Inmortal Wind {Intro}

Titulo: Fumetsu no Kaze
Capítulo: Prólogo
Autor: Vejibra Momiji
Fandom: Card Captor Sakura/Original
Reseña: Hay guerras que nunca terminan.

Prólogo


Estaba seguro de que iba a perder la cabeza, y a la vez estaba tan acostumbrado a la muerte que no sentía ninguna clase de remordimiento. Era su deber, enviado a la guerra cuando apenas cumplió los 14 años, no tenía más principios o necesidades que no fueran las de proteger a su país. Aún así después de que sus manos se cubrieran de sangre, solo respiro agitado y guardo su espada.

Sus ojos se dirigieron al resto de soldados que se encontraban en la escena, y mirando hacia el cielo dejo que el aroma de los árboles de cerezo que crecían a kilómetros de distancia, se entremezclaran con sus recuerdos. Aquellos que solo traían a su mente a la persona que más amaba en el mundo.

En un suspiro pronunció su nombre "Feng" y anheló estar con ella mientras recorrían los campos y los jardines alrededor de su casa, pero pronto la realidad se empeño en sacarlo de sus únicos recuerdos y acosarlos para una nueva batalla. Los soldados de sus enemigos se acercaban, superándolos con creces.

Xian empuño su espada, mientras se dirigía a la lucha, como siempre lo había hecho. Entonces en un descuido una flecha se incrustó en su pecho. Dolorido cayó al suelo, mientras sostenía entre sus manos la tierra seca y manchada de sangre.

Cerró los ojos, mientras entre la bruma y la neblina de la muerte escuchaba la voz de Feng que lo llamaba, y terriblemente, otra, totalmente desconocida, que prometía algo mejor.



Continúa

Red Wine [Capítulo 4]

Titulo: Red Wine (Vino Rojo)
Capítulo: IV
Autor: Vejibra Momiji
Fandom: Original
Reseña: Los secretos que guardamos, como esqueletos en el closet, perseguirán a los hijos de nuestros hijos hasta el fin del universo.

Capítulo IV ~ Monster

Ser los últimos de su familia, sobre todo el lider de una raza casi extinta, era ante todo, un peso con el cuál no podía cargar. Tomando un asiento respiro profundamente, listo para aclarar las dudas de su sobrino o al menos tratar de calmarlo. Aunque en el fondo aún no comprendía del todo porque la vampira no había asesinado a Sean, como era... normal.

Después de explicarle básicamente lo primero, espero que la respiración de Sean se calmará y él pudiera, continuar. Hubo un largo silencio, sabía que el muchacho estaba procesando cada detalle de lo que él había dicho, y entonces, preguntó.

—¿Acaben con nosotros? —podía escuchar los pasos nerviosos del chico, de un lado para otro, y moviendo su bastón lo golpeo en el piso de madera, provocando un estruendoso eco para que el chico se calmará.

—Toma asiento —le ordenó Dante, mientras estiraba su mano en busca de los cigarillos cubanos que solía fumar en ocasiones donde la conversación se iba a tornar... confusa. Cuando escucho que se sentaba, encendió su cigarrillo y le dio una larga bocanada y rió—. Escucha con mucha atención...

—¡Pero..!

—¡Escucha! —Dante se quedo pensativo largo rato, en las sombras de su oscuridad trato de remontarse a su infancia cuando quedaron huérfanos, su hermano mayor, el padre de Sean y él. Los únicos de su línea familiar, y fue en ese entonces que  había quedado ciego... volviendo a la realidad suspiro—. Tu sabes que somos una familia adinerada, aunque tu padre se empeño en hacer una vida normal, incluso al conocer a tu madre... hay veces que simplemente no puedes ignorar tu linaje.

El silencio se hizo turbio en ese momento.

—Ya te lo dije, lo que somos es un don —fumo un poco —, lo que eres es un don, para proteger a la raza humana de los seres de la noche... usualmente podemos transformarnos a nuestra voluntad, pero es algo que debes controlar, con la primera luna llena que se acerca... con forma humana eres más débil que ellos —suspiró largamente —, nosotros somos únicos, o al menos... ahora, somos los últimos— nuevamente quedo en silencio, y tomo el silencio de Sean como un acierto a las circunstancias—. Tres noches atrás, antes de que llegarás de Francia... sucedió algo..

—¿Qué?

—Dije que no me interrumpieras —Dante recalcó —. Una familia igual a nosotros, del clan del lobo blanco, los últimos de su especie... fueron asesinados —recordó largo rato la noche en que la familia había sido descubierta—, desde que mis padres murieron, tu padre se aseguró que jamás nos encontrarán, cambió nuestros apellidos, se hizo de otro nombre... conoció a una bella jovencita humana, tu madre, y se caso con ella para después viajar... por el mundo y luego tuvo que morir, dejando a mi cargo un mocoso que no tenía la menor idea de lo que era, y dejo está familia cuando pudo para nuevamente volver...

Sonrió levemente, porque Sean estaba furioso, podía notarlo en su respiración, aunque no le dijo nada, lo que lo sorprendió bastante.

—Nosotros somos el clan del lobo rojo, nuestro deber es... proteger a los humanos, y volver a restaurarnos. Sin más clanes que existan al momento, es tu deber, como mi sobrino... continuar con nuestro linaje, junto con la única lobo puro de nuestra familia.

—¿¡Juliet!? —grito exasperado Sean —. ¡Es mi prima lejana!.. Es familia...

—Lo sé, y no lo veo poco adecuado —fumo largamente y paso una mano por su frente —. Le mentí a Juliet, diciéndole que ella provenía del clan de los lobos blancos... no es verdad, ella es... es mía— rió un poco y suspiro —, pero su madre si era parte del otro clan, lo que hace de Juliet... "única". Ha pasado generaciones desde el último lobo que nace de dos lobos... como ella, y quiero que tu Sean, comprendas, la terrible situación en la que nos encontramos.

—¡No lo entiendo! —respiro agitadamente —. ¡Juliet es mi prima!... !Es incesto!

—No lo és — hubo un largo silencio —, y ella te necesita. —con dificultad se levanto de su lugar y tomo el basto que lo ayudaba a ubicarse por la sala —. Aún no me explico porque aquella... criatura no acabó contigo, pero tengo dos cosas muy claras Sean... — se sentó en su escritorio y golpeo una silla, sacando a relucir una serie de armas de antaño y salidas de novelas de vampiros detrás de su cabeza —. Es una guerra, y somos los últimos que quedamos. Debemos pelear, luchar y sobrevivir. Es tiempo que afrontes la realidad de la que llevas huyendo casi toda tu vida.

Hubo un largo silencio, y Dante sonrió con ego.

—Es tiempo de luchar, y te guste o no, esa es la razón por la que regresaste a casa —golpeo nuevamente su bastón contra la mesa, provocando que el arma escondida en el apareciera —, y es la misma razón por la que ella se acercó a tí.




Continúa.

La reina, el caballo y el alfíl [Capítulo 2]


Titulo: La reina, el caballo y el alfíl.
Capítulo: 2. La Ilusión.
Autor: Vejibra Momiji
Fandom: Original
Reseña: Algunas veces tenía la ilusión de que despertaría en cualquier momento, y fue entonces que todo cambió.

Capítulo II ~ La Ilusión.

Cuando era niño, Ethan solía pensar que las historias sobre fantasmas eran ciertas. Durante horas se escondía debajo de su cama en el castillo de los duques, y pensaba que si permanecía en las sombras, nada iba a lastimarlo.

Lamentablemente, cuando se atrevió a ir a la guerra santa, nada volvió a ser lo mismo, y se dio cuenta de que los fantasmas, monstruos y asesinos podían perseguirlo por toda la eternidad en la carne misma de los seres humanos.

Ahora, siglos más tarde, volvía a recordar todos los eventos pasados que lo condenaban como sueños e imágenes que lo atormentarían eternamente. De aquellas cosas estaba cansado de pensar, buscar y proceder como le fuera posible, viviendo en la oscuridad como de niño solía hacerlo. Sin embargo, aquel encuentro fortuito que había sucedido minutos antes le daba una incógnita sobre lo que realmente estaba haciendo.

No sabia quien era aquella vampiresa, era hermosa, lo admitía, pero no estaba listo para entablar una "amistad" con alguien como él. Aunque se había dado el lujo de hablar con ella y darle su dirección, sin ni siquiera titubear.

En silencio, mientras continuaba caminando, pensó en todos aquellos pequeños detalles; finalmente decidió que no era importante y prefirió pasarlo desapercibido para sumergirse en su soledad hasta llegar a su departamento en Greenville. Aquel sitio era un lugar cómodo, "agradable" en lo que dicha palabra podía significar para una criatura como él.

Un monstruo que predaba en las noches y vivía como un escritor humano, huraño y déspota en el exterior. Sonrió levemente ocultando su rostro mientras tomaba un cigarrillo de su bolsillo y comenzaba a fumar.

