Sean tardó en reaccionar ante la cantidad de palabras que ella había dicho y se dio cuenta de cómo miraba ella sus manos y los pasaba sobre su ropa tratando de encontrar algo fresco.

Su instinto se activó de nuevo: "aléjate" "corre" "huye", pero en lugar de eso él se quedó de pie tratando de conectar cables.
—Todos somos capaces de asesinar. La diferencia es le motivo por el cual hacerlo.

"Corre"

"No, hay algo más en ella"

Miró su sonrisa y sus ojos brillantes. Ella dio un paso a él y él dio el paso atrás. Entro una cierta adrenalina, algo extraño en él, algo que jamás había sentido y que ella lo estaba activando.
—¿Qué eres? —preguntó al no hallarse por si mismo respuesta.

Cuando lo escuchó, Aubrey sonrió, “bingo” pensó y continuó acercándose a él, talvez porque estaba perdiendo la cordura o porque encontraba la situación demasiado divertida, además su familia la estaba buscando y él debía comprender lo que ambos eran.

—Porque no le preguntas al jefe de tu familia —respondió inquisitivamente mostrando en el proceso sus dientes afiliados, algo que no era normal en nadie, y entonces se acercó al joven y extendiendo su mano, tomando su mentón entre sus dedos. Los ojos azules de Sean la miraban, estaba asustado, pero si supiera la magnitud en habilidades talvez hubiera sido mas interesante aquel bizarro encuentro. Entonces, Aubrey subió su mirada y pasó sus labios por su mentón bajándolos hacia su cuello y extendió sus colmillos sobre la piel.

Fue solo un roce, antes de separarse con brusquedad y comenzar a caminar hacia el lado contrario, la brisa marina rozo su rostro pálido mientras sonreía con crueldad.

—Bienvenido a la ciudad de los vampiros —declaró en un susurró que solo ella podría escuchar, mientras se retiraba los tacos negros y extendía sus manos hacia su propia piel arañándola comenzó a alejarse sin decir nada más.

Sean permaneció en su lugar, recordado los segundos anterior donde sintió algo muy parecido al miedo. Había dicho que quería morir y por primera vez parecía que alguien le había respondido. Podía hacerlo, no tenía que adivinar más qué era Aubrey. Se lo había dicho con sus acciones.

Recordó el aliento frío en su cuello cuando de nuevo todo él le pedía que corriera, que se alejara, pero no podía, estaba peleando contra su instinto y su voluntad. Había cerrado los ojos, como esperando que lo matara. Ahí mismo, en ese momento. Pero la forma en que ella lo alejó lo desconcertó. Sin decir mucho pronto ella se fue con una sonrisa en la boca, burlándose de él, de ella misma.

Recuperándose se borró eso parecido al miedo. Y sólo pudo ver que ella había desaparecido entre las sombras, cuando eso sucedió al fin se pudo moverse, y trató de ir tras ella, pero era inútil.

Sintió algo en su barbilla. Sangre, la sangre de sus manos ahora en él. Su corazón se aceleró. Debía encontrarla de nuevo, pero primero regresaría a casa a hablar con Dante.

Le debía explicaciones.




Cuando Aubrey miró la luna en el cielo, lejos ya del puerto de la ciudad; sonrió con placer mientras saboreaba la sangre que había probado del muchacho. Sean, si recordaba bien era su nombre, tenía mucho que aprender de el mundo más siniestro en el que sus razas vivían.

Iba a ser divertido enseñarle.




Continúa.



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