No podía sentir nada, ni siquiera el sabor de la colilla en sus labios. Era una sensación ausente de inexistencia y aún así trataba de pretender de que eso era él, buscando un ser humano en su interior que no existía, sin retirar de sus pensamientos aquella cautivamente y misteriosa vampira.

Hizo una mueca con sus labios, estaba equivocado, no podía dejar que aquella hermosa vampiro se adentrará en su mundo... Entonces, ¿Por qué le había dado su dirección?. Era un misterio propio, un ademán de maldición que se propagaba como una enfermedad por sus venas y sus sentidos.

Abriendo la puerta de su lugar de descanso se dispuso a olvidar todo aquello que lo aquejaba. Entonces una sombra se escabulló entre los pasillos. Aturdido encendió inmediatamente la luz. Sus ojos azules habían tomado en un tono más peligroso, como de un felino acechando a sus presas.

En silencio observó a la figura delante de él.

¿Qué haces aquí? susurró mientras dejaba su abrigo en una esquina, la figura se cruzó de brazos y no respondió, ante dicha actitud el vampiro se tornó más autoritario. No deberías estar aquí, es peligroso, especialmente en la noche...

Estaba... preocupada respondió la figura mientras se levantaba la capucha del hoodie color caramelo que llevaba, Ethan quedó en silencio mientras admiraba las facciones de la pequeña de catorce años delante de él. Sus ojos poco a poco se oscurecieron. No fuiste a verme...

No, pude hacerlo.

Ethan murmuró la pequeña mientras se acercaba a él. Su cabello era dorado y rizado como de una muñeca, no obstante sus facciones era infantiles y sonrosadas. El vampiro ahogó un leve gemido, podía sentir la sangre cálida de la muchacha bajo sus venas. Era una tortura tenerla cerca, aún así, la niña insistía en verlo y permanecer a su lado.

Chloe... sabes que es muy peligroso que te quedes conmigo murmuró suavemente para después colocarse frente a la jovencita. La muchacha cerró los ojos molesta.

Odio el centro de adopciones, odio las familias sustitutas... ¿Por qué no simplemente puedo venir aquí? Ethan colocó una mano sobre la cabeza de la chica y la removió como si ella fuera un pequeño cachorrito, una leve sonrisa se formo en sus labios.

Sabes lo que soy, es peligroso si permaneces a mi lado... en ciertos momentos –sus ojos se volvieron fieros nuevamente, Chloe retrocedió un instante, algunas veces podía sentir el miedo que la acosaba desde que sus padres habían muerto. No obstante su necesidad de una familia la obligaban a mantenerse en pie.

Lo entiendo... pero...

Nada de peros susurró. Iré a dejarte con la señora Newsport. Es más seguro que permanezcas ahí.

Eres un ser extraño Ethan la jovencita se cruzó de brazos.

¿Por qué lo dices?.

Actúas como si fueras un ermitaño, no obstante siempre... me cuidas Ethan sonrió, pero no dijo nada, abriendo la puerta, y llevó a la muchacha fuera del departamento, en la oscuridad del pasillo sus sentidos se alarmaron, podía oler sangre.... y muerte.

Debía llevar a la pequeña a un lugar seguro, lo más pronto posible.

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No tardaron mucho hasta llegar a la casa hogar, dónde dejo a la joven sin que está fuera vista. La muchacha solía escaparse para visitarlo, era una costumbre que había adquirido desde pequeña, cuando se conocieron.

Al despedirse Ethan frunció el ceño. No era normal, su actitud hacía la pequeña a quién trataba de proteger a toda costa. En el fondo de su alma el vampiro comprendía que la razón por la que mantenía a la niña cerca de él era la culpa.

Después de todo, sino fuera por él, los padres de Chloe, aún estarían vivos.

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Regreso al departamento, la oscuridad cubrió el salón donde se encontraba, mientras miraba la computadora e intentaba tener al menos el primer borrador de su próxima novela. Estaba concentrado en su propio drama, cuando un aroma inundo sus sentidos.

Intrigado cerro sus ojos mientras recordaba dicho aroma y ante su sorpresa escucho el timbre de la puerta sonar, un poco más curioso, se levanto de la silla y se encamino hacia la sala principal. Mirando por el rabillo de la puerta, una sonrisa se formo en sus labios.

Ahí, parada frente a su departamento, se encontraba la bella vampira del día anterior. Sin demora abrió la puerta y la miro de la cabeza a los pies.

Pensé que no vendrías... susurró y le dio espacio para que ella entrará. Ethan era un vampiro solitario, lo había sido durante siglos, pero tenía la mala costumbre de proteger a una niña humana.... y anhelar la compañía de una bella vampira como ella.

Él sabía que ella era diferente, mirando sus ojos, le sonrió y le invito un "trago".



Continúa.

Covert § Capítulo 1 §

Titulo: Covert
Capítulo: Capítulo1
Autor: Sabrina Knight
Fandom: Los tres mosqueteros//Original
Reseña: A pesar de nuestras diferencias, nuestros sueños son los mismos.

§Capítulo 1 - Sueños de Libertad§

 Bianca despertó, como siempre, de un brinco justo al notar el sol en su rostro. Se estiró tanto hasta que sus huesos tronaron y, tan pronto como se sintió segura, tocó la campanita que tenía en su habitación y se fue a esconder detrás de su biombo.

Seth despertó luego de que su madre lo tirara de la cama. El sol aun no salía y no había reparado su cansancio del día anterior. Caminaba arrastras tratando de no tropezarse con su propio pie, ni de cerrar los ojos en el momento en que entrara a la cocina para que su madre no lo regañara.

- Toma - le dio una bandeja - ya sabes a dónde llevarla. - Seth asintió y dio la media vuelta - Y Seth... - el chico volteó y su madre le echó un vaso de agua fria en el rostro - Ya despierta.

Seth despertó de golpe, el agua le había mojado las ropas y le había dejado el rostro escurriendo. Su madre sonrió orgullosa de su maldad, y él, sin quejarse se dio la media vuelta y salió llevando la bandeja en la mano. Hasta ese momento Seth se dio cuenta de que el sol ya había salido.

- Date prisa - ordenó Bianca a su dama de compañía, que de inmediato le apretó los cordones de su corset para amarrarlos de inmediato. Bianca dio vuelta y la muchacha le puso encima un vestido violeta con blanco. Amarraron los cordones y Bianca se dio por lista para salir de su habitación con tanta prisa como si un regalo la estuviera esperando afuera.

Seth acomodó la última veladora mientras que su padre ordenaba las gardenias en su lugar. Su padre, hombre ya con varias canas encima, algo pasado de peso, y con afable rostro le había contado muchas veces de la persona que ahora visitaban y acomodaban la tumba.

- La Condesa era una mujer tan bella... - decía mientras terminaba de poner la última gardenia.
- ¿Más que Bianca?
- En realidad Bianca es identica a su madre. - Su padre se hizo atrás y miró con detalle hasta que le pareciera perfecto - ¿Ya no la recuerdas, verdad?
- Muy poco, casi no.
- Ella te quería mucho.
- Eso sí lo recuerdo. - Su padre dibujó una sonrisa y dio un suspiro largo. - ¿Qué pasa?
- Nada. Sólo recordaba a la Condesa. Era una muy buena mujer, una excelente patrona, pero...
- ¿Pero...? - el padre de Seth se encogió de hombros.
- Aun pienso que murio demasiado joven. Le faltaban tantas cosas por vivir.

John, el padre de Seth y encargado de las caballerizas por más de 20 años, sabía lo que decía, sabía que el suspiro que daba era por extrañar a una buena amiga, aunque claro, su hijo ignoraba todo, para Seth lo único que quedaba de la Condesa Leicester era la tumba, viejos recuerdos y su hija, Bianca.

- ¡No me digan que ya terminaron! - reclamó Bianca que había llegado corriendo. - ¡No es justo! - dio una patada al piso y cruzó los brazos en simbolo del berrinche que ya estaba haciendo.
- Claro que no hemos terminado - respondió John con una sonrisa, fue atrás de la tumba y de ahí sacó un ramo de lirios blancos. - Eran los favoritos de su madre.

Bianca los recibió con tanta alegría que hasta el rostro le había brillado. Los olió y pudo rescatar ese bello perfume.

- ¡Es delicioso! Mi madre debió de amarlos por el olor.
- En realidad su madre amaba el olor de las gardenias. Lo que amaba de los lirios era...
- Era que le recordaban viejos viajes que tuvo en su juventud. - interrumpió el dueño de todo, el viudo y padre de Bianca, el Conde de Devonshire. - Tonterías que jamás se pudo sacar de la cabeza.
- ¡Padre! - Bianca corrió a abrazar a su padre y él la recibió con el mismo cariño.
- Te dije Bianca que me esperaras para llegar juntos a la tumba de tu madre.
- No podía esperar, tenía que ayudar a arreglarla. Quiero que todo esté perfecto para mi madre. - Bianca miró la tumba y sonrió al leer el nombre de su madre:

"Cosette Gaunt, Condesa de Leicester
1609 - 1633
Recuerdo de su esposo y su amada hija"

Había muerto tan joven.Su padre había dicho que de una enfermedad grave que ella nunca pudo ver. Aunque a Bianca le había parecido que su madre había muerto de tristeza.

El Conde había decidido empezar a orar, así que Seth y John se colocaron detrás de ellos para comenzar las oraciones. Bianca le había dirigido al joven una sonrisa a lo que él no pudo ocultar sonrojarse y acto seguido tropezar con una piedra del camino. Bianca rió, el Conde ni siquiera se percató.

John miraba atrás bastante preocupado, Seth sabía perfectamente a qué se debía. Su madre, Noleen, había sido dama de compañía de la madre de Bianca y cada año acompañaba a recordarla. Era muy extraño que no estuviera ya ahí, a sabiendas de que no se iba a perdonar si se perdía las oraciones.

Entonces Seth pudo notar algo extraño que su padre también había visto. Noleen iba en camino, pero acompañada de alguien más.

El chico reconoció de quién se trataba. Un viejo amigo de la Condesa, que año con año los acompañaba en esas fechas. Noleen no podía ocultar la molestia que sentía al estar junto a esa persona, pero por educación tenía que tragarselo. El hombre al reconocer a John y Seth alzó el brazo en forma de saludo que ambos respondieron.

Seth sentía admiración por ese hombre, tan fuerte, varonil y tan noble. Era un mosquetero del rey, bueno, lo había sido, pero la habilidad y la destreza era algo que admiraba. Seth quería ser como él.

El Conde y Bianca estaban demasiado consentrados en las oraciones para darse cuenta de lo que pasaba, así que John los interrumpió y ambos voltearon. Bianca corrió hacia él con emoción. El Conde lo miró con desgano y fastidio. Hasta en eso tenía que entrometerse el viejo amigo de Cosette, el Conde de la Fère.

- ¡Athos! - el hombre abrazó a la chica emocionado.
- Mi hermosa Bianca.
- Que bueno que llegaste, estábamos rezando por mi madre y...
- Bianca. Cuantas veces te he dicho que al Conde de la Fère le llames así, con respeto.
- Conde, por favor, no se moleste. Mi ahijada tiene la libertad de llamarme como quiera.
- Pero no el permiso - Bianca torció la boca. Ella sabía que no debía hacerlo, al menos no frente a su padre, pero la emoción le había ganado y no lo pudo evitar.
- Lo siento padre. - dijo ella cabizbaja, aunque Seth fue el único en notar que lo hacía poniendo los ojos en blanco. Odiaba que la regañaran.
- ¿Qué hace aquí Conde? No esperábamos su visita y menos un día como hoy.

El Conde de la Fère sólo sonrió y miró la tumba de Cosette.

- Quise aprovechar un viaje que tenía pendiente, además, pronto será el cumpleaños 16 de Bianca y quise darle un regalo personalmente.
- ¿Un regalo? - preguntó la chica con los ojos brillándole - ¿Qué es Conde?
- Lo que sea - reclamó su padre poniendo severa y dura la voz - tendrá que ser después de rezarle a tu madre.
- Por supuesto Conde. Jamás me atrevería a estar antes que la Condesa.

Los condes se miraron, uno no podía evitar que el odio se le saliera por los ojos, el otro no podía evitar retarlo. Todos regresaron a las oraciones, cada uno recordando a la Condesa, a Cosette, de la forma en que la tenían en la mente.

Bianca sonreía. Era verdad que tenía pocos recuerdos de ella, había muerto cuando ella apenas tenía 6 años y pocas cosas se le pudieron quedar en la cabeza. Lo que tenía más presente eran las sensaciones, los olores, la felicidad que le causaba su compañía. Es más recordaba el gesto que siempre hacía cuando su padre le obligaba a aprender a coser, mientras que ella le quería enseñar a montar.

No podía evitar sentirse nostálgica, y a pesar de sonreír ante el recuerdo, soltó varias lágrimas. ¿Qué habría sido de Bianca si su madre siguiera viva?

Athos se persignó, mientras que los demás sólo dieron un paso atrás antes de marcharse. El Conde de la Fère miró un segundo más la tumba y sonrió lacónico. Suspiró y siguió a los que iban camino al castillo.

Llegaron al castillo y de inmediato Noleen y Seth retomaron sus puestos como sirvientes del castillo, los condes y Bianca se acomodaron en la sala donde Noleen llegó con una bandeja con Whisky y Vino, pidió permiso y salió de ahí. Bianca no podía dejar de brincar de la felicidad.

- ¿Qué es lo que ha traído para mi Conde?
- No seas impaciente Bianca - dijo su padre con el mismo tono severo que le conocía su hija en cada visita del Conde de la Fère. Bianca dejó de brincar y se hizo para atrás. - Conde, de verdad espero que su visita sea breve para poder retomar nuestras vidas y usted siga su camino, así que...
- No se preocupe Conde - interrumpió Athos - mi visita es breve, tengo que regresar a Francia.
- ¿Por qué? - preguntó Bianca a lo que su padre inmediatamente la miró y Bianca calló.
- Sólo estaba aprovechando un viaje de negocios, en la noche parto rumbo a París. - Bianca no pudo evitar poner la cara larga. - así que no perderé el tiempo. - abrió su saco y de ahí sacó una pequeña caja que entregó a la joven. - tu madre me pidió dártelo hace muchos años, me pidió hacerlo cuando tuvieras edad de lucirlo.
- ¿Lucirlo? - la joven, completamente intrigada, abrió la caja y de ahí vio maravillada una hermosa pulsera plateada con varias piedras preciosas de diversos colores. - ¡Es hermoso! ¡Mire padre!

El Conde miró la caja apenas de reojo.

- ¿Por qué tenías tú un objeto así de mi esposa?
- Porque ella me lo dio para Bianca.
- ¿Qué tenías que hacer tú con una joya de mi esposa? No la habrás robado y empeñado para obtener unos centavos y después queriendo tener la conciencia tranquila la sacaste para dársela a su dueña?
- ¡Padre! - exclamó la chica avergonzada, pero el Conde de la Fère sólo sonrió.
- Es una excelente historia en realidad. Y tendría sentido excepto por una cosa: yo no me robo, ni tomo a la fuerza cosas que no me pertenecen, porque yo sé que aunque estén conmigo, jamás serán mías.
- ¡Conde! - exclamó la chica, no era la primera vez que Bianca se quedaba en medio de una riña entre su padre y su padrino - Conde, muchas gracias por el regalo, me encanta y estoy segura que a mi madre le encantaría vérmelo puesto.
- Nada la haría más feliz. - Bianca abrazó a Athos y enseguida intentó ponérsela. - Tranquila mi niña, sino te la pones ahora será en un momento especial.- le sonrió a la chica y ella le respondió de la misma forma. - Bueno, - miró el reloj - es hora de que parta.
- ¿Tan pronto?
- Por supuesto, necesito estar en Paris mañana mismo, así que no debo perder tiempo. - El conde no dejaba de mirar a Athos inquisitivamente - además, no me gusta perder la tradición de jamás beber el vino que siempre trae Noleen.
- Es una costumbre que jamás dejaré pasar Conde de la Fère.

Athos dibujó una sonrisa.

- Siempre es un placer Conde. - dijo con sarcasmo - mi bella niña, tengo que marcharme.
- Lo acompaño al jardín.
- No Bianca, tú tienes que hacer tus labores del día y no puedes perder más tiempo.
- Pero coser no es algo que me agrade y...
- Es tu responsabilidad Bianca.
- Mi niña, no te molestes, conozco la salida. Además, no quiero interrumpir tus responsabilidades. - Bianca y Athos se abrazaron y entonces él le murmuró en el oído - Lee la parte baja de la caja.

Se separaron y Bianca sólo asintió.Athos le sonrió, era algo que hacían su padrino y ella cada vez que él la visitaba con su padre en casa, se mandaban mensajes en sus  obsequios, y claro, esta vez no fue excepción.

- Conde, siempre un placer - hizo una inclinación en señal de respeto.
- Me gustaría poder decir lo mismo. ¡Seth! - el chico apareció en un segundo - acompaña al caballero a la puerta del castillo, y revisa bien que no haya forma de abrir por fuera.
- Sí Conde.

Athos no dijo nada y salió dirigiéndole una sonrisa a su ahijada. Esperó unos minutos hasta saber que su padrino ya había tomado camino y pidió permiso para regresar a su habitación, él conde la concedió y Bianca salió. Hasta ese momento el Conde de Devonshire respiró, se acercó a la copa de whisky servido y lo bebió hasta el fondo. Para el Conde, las visitas del viejo mosquetero eran su maldición, era volver años atrás en donde se sentía amenazado por perder. Y él nunca perdía, nunca.

En tanto el Conde la Fère, consciente de lo que su propia presencia causaba, animó a Seth contándole una pequeña anécdota de sus años de mosquetero, una historia tan pequeña, tan alentadora que el conde sólo tuvo que decirle al muchacho:

- Yo decidí entrar porque quería luchar no sólo por mi país, por mi rey, sino por mi mismo. Sabía que en el momento en que me convirtiera en mosquetero mi vida tendría un sentido diferente, no sólo por el florete y las armas, sino porque en ese momento yo decidí por mi, por lo que quería. - Seth lo miraba fascinado - ¿Sabes qué fue lo mejor de ser mosquetero? - el chico movió la cabeza - que pude sentirme libre.

El mosquetero sonrió, le dio una palmada en el hombro y dijo:

- ¿Tu qué esperas para ser quien quieres ser y no lo que los demás quieren que seas? - el chico se quedó mudo - Nos veremos pronto Seth. Muy pronto.

Athos partió subiendo a su carruaje que lo esperaba. Seth se quedó inmóvil, esperando a perder de vista al carruaje y tratando de encontrar sentido a las palabras del viejo mosquetero. Cuando despertó de sus pensamientos regresó y cerró la puerta asegurándose que nadie la podría abrir por fuera.

Bianca había corrido una vez que puso un pie fuera de los ojos de su padre, se echó a su mesa de noche y abrió la caja completa, ahí encontró el siguiente mensaje.

Esta pulsera me la dio tu madre antes de morir, me pidió dártela cuando tuvieras edad de entender lo siguiente: "La libertad es un estado que se puede perder sólo si estás dispuesto a hacerlo".
Cada una de las piedras de la pulsera simboliza tierras lejanas que jamás pudo visitar, un viejo amigo las recogió en varios de sus viajes y tu madre se encargó de unirlas. Muchas no tienen un valor monetario, tu madre se encargó de pulirlas hasta darle el brillo que merecían. Jamás se la quitó hasta el día de su muerte.
Conserva esta pulsera y analiza las palabras. Todos merecemos ser libres.


Te quiere. 
El Conde de la Fère.

Bianca miró la pulsera con admiración, con ternura y con ciertas dudas. ¿La libertad? ¿Había sido alguna vez libre? ¿A qué se refería su madre?

Bianca le vueltas a esos pensamientos el resto de la tarde, en la cena que le servía Seth y hasta llegar a su cama donde Noleen le ayudó a quitarse el vestido.

Por otro lado, Seth había hecho exactamente lo mismo. Se preguntaba si había sido libre alguna vez y si alguna vez lo podría ser. Lo pensó toda la tarde, mientras servía la cena, cuando tiró la sopa en la cocina y hasta llegar a su cama donde los ronquidos de su padre lo arrullaban.

Esa noche, y a pesar de ser tan diferentes, Seth y Bianca soñaron con lo mismo: su concepto de libertad.


Red Wine §Capítulo 3§


Titulo: Red Wine (Vino Rojo)

Capítulo: III // Little Unrest
Autor: Sabrina Knight //Vejibra Momiji
Fandom: Original
Reseña: De nada nos sirve correr de nuestro destino y nuestra maldición.


Capítulo 3
"Little Unrest"

- ¡Dante! - gritó Sean justo al entrar por la puerta principal. Subió las escaleras gritando aun el nombre de su tío una y otra vez. Bajó y entró a la cocina, no había nadie. - ¡Dante!
- ¿Ahora qué te pasa? ¿Por qué gritas? - preguntó Juliette quien salió de su habitación con cara de pocos amigos - ¿Por qué llegas hasta ahora?
- ¿Dónde está Dante?
- ¡Yo qué sé! Trabajando tal vez. ¿Dónde estabas tú?

Sean ignoró la pregunta y fue directo al estudio, Juliette lo siguió más molesta aun.


- ¿Dónde estabas? ¿Por qué no fuiste por mí? - Sean giró los ojos, agarró una agenda y la hojeó.
- Lo olvidé - mintió.
- ¿Lo olvidaste? ¿Me olvidaste? - preguntó indignada - ¿cómo pudiste hacer eso? ¿Cómo me pudiste hacer eso?

Sean no dejó de hojear la agenda buscando el teléfono de Dante.

- Bueno, llegaste bien ¿no?

Juliette se quedó callada, con un coraje trabado en la garganta.

- ¡Eres un estúpido! - gritó y se salió del estudio.

Sean miró como se fue, pero no la detuvo. En ese momento no tenía tiempo de disculparse por lo que había dicho y lo que no había hecho. Aunque estaba seguro que se le quitaría el coraje y le volvería a hablar como siempre.

Rápidamente dejó de pensar en Juliette cuando encontró el teléfono de la oficina de Dante. Tomó el teléfono y marcó. Espero en la línea y nada. Volvió a marcar... nada.
Encontró otro teléfono de su automóvil, nada. Fue la primera vez en su vida que maldijo el hecho de no tener celular.

Sin embargo justo cuando colgó escuchó que abrían la puerta de la entrada. Corrió y encontró a su tío recién llegado.

- Dante te estuve buscando. - gritó y bajó casi de un brinco.
- Buenas noches también a ti Sean.
- Déjate de cinismos – reclamó - ¿Qué es lo que ocultas? ¿Qué eres? ¿Qué fue lo que me encontré? ¿Qué…?
- Sean, desgraciadamente, sólo tengo la capacidad de responder sólo una pregunta a la vez. Tranquilo hijo – le puso la mano en el hombro y Sean se quitó.
- Yo no soy tu hijo. Soy tu prisionero.

Dante suspiró resignado.

- No quiero tener la discusión de siempre Sean.
- Yo no quiero discutir, yo quiero respuestas.
- ¿De qué hablas Sean? ¿Qué respuestas?
- ¿Qué demonios fue lo que me encontré en la bahía? ¿Qué era ella?
- ¿Quién ella? - Sean tenía el nombre de Aubrey en la boca, pero se detuvo al decirlo. – Sean si no me dices nada ni de qué hablas no voy a saber qué responderte.
- Encontré a alguien, una persona con… sangre en la ropa y colmillos.

Dante frunció el entrecejo y, por un segundo, le pareció a Sean que lo estaba mirando. Lo tomó agresivamente del brazo y lo llevó al estudio a rastras, con una fuerza impresionante que lastimó a Sean.

Dante no lo soltó hasta llegar y cerrar la puerta. Lo obligó a sentarse en el sillón principal, su posición era muy parecida a la de un interrogatorio.

- ¿A quién encontraste?
- A… una persona.
- ¿Qué persona? ¿Era una mujer, un hombre?
- Mujer…
- ¿Cómo era?

Y Sean cambio de lado de interrogatorio. De pronto Dante estaba más preocupado e intrigado que él mismo.

- ¿Cómo era? – volvió a preguntar.
- Era… - “muy bella” pensó, pero no le podía decir eso a Dante. – joven.
- ¿Qué más?
- Rápida y fuerte.
- ¿Cómo la encontraste?
- En… en la playa, le robaron la gasolina a la moto y cuando venía para acá la encontré.
- ¿Te atacó?
- No, no lo hizo, pero… bueno, yo pensé que la estaban atacando.
- ¿Por qué?
- Yo sólo vi que alguien estaba en peligro y fui a ayudar y ahí estaba ella.
- ¿Y luego qué paso?
- Luego… - lo pensó – dijo que me fuera. Me… me mostró los dientes y… se fue.
- ¿Sólo eso?
- Sí – volvió a mentir, no sabía porqué lo hacía, su instinto le estaba pidiendo que dijera la verdad, pero su mente le decía que lo hiciera. - ¿qué es ella?
- ¿Tenía sangre en la boca?
- No, en sus ropas. – Dante se hizo para atrás y fue a su escritorio. Abrió un cajón y sacó varias hojas con escritos en braile.
- ¿Te dijo su nombre?
- No…
- ¿Le dijiste tu nombre? – Sean se quedó callado - ¿Sean?
- No – respondió – no nos dio tiempo de presentaciones.

Dante se quedó callado, sabía que Sean mentía, era un chico que se delataba fácilmente con la voz, cada vez que decía algo Dante sabía si mentía o no. Lo malo es que sabía que aunque lo torturara jamás diría la verdad. Y Sean estaba dispuesto a eso.

Hubo un silencio incomodo entre los dos. Sean ya no sabía si seguir o no, sabía que si seguía presionando Dante trataría de que le dijera la verdad y, por muy extraño que a él mismo le pareciera, no quería que su tío supiera nada sobre su encuentro con Aubrey.

- ¿Cuál es tu primera pregunta? – dijo Dante justo cuando Sean creía que ya no le diría nada. Era turno de que Sean pensara bien las cosas, qué preguntar y no ser delatado.
- Esa chica, esa sangre y los dientes ¿podría ser ella…?
- ¿Un vampiro? Sí, es lo más probable. ¿Qué fue lo que sentiste al estar con esa chica? ¿Quisiste atacarla, huir, ponerte en guardia?
- No. Bueno, una parte del instinto quiso correr y el olor a sangre me causaba nauseas.
- ¿Y por qué no te fuiste cuando te lo dijo tu instinto?
- Porque mi instinto siempre falla. – Dijo en tono de obviedad - ¿Qué tiene que ver eso?
- Tiene que ver. Si el instinto te pide huir Sean, te recomiendo que huyas.
- ¿Huir de qué?
- De aquello que te puede destruir. ¿Entiendes?
- Ella no me iba a destruir.
- Tal vez no tuvo tiempo, o se compadeció de que tu… de que tu eres joven.

Sean frunció el ceño y acercó su asiento a su tío.

- Ella dijo que no sabía lo que era.
- ¿Ella no sabía qué eras tu?
- No. – Aclaró – que yo no sabía quién era yo.

Dante se quedó callado aun leyendo el braile con sus dedos. Sean en su cabeza empezó a formular la siguiente pregunta. No debía delatarse más de lo que ya había hecho.

- ¿Cuando te dijo eso fue cuando te dijo que huyeras?
- Sí. Yo quería que ella me respondiera, pero se fue antes de que la pudiera obligar. Tío… ¿De qué se trata?

En ese momento sonó el teléfono de la oficina de Dante y él rápidamente contestó. Sean no lo interrumpió, esos momentos de tensión eran valiosos. Dante ya estaba bastante preocupado, lo notaba en el semblante que dejó de ser tan sereno como siempre. ¿Por qué tanto misterio? ¿Qué era lo que le ocultaban?
Dante cortó la llamada y se quedó en silencio, tratando de acomodar las palabras correctas para que el chico no huyera, como era su costumbre.

- Nosotros no somos normales, eso lo sabes.
- Te has encargado de repetírmelo…
- Cállate – Dante interrumpió de tajo a Sean y quedó en silencio – si te voy a explicar quiero que te calles y no hables. – Sean lo siguió con la mirada, era la primera vez que le hablaba así. – nuestra familia proviene de generaciones antiguas, milenarias. Nosotros vivimos con una misión, una función, un propósito. No somos una maldición, ni un accidente, somos el resultado de guardianes, protectores del pueblo.

Sean no pudo evitar sonreír al pensar que sus palabras parecían hacer referencia a un superhéroe.

- Desde el inicio ha existido una guerra entre razas, y no me refiero a razas de humanos, sino a razas que las han querido defender, o matar. Por un lado están los depredadores, seres inmortales que cazan y se alimentan de la sangre de los humanos. Seres que no tienen piedad y que sólo tienen un propósito, sobrevivir a como dé lugar. Para eso usan su fuerza, su instinto y su belleza, para atraer presas. – Hizo una pausa – Eso fue lo que te encontraste en el muelle. Una cazadora, una vampiresa.

El chico bajó la mirada, lo sabía, ella misma se lo había dicho, pero no quería aceptarlo hasta oírlo de viva voz. Se mordió el labio recordándola, tan bella.

- Nosotros somos la raza que protege a los humanos. También somos cazadores, pero nuestros instintos no nos permiten destruir a nuestra gente, nos sirven para eliminar a cualquier amenaza, a aquellos que ponen en riesgo nuestras vidas. Nosotros somos lobos, hombres lobo.
- No, eso no es cierto. A los hombres lobo los muerden para convertirlos y… - abrió los ojos - ¿A nosotros nos van a morder? – preguntó espantado.
- No, a nosotros no nos muerden. Ya te dije que nosotros no somos una maldición como lo hacen ver los cuentos de terror. Nosotros nacemos con el don…
- ¿Don? Eso no puede ser un don. ¿Qué tipo de don puede ser convertirse en una bestia?
- Entiende Sean que esto no es cuestión de ser bestia no. Es una condición que viene de familia, con la misión de proteger.
- ¿Proteger? ¿Qué locura es esa…? ¿A quién…? Yo no… yo no soy eso. – tartamudeaba negándose rotundamente a cualquier cosa, en la cabeza de Sean no podía caber esa idea. – Eso es una condena… - murmuró para si mismo.
- No es una condena, es una bendición. – Sean se tapó el rostro, tantas ideas le vinieron a la cabeza, nada de eso tenía sentido, el más mínimo. Pero entonces ella volvió a su mente y sus palabras resonaron como campana dominical:

“¿Qué sabes de los tuyos?”
“Todos somos capaces de asesinar. La diferencia es el motivo por el cual hacerlo

- Sean, quiero que entiendas algo – dijo si tío regresándolo a la realidad – Esta ciudad, está llena de seres como ellos y como nosotros. Y nuestra misión es terminar con ellos… antes de que lo hagan con nosotros.


Red Wine [Capítulo 2]

Titulo: Red Wine (Vino Rojo)
Capítulo: II
Autor: Vejibra Momiji / Sabrina Knight
Fandom: Original
Reseña: Algunas veces tiene sueños a las cuáles llama pesadillas, porque las imágenes que ahí se recrean son las de un pasado que no sabe que existe.

Capítulo II ~ Whispers in the Dark

Abrió los ojos, eran las 7 PM en punto. El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte y estaba agradecida de sentir como la noche la alimentaba. Con cuidado dio una media vuelta en la cama hecha de sábanas de satín color negro. La habitación era oscura, decorada con uno que otro cuadro de arte moderno con colores rojo, blanco y negro. Las paredes blancas mantenían la tenue iluminación de las luces neón alrededor de la cama. Las cortinas negras, mantenían la luz del sol fuera, como era y suponía que debía ser.

Suspiro, era lo que debía ser, al menos en su mente. Cansada decidió que no quería despertar y volvió a cerrar los ojos, en ese momento la puerta de la habitación se abrió y una figura masculina empezó a caminar rumbo a su cama. Sin mucho ánimo levantó la cabeza y miró al muchacho de cabello y ojos cafés oscuros que la miraba con intensidad.


—¿Qué haces en mi habitación? —susurró, sus ojos verdes/dorados aumentaron el brillo. No tenía ganas de una discusión nocturna—. No tienes permiso de entrar aquí.

—¿Aún sigues molesta, petit? —se sentó a su lado, acariciando su rostro con el dorso de su mano. Ella se negó a tal caricia, moviendo el rostro en la dirección contraria. El joven frunció el ceño, sus ojos cafés tomaron lentamente un tono color vino—. No tienes que por actuar de esa forma.

—Me utilizaste.

—No lo hice, liberé tu naturaleza —intentó volver a acercarse a ella, tomando su mentón y volteando su rostro hacia él, acercando sus labios con suavidad hacia ella—. Todos estos siglos... teníamos que hacer una prueba —intentó besarla pero ella se rehusó.

—Ya hiciste la prueba, ahora quiero descansar.

—No puedes, mon amour —susurró frunciendo el ceño y suspirando cuando ella lo volvió a rechazar. Con cierta molestia se levantó de la cama y la miró—. Tenemos el baile de debutantes está noche.

—¿Cuál baile?

—Tu sabes, fiestas, sangre, algunas víctimas desprevenidas —sonrió—. Lo usual —ella enarcó una ceja. Él la observó unos segundos—. ¿No estás de humor?.

—No realmente

—Aubrey...

—¿Si? —Susurró levantándose de la cama para acercarse a su armario.

—No tienes que actuar de está forma.

—No estoy actuando de ninguna forma, Dominique —susurró, suspirando abrió el gran armario y vio la cantidad de vestidos que se encontraban ahí—. Charlotte irá también.

—Por supuesto, es lo que le gusta —sus labios se curvaron en una sonrisa irónica—. Era lo que usualmente te gustaba —a paso lento Dominique se acercó a ella y la tomó la cintura besando su cuello. Aubrey permaneció inmóvil, como si esperará que algo sucediera.

Las manos del muchacho eran frías, pero denotaban cierto cariño inminente y un deseo posesivo que solo ella sabía que existía. Sus besos lentamente comenzaron a ser más apasionados, recorriendo con sus labios su cuello y su piel.

Sus colmillos se expandieron detrás de su boca masculina. Quería morderla, sin embargo no lo hizo ante la no interacción de la joven la soltó. Aubrey perduró en silencio, mirándolo un segundo con sus ojos color miel. Estaba acostumbrada a la actitud dominante de Dominique, pero ahora estaba cansada.

—Hubieras reaccionado de otra forma, en otro momento.

—No estoy de humor, no ahora.

—Aubrey, petit... —los ojos oscuros del vampiro la miraron unos segundos mientras analizaba su belleza hipnótica. Los ojos casi dorados de nacimiento, el cabello castaño casi rojizo, la piel pálida y la mirada fría; eran características que la hacían deseable ante los ojos de cualquier ser sobre natural.

Solo que era casi libre a los deseos de otros.

—Dominique, Jean Paul te está... ¿Interrumpo algo? —una mujer de ojos azules intensos y cabello negro como la noche entró. Llevaba un vestido ajustado de color rojo y los labios, grandes y carnosos, lucían un tono carmesí. Aubrey se mantuvo en silencio mientras analizaba a la recién llegada. Charlotte era una mujer que a primera vista sería capaz de todo incluso de sus más bajos instintos, pero era una vampiriza deseable y sobre todo sexy.

—No, no estás interrumpiendo nada —susurró Aubrey, y comenzó a desnudarse frente a los dos presentes. Se colocó un vestido negro de seda que daba un brillo intenso a su piel pálida y resaltó sus labios con un labio rojo sangre. Después de acomodarse la ropa miró a los presentes.

Charlotte se encontraba cruzada de brazos en espera de que terminará de arreglarse, mientras Dominique la devoraba con los ojos.

—¿Listo? —preguntó impaciente la vampira de cabello negros. La pareja la miró uno segundos antes de mover la cabeza con prepotencia.

—Si.




No tardaron mucho tiempo en llegar a la cena de gala que se organizaba en el lugar. Uno de los principales exponentes de dicho evento, era una colecta de beneficencia a nombre de una de las familias más importantes de America: los Crawford. Claro estaba que ante los seres humanos, dicha familia era solo un grupo de ricachones al mando de una mujer pelirroja con cierta habilidad en negocios.

Eran ingenuos a la realidad.

—Estoy aburrida —se quejó Charlotte, acomodando su vestido rojo a la par que buscaba con la mirada a Dominique—. No entiendo... porqué siempre nos abandona cuando hay eventos de “caridad”.

—Tiene que aparentar —susurró con seriedad Aubrey mientras sus ojos analizaban a las figuras y escuchaba con atención el latido de los corazones humanos. Había una necesidad imperiosa por alimentarse, y en ese momento eso era peligroso—. Como el resto de nosotros, además... también los humanos están celebrando una “boda” al otro lado del edificio.

—¿En serio? —Charlotte bebió de su copa, analizando el vino rojizo. No era el sabor que ella realmente apreciaba. Sus ojos azules se dirigieron a una pareja que bailaba en medio del salón. Eran un hombre alto de mediana edad junto a una atractiva pelirroja—. Se está debilitando, le cuesta mantenerse en alto.

—¿En serio? —Preguntó con ironía Aubrey, bebiendo de su copa de vino—. Era de suponerse con la edad que tiene.

—¿Esa es una broma? —preguntó la morena sonriendo, sus labios carnosos analizaron a la vampira más joven—. No te gustan este tipo de eventos, ¿no es así?.

—Somos un círculo bastante cerrado... —sonrió con mesura—. Pero realmente cada vez que me encuentro rodeada de humanos, tiendo a... querer...

—¿Alimentarte de ellos? —Charlotte movió sus labios en una mueca—. Si, también me cuesta mantenerme en el oficio pero la noche es joven y... mira a esos dos apuestos caballeros que nos observan en la esquina —Aubrey siguió la dirección que apuntaba el dedo de Charlotte, frunciendo el ceño ante dos hombres –atractivo- que les sonreían y levantaban sus copas.

—Puede ser divertido —tenía una imperiosa necesidad de divertirse, sus ojos dorados se dirigieron a otra figura masculina a varios metros de distancia. Dominique levantó su copa mientras coqueteaba con una muchacha rubia, una jovencita ingenua que posiblemente nadie extrañaría a la mañana siguiente. No obstante ambos podían verse, sentirse mediante sus pensamientos.

Aubrey sonrió. Era momento de cobrarse el hecho de que la hubiera utilizado.



La acorraló en un pasillo, sus ojos cafés denotaban un brillo rojizo intenso. Estaba furioso de la actitud que Aubrey había tomado en la noche, sus miradas se encontraron. Aubrey frunció el ceño.

—¿Por qué? —preguntó en un susurró.

—Tengo todo el derecho de aparentar ser una humana cualquiera, ante los ojos de todos los humanos, soy... una adolescente de dieciséis años —sonrió de lado, provocándolo—. Los hombres estaban atraídos a Charlotte, no valía la pena.

—Hiciste que tuviera celos.

—Estabas con aquella rubia tonta, no tenías razón para sentirte celoso —con frialdad retiró el brazo del joven que bloqueaba su paso—. Estoy aburrida, así que saldré a caminar.

—No es verdad, irás a alimentarte —sus ojos rojizos la escudriñaron por tercera vez en la noche, había un deseo escondido en ellos. Aubrey respondió con su silencio—. Te necesitamos...

—No esta noche —respondió con una sonrisa en sus labios, algo poco usual y definitivamente irregular—. No tengo problema con alimentarme y ¿tú? —Dominique frunció el ceño, soltando su brazo.

—Recuerda volver en la mañana.

—Debería decir lo mismo —respondió ella, sabía de la muchachita rubia que había estado hablando con él. Tenía que darle el crédito Dominique podía ser muy... eficiente si le convenía. En silencio comenzó a caminar alejándose de la vista del vampiro, quién furioso golpeo la pared a su lado.




Era pasada la media noche, cuando la sed comenzó a tomar control. Solía ser bastante racional cuando se trataba de seres humanos, pero su necesidad imponente por alimentarse se estaba haciendo fuerte desde... el último evento que prefería borrar de su memoria.

Los vampiros que habitan el mundo moderno había aprendido a controlar su necesidad de alimentarse por una cordura fatal de aparentar que no necesitaban de ello e integrarse a una sociedad que los creía un mito. Claro que también entre mitos y leyendas podía hallarse la realidad y la frágil línea de una guerra entre razas que se debatía a diario por mantenerse en línea. Claro que con lo sucedido días antes... Aubrey sonrió con melancolía, no sentía remordimiento por las muertes, ni nada similar, incluso había olvidado lo que era temer. Sin embargo odiaba el deseo imperioso de sentirse prisionera en su propio cuerpo. No obstante no lo reflejaba, porque no lo necesitaba.

Pasará lo que pasará. No estaba arrepentida de las muertes que había ocasionado, después de todo para ello había sido creada. Caminado por el muelle, sus ojos dorados pronto se tiñeron de rojo intenso, la sangre oscura que recorría sus venas lentamente le daba vida a su sed. Escuchaba pasos y corazones, mentes que se borraban en su conciencia.

No tenía mucho tiempo. Quería encontrar algo de diversión.


El joven rubio anduvo en la motocicleta toda la tarde y noche. Dejó a Juliet justo a tiempo, sin ningún tipo de percance y ahora se podía dedicar a su actividad favorita: vagar. Juliet le había hecho prometer que iría por ella, pero ella misma sabía que no lo haría, así que ¿para qué cambiar la imagen que tenía de él?.

Se metió por entre las calles y se estacionó frente a la bahía. Dejó la motocicleta y se sentó frente a la fría playa. Su primer pensamiento fue Bridget y el único hasta que se dio cuenta de que era de noche. Aun así no se levantó hasta que llegó un brigadista que lo corrió.

Acostumbrado a dejarse llevar se fue y volvió con la motocicleta con la intensión de perderse. Pero apenas intentó arrancarla se dio cuenta de que le habían robado la gasolina que tenía.

—Que idiotas, mejor se hubieran llevado la moto —se quejó para si mismo. Quitó el seguro y se fue caminando arrastrando la moto consigo... por lo menos hasta la gasolinera más cercana.

Al otro lado de la bahía una figura femenina misteriosa caminaba con lentitud, como si fuera un fantasma entre la no existente niebla. Por alguna razón había recorrido el sitio más de lo que consideraba agradable. Talvez era una forma agradable de ser ella misma además solo quería salir de la vista y del radar de su querida “familia”.

Pronto, una sed ansiosa comenzó a perforar a través de sus venas, llenando su cuerpo con una necesidad hambrienta que no podría controlar. Toda su vida le habían enseñado a ser una asesina y desde los últimos acontecimientos su autocontrol poco a poco se estaba desvaneciendo. Aunque, en el fondo, no consideraba que alguna vez tuvo alguno. Con precaución escuchó los latidos distantes de un par de humanos en el muelle, la figura de aquellos pescadores comenzó a ser más visible bajo sus ojos depredadores.

Su conciencia comenzó a batallar con su instinto. Entre el hambre y la necesidad de estar cuerda inesperadamente volvió a ganar el hambre. Lentamente y con sigiloso movimiento se acercó a los dos hombres hasta encontrarse a pocos pasos de ellos. Cuando vio que uno prendía un cigarrillo curvó sus labios en una mueca indescifrable.

—¿Tienen fuego? —susurró sensualmente mientras sus ojos felinos color dorado se iluminaban. Los hombres la miraron, creían que estaban ganando el premio de sus vidas. Uno de ellos se acercó y Aubrey sonrió, mostrando sus colmillos.





El muchacho rubio trataba de encontrar la gasolinera más cercana mientras llevaba a cuestas su motocicleta. ¿Por qué no la abandonó?. No podía, tenía que mostrar un poco más de responsabilidad en sus acciones. Aunque no fuera cierto.

Ahora tenía que arrastrarla hasta...

De pronto, escuchó un grito. Levantó la mirada y se dio cuenta de muchas cosas: era de noche, estaba caminando entre una calle bastante oscura y a lo lejos parecía que un ladrón estaba haciendo se las suyas. Tenía una de dos: o iba a ayudar a quien se encontraba en problemas o seguía su camino hasta encontrar la dichosa gasolinera.

—¡Demonios! —susurró para si mismo cuando se vio acercándose lentamentea la escena  de donde minutos antes había provenido el grito.

Estaba concentrada en sus acciones, mientras con sus colmillos perforaba el cuello de su víctima ante los ojos atónitos de su compañero, que paralizado por el miedo había comenzando a orinarse.

La sangre cálida circulaba de sus labios hasta su interior, dándole vida a su cuerpo inerte. Era libre cuando se alimentaba... Entonces, escuchó los pasos de alguien que se acercaba sigilosamente. Aturdida, Aubrey tomó del cuello a su segunda víctima e intentó alimentarse de ella, pero la asustada víctima intentó huir, sujetando uno de sus brazos lo quebró en 3 partes mientras movía su cuello a un lado para acabar con él.

Solo le tardó unos segundos en el proceso que le llevo matar a la segunda víctima y mover el cuerpo hacia la dirección contraria aparentando que estaba “huyendo”, hasta que la figura desconocida llegó a si sitio. Con sigilo Aubrey limpió la sangre de sus manos y su boca, dejando el rastro de ropa manchada como una “prueba”, si se trataba de un policía haría sus propios cálculos y sacaría conclusiones de lo que una pobre e inocente criatura como ella podía sufrir a la media noche por un lugar como aquel.

Era una mascara.

Cuando Sean llegó al lugar, no comprendió bien la escena. Las sombras se movían de forma desesperada y cuando al fin se acercó una figura femenina se levantó y otra parecía que estaba huyendo. Se mantuvo un paso atrás, tenía un mal presentimiento.

—¿Se encuentra bien? —logró percatarse que la chica se limpió el rostro, parecía llanto o algo parecido. Ella asintió, pero parecía nerviosa—. ¿Te asaltaron? —volvió a asentir—. ¿Estás bien?

Entonces ella salió de las sombras, su ropa estaba manchada y su cabello revuelto. Pero aun así Sean quedó más embelesado por su bello y fino rostro. Por su parte Aubrey estrecho la mirada, talvez aquel muchacho rubio podía ser más ingenuo de lo que parecía pero su olor no la distraía, era... uno de ellos.

Con suavidad empezó a responder con voz queda como si estuviera tratando de sobreponerse a un shock.

—Si… fue un pequeño... Infortunio —se dio cuenta de que estaba hablando no necesariamente como debería hacerlo—, no paso nada grave.

—¿Estas... estas segura? porqué podemos ir al hospital, está... bueno, no sé que tan lejos esté, pero igual podemos... podemos ir —respondió preocupado pero algo no lo dejaba acercarse a ella. No distinguía ninguno de sus instintos, y al primero que le hizo caso le hizo notar la ropa llena de sangre. La sangre nunca era buena para ellos, era como una invitación a cenar, claro, no humanos. Pero a Sean en especial, la sangre le daba asco—. Tengo mi moto allá, aunque no tiene gasolina, pero igual te puedo ayudar.

Al decir eso fue como una regresión en el tiempo. Se hizo atrás de nuevo alejándose de ella. El mal presentimiento no se iba, pero la necesidad de quedarse tampoco lo dejaba moverse. Aubrey volvió a estrechar las cejas, tenía una extenuarte necesidad por terminar lo que había empezando, pero por ahora, era mejor estar tranquila.

—No es necesario —susurro mientras miraba las facciones tenues del muchacho, era aun joven, bastante, especialmente para alguien de su especie...—, solo necesito descansar, pero todo estará bien, de todos modos, ellos me encontraran.

—¿Ellos? —Preguntó mirando para todas partes, como con la sensación de que alguien lo seguía—, ¿estás en problemas? Lo mejor será que te vayas entonces. —Ella no dejó de fruncir el ceño y negó con la cabeza—. ¿Qué pasa? A lo mejor hay cómplices y te harán más daño, ¡mírate! estas sangrando. Hay que alejarnos. Vente —le extendió la mano, olvidaría la motocicleta y huiría con ella ¿a dónde? A un meollo de problemas, de eso estaba seguro.

Estaba sorprendida, no era del todo común que alguien de su especie le extendiera la mano, ¿acaso se daba cuenta del peligro al que se enfrentaba? talvez no, además en su mente y en sus oídos podía escuchar las voces de los que eran su familia, aún así, miro los ojos del muchacho, que no sabia lo que era para sonrió.

—¿Quieres que vaya contigo? —se mantuvo en silencio mientras movía su cuerpo sigilosamente—. No es nada, ya lo dije antes y lo reitero.

De nuevo su instinto lo aconsejó alejarse de ella, correr. Había hecho lo posible para que estuviera bien, y ella lo había rechazado, ya no podía hacer más. Era hora de correr.

—Insisto... yo no te quiero hacer daño, sólo... me preocupo —Pero nunca le había hecho caso a su instinto.

Ante la insistencia decidió probar hasta que punto podía atreverse el muchacho, y enfrentarse a ella; así que solo lo miro y extendió su mano, suavemente bajando la suya, en la luz alejada que brillaba de algunos edificios aledaños a la bahía, el podía observar la sangre que manchaba sus manos.

—Solo necesito un lugar para limpiarme las manos, el agua... camino al puente hay un lugar —y camino delante de él, aun con la mano sosteniéndolo. Aubrey era peligrosa pero mas peligrosos eran sus familiares que tardeo temprano la encontrarían.

Sean apenas pudo sentir cómo su mano rozaba la suya, porque fue muy rápido el instante en que ella la quitó y se puso delante de él.

—Claro —volteó a ver a una sombra inmóvil y de nuevo se activaron sus malos presagios. "ya basta" se dijo y la siguió. Caminó detrás de ella aun volteando si alguien venía siguiéndolos. Pero también intentaba ocultar la aberración que sentía por ese olor de sangre que ella impregnaba. Ella volteó y él sólo pudo disimular que nada pasaba y sonreír. Caminó hasta alcanzarla y de nuevo sonrió. Ella lo miró de forma extraña, lo puso nervioso—. Por cierto... Me llamo Sean Osman —quiso extender la mano, pero tenía miedo de que ella no la estrechara de nuevo—. ¿Cómo te llamas?

Aubrey se sorprendió un poco, ahora sabia el nombre del extraño muchacho. Le había revelado el nombre de su familia y de su clan. Estrecho la mirada, talvez era demasiado inocente o demasiado estúpido, pero comenzaba a agradarle; miro su mano y observo las manchas de sangre humana, en la oscuridad apego la mano hacia su rostro, lamiendo las manchas de sangre al pasar sus dedos sobre sus labios para limpiarla delicadamente, sin que él se diera cuenta, para después, extenderla...

Tomó su mano unos segundos y después la volvió a soltar, el olor a cobre y muerte aun estaba presente en el ambiente que la rodeaba, dudando unos segundos lo miró con intensidad y finalmente habló.

—Me llamo... —Un auto se detuvo, un deportivo Pigeon de color rojo sangre y sus ojos dorados se desviaron hacia ahí, fue entonces que prestó atención a la figura peligrosa que se aproximaba con un galante caminar sensual. Charlotte no aceptaría su experimento... no aceptaría al chico ni siquiera por curiosidad—. Ven conmigo — susurro tomando su mano y comenzando a correr en dirección hacia el puente Golden Gate.

Fue un jalón que no le dio tiempo a reaccionar.

Ella lo empezó a llevar con una fuerza poco ordinaria para ser sólo una chica. De nuevo volteó y vio una sombra a lo lejos. Pensó inmediatamente en "ellos" y corrió al paso de ella. Si no hubiera estado ocupado pensando a dónde escapar le hubiera extrañado que ambos corrían a una gran velocidad y sin ningún esfuerzo, pero eso no le interesaba, sólo necesitaban huir. Estaban dejando el puente y entraban directamente a los embarcaderos, una parte aun más oscura que la anterior.
Esconderse ahí era un buen plan, ocultarse entre las sombras. Al parecer ella había pensado lo mismo pues rápidamente entraron a una bodega llena sólo de cajas y con un fuerte olor a pescado. Al menos eso ocultaba ya el olor a sangre.

Segundos después Aubrey frunció el ceño, talvez porque no era como solía actuar, pero desde hace muchos siglos que no sabía exactamente lo que era, así que se mantuvo quieta en el silencio. Fueron varios segundos de un mutismo incomodo.

—Aubrey —susurró lánguidamente como si analizara sus palabras con lentitud.

—¿Perdón? —Sean preguntó confundido cuando logró escucharla, pero no entendió bien a qué se refería—. ¡Ah! ¿Ese es tu nombre? Pensé que habías olvidado que te lo pregunté —Aubrey alzó una ceja. Parecía que se estuviera divirtiendo—. Mucho gusto —le quiso extender la mano, pero en ese momento ella lo jaló hacia un pequeño hueco entre las cajas.

Tratando de ocultarlos, Aubrey aún podía sentir la presencia de Charlotte, demasiado cerca. Odiaba esa parte de ella no podía tener ni un minuto de privacidad porque sus dos “guardianes” parecían revolotear como murciélagos en la cabeza del otro, trato de ocultar sus pensamientos, ponerlos en blanco como si no existieran. Ni si quiera se dio cuenta de que tenia al muchacho entre sus brazos o que lo tenia muy cerca de su pecho junto a su ropa manchada de sangre.

El olor a pescado y sangre era penetrante. Sean hubiera disfrutado mucho estar en el pecho de una mujer, de verdad que sí, adoraba cuando su esposa lo acurrucaba en su pecho, pero en ese momento no podía ni aprovecharlo ni disfrutarlo. ¿Qué tipo de rufianes estaban tras de ella? Debía ser algo muy malo porque su rostro no reflejaba nada, era como si se hubiera quedado de piedra.
—Aubrey... ¿pasa algo? —ninguna respuesta. Trato de hacerse a un lado, pero ella era literalmente piedra, no podía separarse de ella.

Aubrey continuó en su estado catatónico hasta que sintió como la presencia asesina de Charlotte comenzaba a desaparecer; entonces con frialdad alejó al muchacho de ella. Lo miro unos segundos y forzó una sonrisa, algo aparente y luego se quedo en silencio.

—No lo sabes, no es así, no siquiera lo sospechas —sonrió, incluso porque era interesante hablar con alguien mas allá de lo que ella era, además quería estar sola y descubrir en que punto podía experimentar ciertas cosas...

—¿Saber qué? —susurró Sean confundido y al fin de pudo hacer caminar hacia atrás. Pero parecía ser que ella lo seguía mirando con burla—. ¿De qué hablas o qué? —abrió los ojos como plato—, ¿tú también eres una ladrona? ¿En realidad tú atacaste a esas personas?.

Se sintió burlado y tonto.

Aubrey abrió los ojos unos segundos, no sabia si reír o continuar aparentando que no era lo que parecía ser, se acercó lentamente y colocó la mano sobre la mejilla del chico para curvar sus labios en una mueca perturbarte pero atractiva a algunos su sonrisa podía parecerles hermosa aunque distante y a otros conforme aplicara emociones o nada al respecto podía ser la risa más cruel que hubiera visto.

—Supongo, que dentro de mí… talvez si soy un ladrón —susurró mientras se alejaba, para salir de aquella bodega, el olor a pescado le desagradaba. El peligro había pasado, por el momento y deseaba algo de aire. El joven la siguió y observaron las luces del puente—. Deberías regresar a casa, no es seguro —mencionó como si se tratara de una madre hacia un niño, considerando que ella tenia unos cuantos siglos de edad más que el muchacho.

Sean enarcó una ceja, pasó de no entender nada a sentirse tonto. Pero en realidad no entendía la actitud de ella.

—Quizás tienes razón —dijo. Ya había olvidado el miedo, pensar que ella era una ladrona lo había decepcionado. Trataba de no mirarla—, pero no me importa que no sea seguro. Si me puedo morir ahora mismo, mucho mejor.

Aubrey lo miró con curiosidad, era extraño escuchar una respuesta como aquella, era el primero de su especie que tenía tan... poco ánimo hacia la vida.

—¿Por qué? —pregunto curiosa como si quisiera comprenderlo, pero era demasiado complicada, demasiado… fría para él—. ¿Por qué quisieras estar muerto? —y talvez demasiado imprudente.

—Porque ya estoy muerto por dentro. Sólo me falta morir físicamente y listo —dijo con ligero sarcasmo—, perdón, tienes razón, lo mejor es que me vaya —se hizo para atrás y ella no se inmutó, miró sus ropas elegantes manchadas—. ¿Qué fue lo que pasó de verdad? ¿Te atacaron o atacaste tú? Por que si fuiste tu quisiera saber cómo pudiste hacerlo...

En un principio Aubrey sintió curiosidad por aquella respuesta, pero pronto la desechó de su cabeza porque poco o nada recordaba lo que estar con vida. En silencio mientras el continuaba hablando miro sus manos un instante.

—¿Qué sabes de los tuyos? —preguntó mientras miraba sus uñas pintadas de negro y manchadas de sangre. Sean la miró confundido, como atontado. Aubrey continuó—. Los tuyos están vivos, aunque quieren estar muertos, es una ironía muy… extravagante, incluso en mi lugar, te aseguro que hace mucho tiempo, se lo que estar muerto — sonrió de forma seductora como si quisiera jugar un juego o como si estuviera poseída por algo que no era ella misma—. ¿Quién es el atacante y quién es la victima, si una niña es violada y en su defensa asesina al violador, entonces… ¿quién es la victima? todos tenemos un poco de ambos, ¿no crees? —por su monólogo iba a asustarlo sin intención alguna, talvez era lo mejor pero el experimento iba a terminar y talvez con el su cordura.

—¿Los míos? —Sean tardó en reaccionar ante la cantidad de palabras que ella había dicho y se dio cuenta de cómo miraba ella sus manos y los pasaba sobre su ropa tratando de encontrar algo fresco.

Su instinto se activó de nuevo: "aléjate" "corre" "huye", pero en lugar de eso él se quedó de pie tratando de conectar cables.
—Todos somos capaces de asesinar. La diferencia es le motivo por el cual hacerlo.

"Corre"

"No, hay algo más en ella"

Miró su sonrisa y sus ojos brillantes. Ella dio un paso a él y él dio el paso atrás. Entro una cierta adrenalina, algo extraño en él, algo que jamás había sentido y que ella lo estaba activando.
—¿Qué eres? —preguntó al no hallarse por si mismo respuesta.

Cuando lo escuchó, Aubrey sonrió, “bingo” pensó y continuó acercándose a él, talvez porque estaba perdiendo la cordura o porque encontraba la situación demasiado divertida, además su familia la estaba buscando y él debía comprender lo que ambos eran.

—Porque no le preguntas al jefe de tu familia —respondió inquisitivamente mostrando en el proceso sus dientes afiliados, algo que no era normal en nadie, y entonces se acercó al joven y extendiendo su mano, tomando su mentón entre sus dedos. Los ojos azules de Sean la miraban, estaba asustado, pero si supiera la magnitud en habilidades talvez hubiera sido mas interesante aquel bizarro encuentro. Entonces, Aubrey subió su mirada y pasó sus labios por su mentón bajándolos hacia su cuello y extendió sus colmillos sobre la piel.

Fue solo un roce, antes de separarse con brusquedad y comenzar a caminar hacia el lado contrario, la brisa marina rozo su rostro pálido mientras sonreía con crueldad.

—Bienvenido a la ciudad de los vampiros —declaró en un susurró que solo ella podría escuchar, mientras se retiraba los tacos negros y extendía sus manos hacia su propia piel arañándola comenzó a alejarse sin decir nada más.

Sean permaneció en su lugar, recordado los segundos anterior donde sintió algo muy parecido al miedo. Había dicho que quería morir y por primera vez parecía que alguien le había respondido. Podía hacerlo, no tenía que adivinar más qué era Aubrey. Se lo había dicho con sus acciones.

Recordó el aliento frío en su cuello cuando de nuevo todo él le pedía que corriera, que se alejara, pero no podía, estaba peleando contra su instinto y su voluntad. Había cerrado los ojos, como esperando que lo matara. Ahí mismo, en ese momento. Pero la forma en que ella lo alejó lo desconcertó. Sin decir mucho pronto ella se fue con una sonrisa en la boca, burlándose de él, de ella misma.

Recuperándose se borró eso parecido al miedo. Y sólo pudo ver que ella había desaparecido entre las sombras, cuando eso sucedió al fin se pudo moverse, y trató de ir tras ella, pero era inútil.

Sintió algo en su barbilla. Sangre, la sangre de sus manos ahora en él. Su corazón se aceleró. Debía encontrarla de nuevo, pero primero regresaría a casa a hablar con Dante.

Le debía explicaciones.




Cuando Aubrey miró la luna en el cielo, lejos ya del puerto de la ciudad; sonrió con placer mientras saboreaba la sangre que había probado del muchacho. Sean, si recordaba bien era su nombre, tenía mucho que aprender de el mundo más siniestro en el que sus razas vivían.

Iba a ser divertido enseñarle.




Continúa.



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